Sophie Auster, solemne y sensual

Sophie con su traje blanco y su teclista/RAY BARAIAZARRA
Sophie con su traje blanco y su teclista / RAY BARAIAZARRA

La hija de los literatos Paul Auster y Siri Hustvedt sedujo y convenció en su papel de cantautora al público sentado y entregado del Auditorio del Museo Marítimo

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Mucho mejor de lo esperado por la mayoría de la audiencia estuvo el concierto que Sophie Auster, la hija de 31 años del escritor Paul Auster, ofreció el domingo al mediodía en el Auditorio del Museo Marítimo. Sophie ofició en dúo, sin afectación ni pose ni autojustificación, sonriendo sincera, cantando con seguridad y facultades y hasta tocando la guitarra ocasionalmente. Qué diferencia con la otra hija de famoso que actuó el fin de semana en Bilbao, Soleá Morente, la mediana del difunto cantaor Enrique Morente, la cual el viernes, al frente de un quinteto de filiación indie, en el Kafe Antzokia se reveló insegura desde la nula presencia escénica hasta el cantar sin facultades, eso que lo disimuló con mantos de coros y efectos microfónicos a lo largo de un pastiche comercial desde las poses de baile hasta el autotune a lo Rosalía.

En contraste, la neoyorquina Sophie Auster supo transmitir y actuar con naturalidad en el Museo Marítimo. No en vano es una 'mocatriz', una modelo, cantante y actriz según la terminología de Ojete Calor, el dúo sintético compuesto por el actor Carlos Areces y Aníbal Gómez de Muchachada Nui que el sábado noche agotó el taquillaje del Kafe Antzokia. Ahí, sobre un escenario desnudo y con fondo musical pregrabado, entre travestismo a lo Las Fellini y la plaga de los monólogos, Areces y Aníbal desplegaron sinvergonzonería y karaoke, versionaron el 'Agapimú' de Ana Belén y navegaron con colchonetas sobre el público, como Rammstein, pero su propuesta musical resultó menos que nula, quizá infame.

A lo que íbamos: Sophie cantó 17 canciones en 70 minutos respaldada por una teclista encargada de un Yamaha Motif XF8 alquilado en Bilbao. Estilizada y elegante con traje de pantalón y chaqueta blanca, con los párpados maquillados con brillantina, Sophie entonó teatral, sostenida y a menudo ululante, revelando una voz educada, solemne y sensual que lo mismo generó ambientes de balada jazz, de blues sinuoso o de gótico de cámara que de soul atemporal y de cabaret onírico. Cantautora que cuida las letras que canta y cuenta, la hija de los escritores Paul Auster y Siri Hustvedt resonó a Basia, a Jeff Buckley, a los Righteous Brothers (ya ven qué capacidad de expansión), a Leonard Cohen, a banda sonora de David Lynch entonada por una crooner femenina, a una Lana del Rey orgánica y hasta a Annie Lennox, a cuyo tono de voz remitió recurrentemente, tanto que hasta llegó a versionarla ('Walking on broken glass').

Con el centenario respetable del Auditorio del Museo Marítimo en su mayor parte sentado en sillas y en su totalidad entregado a su propuesta sentimental y etérea, adscrita a uns fórmula degustable pero a la larga reiterativa, Sophie, concentrada en su papel empero cercana al público (dijo que era su primera visita a Bilbao, habló de tapas, vino y niños contentos por la calle…), en el único momento en que cambió de registro fue para tocar fondo con la canción 'Mexico', la única artificiosa del repertorio, que entrará en la banda sonora de la próxima película de John Turturro (un spinoff de 'El Gran Lebowski'), y se despidió definitivamente cerrando el bis con «una dulce y sencilla canción de amor de Tom Waits», refiriéndose a 'Take me home'. Mucho mejor en directo que en disco, lo cual siempre es un plus.