La voz incisiva de Charenée Wade

La voz incisiva de Charenée Wade
Pedro Urresti

El 42º Getxo Jazz se abrió con una fascinante demostración de jazz vocal en tributo al soulman social y espiritual Gil Scott-Heron

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El miércoles arrancó el 42º Festival Internacional de Jazz de Getxo, el más serio, concentrado y sin concesiones de los tres grandes festivales vascos del ramo. Nos esperan cinco jornadas estimulantes en Algorta, apasionantes incluso. ¡21 conciertos en total! Sepan que ya están agotadas las entradas para el último día, el domingo, con Michel Camilo y Tomatito. Y 700 personas disfrutamos del concierto estelar del miércoles, el servido por la afrovocalista Charenée Wade en tributo a la música del soulman social Gil Scott-Heron (el de 'La revolución no será televisada') y de su productor Brian Jackson.

Charenée Wade, con aires de diva e insistiendo demasiado en la petición de palmas y coros del respetable, que se dejó, bajo la carpa de la plaza Biotz Alai que nos refugió de los chaparrones que tanto ruido provocaban, pilotó un concierto de 8 piezas en 95 minutos en los que se dirigió a nosotros como una predicadora, condujo a su grupo magnífico (el pianista Óscar Pérez le robaba el protagonismo a nada que le aflojara la rienda) y cantó de cine, improvisando y abundando con gracia, finura y recursos en un scat vocal a veces conversacional.

Su intervención cursó levemente menguante, pues arrancó fascinante, pletórica, y acabó únicamente mayúscula. Coltraniana e imperial arrancó con 'Underground Railroad' (del propio Coltrane y precedido por una mayúscula introducción del trío instrumental que la escoltaba), y al acabarla saludó: «Muchas gracias, holaaaaa…», se declaró feliz por estar «in the Basque Country», nos reveló sin venir a cuento las cosas que sabe decir en castellano (cuál es tu nombre, feliz Navidad…), avanzó que iba a presentar su CD 'Offering: The Music of Gil Scott-Heron & Brian Jackson' (Motéma Music, 2015), y presentó a sus músicos, líderes de sus propias bandas según informó ella: el pianista Oscar Pérez de Nueva York, el contrabajista Paul Beaudry de San Francisco, y el baterista Darell Green, de la cercana Oakland, California. Ella es de Brooklyn (y oculta su edad), afirmó que le encanta esta banda de la Costa Este y la Costa Oeste, y cantó 'Offering' con la música flotante y ella incisiva pero espiritual.

Charenée, que se etiqueta como cantante, improvisadora y educadora, a la tercera ya nos pidió palmas y anunció que esa velada iba a sonar una mezcla de jazz funk y soul antes de interpretar 'Home Is Where The Hatred Is', donde consiguió el que público coreara líneas difíciles, incluso con grititos, a lo Bill Cosby o Bobby McFerrin, y tras aclararse la garganta con un destilado que tenía en el piano (¿whisky, ron…?), se puso a entonar con la maestría sofisticada y cálida de Al Jarreau, con el piano retándola y ella respondiendo exacerbada, rebosante. A 'Song Of The Wind' quizá le sobró el solo de batería introductorio, pero ella pudo demostrar su dominio de las divas clásicas como Sarah Vaughan, y cerró la parte mayestática, arrobadora, con la quinta pieza, 'Essex', abierta con dramatismo culto (el contrabajo con el arco) y dotada de trazos blues a lo Dee Dee Bridgewater.

La Wade, en el fondo orgullosa, había mostrado todas sus cartas, todos sus trucos al micrófono y todo su amplio rango de facultades, y ya hasta el final nos dejamos llevar con aires góspel ('A Toast To The People', dedicada a aquellos que habían dado su vida por la libertad y la justicia, como presentó, con palmas de la gente y un solo de contrabajo a modo de prólogo; «qué bonita… ¿una más? Ok, ayúdame», dijo en castellano al acabarla), nos pidió chasquear los dedos en 'The vulture (your soul and mine)', también de aires Dee Dee, y ante la insistencia del público concedió un bis, no sin antes pedir a cambio que cantáramos, cómo no (ye-yés africanos en este caso), y versionó 'The Creator Has A Masterplan', popular por Pharoah Sanders pero compuesta por el cantante de jazz Leon Thomas, e interpretada por Charenée con la solvencia que la caracteriza. Al acabar, como anunció un par de veces, ya estaba vendiendo CDs, firmándolos y hasta haciéndose selfies con el público, a partir de ayer fan de Charenée.