Gloryhammer, euforia en el pecho

El vocalista suizo Thomas L. Winkler con la Maza de la Gloria. /CARLOS Gª AZPIAZU
El vocalista suizo Thomas L. Winkler con la Maza de la Gloria. / CARLOS Gª AZPIAZU

Divertido, enfático y sinfónico el show de power metal que los britano-suizos expusieron el lunes en una sala Stage Live cuyos parroquianos coreaban puño en alto: hoots-hoots, oe-oe-oé, y glo-ri-ja-mer.

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Planazo para el lunes por la tarde-noche en la sala Stage Live con una caravana metálica internacional capitaneada por los britano-suizos Gloryhammer y completada por los suecos Civil War más los ingleses Dendera, que dispusieron de peores condiciones técnicas (de sonido y, más evidentemente, luces). Sin ningún tipo de complejos, Gloryhammer desplegaron un concierto de power metal (heavy sinfónico, para entendernos todos) tan lúdico y divertido que no dudaron de reírse de sí mismos: cuando el cantante exhibía el martillo, la maza gigantesca, cuando el bajista Hootsman bebía cervezas de trago, cuando el guitarrista soltó un discurso con la voz fantasmagóricamente trucada…

¿Quiénes son Gloryhammer?

Thomas Winkler (voz):
Angus McFife, Príncipe de la Corona de Dundee, Heredero del Reino de Fife.
Christopher Bowes (teclas, guitarra, fundador y jefe en la sombra):
Zargothrax, Hechicero Negro de Auchtermuchty.
Paul Templing (guitarra):
Ser Proletius, Gran Maestro de los Caballeros Templarios de Crail.
James Cartwright (bajo):
Hootsman, Guerrero Bárbaro de Unst.
Ben Turk (batería):
Ralathor, el Misterioso Ermitaño de Cowdenbeath.

¡Hasta su técnico de sonido iba ataviado como un ermitaño vagabundo! Y así, disfrazados con ropajes de saldo, en plan 'La vida de Brian' en un futuro 'Mad Max' con peste, Gloryhammer, gestados en Escocia en 2010 y en la gira de divulgación de su reválida, 'Space 1992: Rise of the Chaos Wizards' (2015), expelieron exultantes y profesionales un repertorio de 14 temas en 86 minutos, incluyendo los saludos finales, el brindis con ellos rodillas en tierra, la coronación del bajista Hoots y la despedida con los Status Quo y su 'Rockin' All Over The World'. Ya nos caían bien de antes, pero si reivindican a los Status es para triturarles con abrazos.

Despedida de los cinco personajes con su logotipo detrás.
Despedida de los cinco personajes con su logotipo detrás. / CARLOS Gª AZPIAZU

Oficiaron liderados por su pillo vocalista suizo de 32 años Thomas L. Winkler, quien nos llamaba 'mis amigos', ponía caritas, esgrimía la maza, con ella atacó a una especia de monstruo cheposo que apareció en escena en el único momento así de teatral, e impulsaba los gritos tribales del rendido respetable indígena muy masculino, en parte juvenil y totalmente entregado, lo cual se percibía desde los gritos de guerra 'hoots-hoot's con los brazos alzados del gentío hasta el culturista que se deleitaba haciendo 'air guitar' con una guitarra hinchable.

El telón de foro con su logotipo se veía un poco bajo por mor de la altura del techo del local, el sonido parecía insuperable (se quejó el fotógrafo Azpiazu: «Llevan muchas partes grabadas, por eso suena tan perfecto, pero a mí eso…»; ya, se surtían de coros y arreglos sinfónicos enlatados, pero bien empastados, no como los de Sabaton), la luminotecnia revelaba lo que sucedía en escena, Gloryhammer, y desplegaron afán, habilidad y entusiasmo de principio a fin. Salieron uno a uno los cinco a escena entre ovaciones de las únicamente 150 personas presentes (pocas, y quien dudara en acudir ya estará arrepentido) y abrieron disparando 'Rise of the Chaos Wizards', una andanada power metal que desarbolaría a Helloween. La peña elevó sus coros en la cabalgada 'Legend of the Astral Hammer', con baile coreografiando una pelea a cargo del frontman suizo, y espléndida sin más les quedó 'Goblin King of the Darkstorm Galaxy', con la aparatosidad clásica de Stratovarious, un empaque y empuje que deberían envidiar nuestros admirados valencianos Gigatrón, y el premio de un espectador que gritó 'oso ondo'.

El bajista Hoots, querido por la afición, que grita su nombre.
El bajista Hoots, querido por la afición, que grita su nombre. / CARLOS Gª AZPIAZU

Tras el pasaje del 'Así habló Zaratustra' con el jefe teclista a la guitarra solista, apretaron el acelerador en la sardónica 'The Hollywood Hootsman', dedicada a su ufano y bebedor bajista, que lucía un estética estupenda de pastor vikingo con tantos adornos de piel, melena rubicunda y perilla en trenza. 'Victorious Eagle Warfare' resonó a Iron Maiden barraqueros (por los teclados), 'Universe on Fire' fue muy AOR (y se le notó el playback subterráneo de las voces a Thomas), 'Heroes (Of Dundee)' resultó sencillamente aplastante (acabó y la parroquia bilbaína se puso a corear 'oé-oe-oé' para solaz del suizo), y cerraron con 'Apocalypse 1992'.

El público se puso nervioso antes de que reaparecieran para el bis: el culturista de la guitarra hinchable agredió con ella a su compañero musculitos y la masa coreó 'glo-ri-ja-mer, glo-ri-ja-mer…'. Salieron de nuevo los cinco metaleros apocalípticos y en un bis cuádruple no tan enloquecedor y basado en su primer álbum, 'Tales from the Kingdom of Fife' (2013), recordaron a los Maiden en el enfático y sinfónico 'The Unicorn Invasion of Dundee', fueron épicos en 'Quest for the Hammer of Glory' (con los sostenidos del estupendo cantante que es Thomas) y sinfónicos en 'Magic Dragon' (en cuya introducción preguntó el suizo: «¿Cuántos habéis venido en coche?, ¿cuántos habéis venido en tren? Imagino que el resto habréis venido a caballo. Pues yo he venido a lomos de un 'Dragón mágico'», presumió), y acabaron con 'Angus McFife', el apodo del cantante. Jo, el día después aún no se nos ha quitado la sonrisa de la cara ni la sensación de euforia en el pecho.

Galáctico videoclip de su canción 'Rise Of The Chaos Wizards'

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