'Basque Selfie' y la fiesta sin fin de Korrontzi

Agus, Leturia y el gaitero Óscar Ibáñez./Pedro Urresti
Agus, Leturia y el gaitero Óscar Ibáñez. / Pedro Urresti

El cuarteto trikitilari de Agus Barandiaran pre-estrenó en exclusiva y a lo grande en el 34º Getxo Folk la banda sonora de la película con la que participará en el Festival de Cine de San Sebastián

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El diverso 34º Festival Internacional de Folk de Getxo dio el pistoletazo de salida con una primicia, un concierto único que no se volverá a celebrar: el de los trikitilaris vizcaínos Korrontzi preestrenando la banda sonora de la película 'Basque Selfie' con la Orquesta Ciudad de Pamplona más invitados y cuerpo de baile, el Oinkari Dantza Taldea guipuzcoano. El filme se estrenará en el Festival de Cine de San Sebastián el 21 de septiembre, y este jueves por fin pudimos ver el tráiler bajo la carpa de la Plaza de la Estación de Las Arenas, un tráiler que reveló la lucha que dio el propio Agus Barandiaran, el líder de Korrontzi devenido actor, por preservar el caserío familiar, de 500 años, y que fue derruido para construir una carretera.

El gran encuentro melómano y festivo cursó tal como avanzó en el introito el historiador Alberto Santana: «Será un concierto de música tradicional vasca surgida de las romerías populares y de las tabernas, pero con el sonido moderno de Korrontzi y el arropamiento de lujo que aporta la orquesta». Y añadió: «Es la segunda mejor banda sonora de la historia, después de la de la película 'El violinista en el tejado', compuesta por John Williams». En efecto, la orquesta navarra, dirigida y arreglada por Xabier Zabala, emitió sonoridades suntuosas y evocadoras, supeditadas a las imágenes (en la pantalla de fondo se veían desde drones verdes campas y mar embravecido), una orquesta que además participó bien integrada con el cuarteto base de Korrontzi.

En efecto, la del jueves se trató de una cita moderna por numerosas razones: la voz a veces saliéndose del perímetro melódico del folk vasco, las influencias globales célticas que daban pinceladas de neoromería (en varias ocasiones evocamos a La Bottine Souriante canadiense), el txistu increíblemente mutante del invitado Garikoitz Mendizabal (¡llegó a sonar a jazz latino!), los aires étnicos del guitarrista y del percusionista de Korrontzi (por cierto, la base rítmica de bajo y batería tiene carrera en el campos del jazz), vaharadas de clara vinculación con Kepa Junkera que generaban palmas rítmicas espontáneas entre el respetable, los movimientos contemporáneos a lo Kukai del cuerpo de baile…

Pero no dejó de ser una fiesta vasca de principio a fin, con las danzas en escena, las palmas entre las sillas, las espirales sónicas, la intervención de tres gigantes y el par de ocasiones en que Agus bajó a tocar su triki entre el público escoltado por el panderetero Leturia, un Letu feliz de la vida que nada más salir al gran tablado se ganó a la carpa sólo con su sonrisa. En total, sonaron unas 18 piezas en casi dos horas (116 minutos de concierto, más un cuarto de hora de prólogo con el tráiler, la presentación…). Por el principio hubo ciertos desajustes (de sonido, debidos al poco tamaño, altura, brillo y contraste de la pantalla, y de coordinación en la única explosión de confeti, que llegó con un par de segundos de demora), pero no tardó en ecualizarse la gran cita, que se oyó estupendamente y en general evolucionó creciente aunque lastrada por bastantes parones en modo de presentaciones, cambios de escena o piezas más lentas que rompían el clima (pero siempre sirven para que los músicos recuperen fuelle).

Con los miembros de la orquesta vestidos de negro y los cuatro miembros de Korrontzi de blanco, con la gente de Getxo entregada de principio a fin (silbidos, ovaciones, las palmas que no dejaron de chocar…), este jueves libamos sonoridades rupturistas (la triki algo Toots Thielemans en 'Meñakoz', el mentado solo jazzístico txistulari en 'Aitxitxe murkurrunduko', las percusiones de 'Isukitzeko aldian'…), respeto a los mayores (el oskorriano 'Urarte', los fandangos borrascosos con Leturia y el tercer invitado, el gaitero gallego Oscar Ibáñez…), atisbos de virtuosismo de grupo y orquesta ('Xoxua'), algún momento mágico (el vals flotante con los gigantes de 'Panderotxoa'), y los varios finales apoteósicos y junkerianos sumando orquesta, baile, grupo, invitados, gigantes, etc. ('Maltzeta', 'Sardos K'…).

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