CORREMOS... CORREMOS MUCHO

No nos conformamos, no conseguimos estar a gusto, incluso queremos cambiar lo que ya somos, porque nunca nos parece suficiente. ¿Suficiente para qué? ¿Suficiente para quién?

CORREMOS... CORREMOS MUCHO
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Olatz Barbarias
OLATZ BARBARIAS

Vamos de aquí para allá, pensando en lo que hicimos ayer, o en lo que tendremos que hacer mañana. Nos perdemos entre el pasado y el futuro, olvidando el presente. Y vamos buscando más: hacer más, tener más, llegar a más, correr más, crecer más, ser más. Otorgándole un sentido abstracto a esas palabras, en el que por falta de límites nos perdemos.

Y mientras tanto, mientras más queremos, se disparan los latidos, aumenta la presión en el pecho, el hambre y el sueño se alteran, aparecen las naúseas o mareos, la concentración se vuelve difícil, y el estado de alerta se dispara.

Quizá reconozcas algunos de estos síntomas. Puede que hasta los hayas normalizado diciéndote a ti mismo que «es algo normal que terminará pasando». Y sí, en ocasiones disminuye a temporadas, pero el estado de ansiedad al que nos encontramos sometidos en muchas ocasiones no es, cuanto menos, saludable.

No nos conformamos, no conseguimos estar a gusto, incluso queremos cambiar lo que ya somos, porque nunca nos parece suficiente. ¿Suficiente para qué? ¿Suficiente para quién? Como si tuviésemos que demostrar algo a alguien.

Y es que cada vez que nos pedimos ser más, nos estamos recordando a nosotros mismos que somos menos, sin darnos cuenta que puede que eso no sea un buen trato hacia nosotros mismos. Por ello, quizá sea el momento de plantearte todo lo que ya eres, en vez de seguir exigiéndote ser lo que no eres todavía.

Si reconoces algunos de estos síntomas en ti (o en alguna persona de tu alrededor), puede ser de ayuda hacer instrospección y preguntarte por qué necesitas llegar a más, cual es la razón de tu sed continua. Quizá también te pueda ayudar hacer una lista con métodos de distracción, realizar ejercicio físico, practicar la respiración diafragmática, dormir y comer bien, realizar ejercicios de relajación, practicar meditación o mindfulness, escribir tus emociones, intentar no ser tan exigente contigo mismo, y acudir a profesionales de la psicología.