Bizkaia avanza en la recuperación de envases en su lucha contra la invasión del plástico

Un cliente de un centro comercial de Leioa carga la compra en el maletero del coche/Luis Ángel Gómez
Un cliente de un centro comercial de Leioa carga la compra en el maletero del coche / Luis Ángel Gómez

La ciudadanía depositó el año pasado 18.000 toneladas de residuos en el contenedor amarillo y otras 9.000 se recogieron de la TMB. Sólo son el 25% de los envoltorios, bolsas y recipientes, según Greenpeace

Eva Molano
EVA MOLANO

Desde que sale el sol, toda nuestra vida está impregnada de plásticos. Cada día y desde hace 70 años, cuando se popularizó su uso, los vizcaínos generamos toneladas de residuos de un material fabricado de derivados del petróleo y otros compuestos capaz de seguir contaminando el planeta incluso cuando nuestros nietos ya no estén. Artículos cotidianos consumidos de forma masiva, como los botellines de agua, tardan un milenio en degradarse. Desde la pasta de dientes, hasta el champú, pasando por las crema antiarrugas, el zumo del desayuno, el café de la máquina de la oficina hasta las ensaladas de los supermercados o el embutido, todos los productos con los que estamos en permanente contacto están envueltos en este material, que también se encuentra en nuestras casas, los automóviles, las tarjetas de crédito, los teléfonos...

Las imágenes de tortugas atrapadas y ballenas con el estómago reventado de basura han despertado conciencias, pero lo cierto es que a día de hoy se producen 350 millones de toneladas de plásticos al año, de las que apenas se reciclan el 10%. Hasta 12 millones terminan en el mar. La mayoría de residuos se hunden y otros se dividen en microplásticos. Matan miles de animales al año y se filtran a la cadena alimentaria a través del pescado y la sal de mesa, por ejemplo. Las aves del Golfo de Vizcaya se los comen. Las limpiezas que diversos colectivos realizan en la costa ponen de manifiesto que el plástico no es solo un problema en las lejanas costas de Asia, donde ni siquiera hay infraestructuras básicas pero se produce la mitad de este material.

¿Se nos ha ido de las manos este invento tan práctico? Cada vez son más las voces que claman contra su abuso y el uso irresponsable que la mayor parte de la humanidad realiza de envases y envoltorios. El tercer mundo carece de sistemas apropiados para gestionar estos residuos pero nadie impide su comercialización. También aquí, en Bizkaia, se abusa del plástico, aunque ya se cobra por las bolsas, y la Unión Europea quiere prohibir los de un solo uso a partir del 2021.

La Diputación sostiene que no hay datos del volumen de envases y bolsas que cada año se ponen a la venta en nuestro territorio. Lo que sí ha constatado es que se viene produciendo un incremento de los residuos que generamos desde que comenzara la recuperación. Se consume más, también plásticos, pero también crece el número de envases depositados en el contenedor amarillo.

«Cada año recogemos mil toneladas más que el anterior», expone el director de Garbiker, la empresa foral gestora de residuos, Josu Bilbao. En 2018, en los cerca de 6.500 recipientes para envases que salpican el territorio se depositaron más de 18.100 toneladas, que la Diputación trató en la planta BPZ de Amorebieta, donde fueron clasificados en siete tipos.

El 20% de todo este material no se recicló, por ser impropios o plásticos inservibles, y se dirigió para su valorización a Zabalgarbi. El proceso no siempre es fácil: los tetrabriks son más difíciles de reciclar que las botellas al estar compuestos por tres materiales que hay que separar: aluminio, film y cartón. Pero volvamos a los envases ya clasificados. El material se devolvió a Ecoembes, la empresa formada por las productoras y envasadoras que se encarga de gestionar los residuos del contenedor amarillo de toda España, donde funciona el SIG (sistema integrado de gestión), por el que cada consumidor paga un poco por cada envase para afrontar su recuperación. Luego, esta empresa lo puso en manos de firmas recicladoras que tienen por objeto su transformación.

Además, en la planta de tratamiento mecánico biológico de Artigas, a donde van a parar parte de la fracción resto (lo que se tira junto al contenedor gris) antes de ir a Zabalgarbi se recuperaron otras 9.000 toneladas de envases que se devolvieron a Ecoembes. No se envió ni un solo kilo a los vertederos vizcaínos, asegura Bilbao. El volumen total de plásticos que se revalorizó en Zabalgarbi es una incógnita, así como cuántos de nuestros plásticos han terminado en el monte o en el mar. Y eso que en Bizkaia hay un sistema de gestión que desata la admiración de otros países.

Modelo de negocio

Aun así, el consumo masivo provocó que la avalancha de residuos plásticos alcanzase los 2,4 millones de toneladas en España en 2017, según un informe de Cicloplast, una asociación del sector para impulsar el reciclaje. El 41% se enviaron a plantas de recuperación. Otro 39% terminó en vertederos y un 20% en centros de revalorización. En total, se pusieron en circulación casi 1,2 millones de toneladas de envases - como 60.000 ballenas como la que apareció varada en Sopela juntas-. Cicloplast situó la tasa de reciclaje de los mismos en un 48% (571.000 toneladas), mientras que Ecoembes la eleva hasta el 70%. Nuestra provincia forma parte de la segunda comunidad en la que más utilizamos el contenedor amarillo, donde depositamos 14,6 kilogramos por vasco. Pero las plataformas ecologistas hacen hincapié en que la mayor parte del plástico acaba enterrado, quemado o en la naturaleza.

Greenpeace asegura que solo el 25% de los envases se recuperan, lo que considera catastrófico. Además, «se nos hace creer que con reciclar se soluciona todo y se culpa al ciudadano» de no hacerlo, «para no acabar con el modelo de negocio de usar y tirar y perpetuar los millonarios beneficios de la industria que está contaminando el planeta», explica la responsable de la campaña de plásticos de Greenpeace, Alba García. Su último informe, 'Reciclar no es suficiente', asegura que parte de materiales plásticos reutilizados se venden en Asia.

China los compraba hasta el año pasado y ahora naciones como Malasia han recogido el testigo. España sería el octavo principal exportador, según datos que la ONG ha recogido. Se sabe cómo acabará la mayoría. El parlamentario vasco de Equo Joserra Becerra alerta de que «el plástico es necesario para determinados usos y prescindible para otros. Pero si las reservas de petróleo se agotan, nos quedaremos sin todos los tipos de plástico. Los que necesitamos y los que no».

En su contexto

14,6
kilos de envases por habitante se reciclan en Euskadi, según la ONG de la industria del sector (Cicloplast), que asegura que España es uno de los países más avanzados en el reciclaje de este material. Se enviaron al contenedor amarillo el 48% de los envases: 571.900 toneladas.
2,4 millones de toneladas
de residuos plásticos se produjeron en todo el país en 2017. Se reciclaron un millón de toneladas, el 41% del total.
El 59% se incinera o se envía a vertederos
España recicla el 41% de sus residuos plásticos (no solo envases). Otro 59% se trasladan a plantas incineradoras, donde se obtiene energía de su combustión, o van a vertederos. En las plantas termina el 20% de la producción y en los basureros, el 39%.

8 bolsas en un día

EL CORREO acudió a realizar compras cotidianas para un solo día. Gastamos 8 bolsas y bolsitas. Toda la compra cabía en un saco de supermercado.
Panadería.
Una bolsa (5 céntimos) para pan y bollería.
Frutería.
3 bolsas ligeras para meter plátanos, manzanas y tomates con guantes de plástico. Después nos dieron otra bolsa (5 céntimos) para llevarlos juntos y una última para una lechuga de roble.
Supermercado.
Otras dos bolsas (10 céntimos cada una). Champú, desodorante , dentífrico, humus, hamburguesas vegetales, aceite, arroz, leche, zumo y papel higiénico, todo viene envuelto.

«El problema de la basura no es del material, es de educación», defiende el sector

Cicloplast, una entidad sin ánimo de lucro creada hace más de 20 años por los industriales de plásticos, productores y transformadores para impulsar el reciclado, colabora con la Administración en la sensibilización y con empresas en la investigación de nuevos productos con material reciclado. Como es lógico, está en contra de la «demonización» de este material y quieren promover su consumo responsable y su reciclaje por la «multitud de ventajas y aplicaciones que tiene» en nuestra vida. La culpa de la contaminación no la tiene el plástico, esgrimen sus responsables, sino las personas. Además, quieren desterrar otros mitos: recalcan que el 55% del que se fabrica se destina a aplicaciones de larga duración, como la automoción. La entidad defiende mejorar la gestión de residuos y también de depuración de aguas y comenzar a estudiar la posibilidad de imponer multas «por comportamientos incívicos». La directora, Isabel Goyena, apunta que «los primeros interesados en prevenir y reducir el litter (la basura en el medio) somos el sector y una de las principales claves es la educación. Es un problema global de actitud, no del material y si éste se sustituye por otro, sucederá lo mismo». Cicloplast apoyó la campaña 'No culpes a los plásticos'. En ella recordaron que las envolturas alargan la vida de los alimentos por sus propiedades para conservarlos, reduciendo el despilfarro, permiten ahorrar emisiones en el transporte por su ligereza y agua en los sistemas de riego, hacen posible el aislamiento de las viviendas, tienen aplicaciones en medicina y su fabricación supone «solo entre el 4% y el 6% del consumo de petróleo y gas en Europa».

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