Un museo que no quiere perder su tren

Kepa Elejoste posa en los andenes de Atxuri. Abajo, junto a la locomotora 'Izarra', en Abando / SERGIO GARCÍA

Los Amigos del Ferrocarril proponen a Euskotren trasladar su «colección única» a la estación de Atxuri

Sergio García
SERGIO GARCÍA

No es aventurado pensar que a Kepa Lejoste le regalaran antes un Ibertren que la bicicleta. Aunque podría haber sido una locomotora de verdad, ya que su padre era propietario de varias minas de hierro y carbón e inoculó a su hijo una pasión desaforada por todo lo que se mueve sobre raíles, la misma que le llevó a él a fundar la asociación Amigos del Ferrocarril de Bilbao hace ahora 60 años. A Kepa -traje azul de línea impecable, cartera de cuero negro y un bigote níveo que le da un aire a archiduque austrohúngaro- su afición le consume y es ahora, cuando ese Bilbao de la modernidad se abre paso a golpe de titular y galardones internacionales, que reivindica aquel otro 'botxo' pasado por agua, el de los altos hornos, el cielo gris, el olor a óxido y, sobre todo, los trenes que por decenas, cientos, entraban y salían entre nubes de vapor, chirridos estridentes y un bosque de catenarias.

«Siete estaciones de tren llegó a tener esta ciudad a finales del siglo XIX: Abando, San Agustín, Atxuri, La Aduana, La Naja, Las Calzadas y La Concordia», enumera con la soltura de un maestro de escuela mientras da la espalda a la de Atxuri, remodelada en 1912 por Manuel María Smith, el arquitecto del Carlton, en estilo neovasco. Es aquí donde Kepa se ha propuesto dar cuerpo a su sueño, que es también el de la asociación Amigos del Ferrocarril que él preside: convertir la estación en un museo.

Sus planes no son ningún disparate, y menos ahora, que los convoyes de San Sebastián se desvían a la Línea 3, como ocurrirá con los que llegan de Bermeo después del verano. «Queremos dar un uso al edificio, compatible con el estudio de viabilidad en el que trabaja la ingeniería Idom para llevar desde aquí el tranvía a Bolueta y de allí a Etxebarri». Es por este motivo que la asociación ha iniciado contactos con Euskotren, la sociedad pública creada para operar las líneas de ferrocarril de ancho métrico en Euskadi.

AL DETALLE

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estaciones llegó a tener Bilbao a finales del siglo XIX: Abando (la más antigua), San Agustín (antes un convento y ahora la ampliación del Consistorio), Atxuri, la de Aduanas (en la calle Esperanza), La Naja (el tren que iba a Portugalete), la de Las Calzadas (Bilbao-Lezama) y La Concordia (hogar del ferrocarril de La Robla). Por no hablar del Funicular de Artxanda, el tranvía de Bilbao...
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son los Amigos del Ferrocarril de Bilbao, la asociación que dirige Kepa Lejoste. Están en la calle Bailén, 1 después de que el proyecto de remodelación de la playa de vías de Abando les obligara a abandonar la que hasta ahora era su sede, en la calle Particular del Norte. El patrimonio que conservan incluye desde locomotoras y convoyes, hasta uniformes, faroles, planos o maquetas.

Su interés está justificado. La asociación dispone de un patrimonio expositivo «único» pero cubierto de polvo, entregado a la acción corrosiva del tiempo y al abandono. Una situación que no puede sino empeorar ahora que los Amigos del Ferrocarril, empujados por el proyecto de remodelación de la playa de vías de Abando y el futuro soterramiento del TAV, han tenido que abandonar su sede en Particular del Norte para trasladarse a la calle Bailén, donde el ya pequeño espacio del que disponían se ha reducido a la mitad y sus fondos se amontonan sin orden ni concierto.

«Lo que no cabe, se cede»

Faroles, máquinas expendedoras, uniformes, relojes, compostores (utensilio para fechar los billetes), planos originales de locomotoras y, por supuesto, maquetas. Hasta el mobiliario del despacho de un jefe de estación. Un viaje al pasado más sugerente, como extraído de las páginas de una novela de Agatha Christie. Y eso por no hablar del patrimonio con mayúsculas. Suya es, por ejemplo, la locomotora 'Izarra' que da la bienvenida a Bilbao y con la que se inauguró la estación de Abando hace ya 155 años. Mustia, anclada a la intemperie y necesitada de una capa de pintura, nadie imaginaría que tiene una gemela en Covent Garden, Londres, cuidada con esmero y deslumbrante. O la 'Guipúzcoa', con sus coches de 1º y 2º clase, además del coche-salón, rescatada del desguace y restaurada en 1967, que yace bajo tierra en una vía muerta cuya ubicación se reservan para que no sea objeto de ataques vandálicos. O el remolque belga 'Fabiolo' y el automotor francés 'Billard', ambos en el depósito de Balmaseda.

Otros no tuvieron esa 'suerte', como el TER que languidecía en las vías externas de la estación de Abando, refugio frecuente de vagabundos, que fue pasto de las llamas en noviembre de 2014. El temor a que esta situación se repita ha llevado a los Amigos del Ferrocarril a desperdigar su patrimonio por toda España, desde Monforte de Lemos y Gijón hasta Azpeitia, mediante contratos de cesión temporal. «Lo que no cabe, se cede; no hay más remedio si queremos que sobreviva. Fuera de aquí estas cosas se cuidan. Imagínese el reclamo turístico que sería poner a circular una locomotora a vapor con sus coches de madera junto al Guggenheim, el epítome de la modernidad», desliza Emiliano Sordo, tesorero de la asociación.

Bilbao es tierra de plusmarcas, como gusta recordar a sus vecinos, pero pocos saben que aquí está la vía ferroviaria de ancho métrico más larga de Europa, la que conectaba con La Robla. Una línea que sólo tenía en cuenta las cuencas mineras porque abastecía a la industria del acero, no las poblaciones (por eso no pasaba por ninguna importante, con la salvedad de Cistierna, Mataporquera y Balmaseda). Elejoste se niega a que este pasado se diluya y no cesa en su intento de convencer a Euskotren de sus buenas intenciones. «Sólo queremos que esta riqueza no se malogre, cederla para que ocupe el escenario que le corresponde. Una máquina de vapor debe estar a cielo abierto, Atxuri es perfecto. Ni siquiera hablo de un museo, puede ser un centro de interpretación, porque el País Vasco ya tiene uno en Azpeitia donde se conservan 40 convoyes, y ni podemos competir con él ni queremos herir susceptibilidades. Bastante se habla ya del canibalismo de Bilbao», sostiene, en un intento por no echar más carbón al fuego.

 

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