Un control de seguridad de máximo nivel con tiradores de élite y un helicóptero

La Ertzaintza vigila las inmediaciones de San Mamés./Ignacio Pérez
La Ertzaintza vigila las inmediaciones de San Mamés. / Ignacio Pérez

Numerosos agentes de la Ertzaintza y de la Policía Municipal se desplegaron en torno al estadio y en las calles colindantes, blindadas con vallas de hormigón

Ainhoa De las Heras
AINHOA DE LAS HERAS

La presencia de los máximos responsables policiales de la Ertzaintza y la Guardia Urbana de Bilbao evidenciaba ayer la importancia del dispositivo instalado alrededor de un evento de repercusión global al que se esperaba una asistencia de 35.000 personas en el estadio. Los dos cuerpos desplegaron un control de seguridad sin precedentes para blindar el concierto estrella de la MTV. Hoy, el dispositivo será asimismo de máximo nivel para proteger la gala en el BEC, que será retransmitida a más de 150 un público potencial de 500 millones de personas.

Antes de las cinco de la tarde -el concierto empezaba a las 19.30 horas-, la Policía autonómica ya había cerrado el paso de vehículos en las calles Luis Briñas, Alameda de Urquijo y Felipe Serrate. En los accesos peatonales eran visibles también las medianas provisionales de hormigón destinadas a impedir que un vehículo pudiera invadir la acera. La alerta antiterrorista era de nivel 4.

Pese al despliegue, el ambiente se respiraba expectante, sí, pero por el espectáculo que aguardaba de puertas adentro del estadio. En la azotea de San Mamés eran visibles dos tiradores de élite de la Unidad de Intervención. Miraban hacia la multitud, que se desenvolvió con absoluta normalidad entre el perímetro de seguridad y los filtros de entrada. Hubo altas dosis de paciencia: apenas pudo oirse alguna queja por las esperas para cruzar las vallas de control o los arcos de detección mientras los miembros del equipo de seguridad inspeccioaban que nadie portaba botellas u otros objetos prohibidos entre la ropa. Nadie pudo entrar con mochila o bolsos de dimensiones superiores a una cuartilla de papel. Tampoco se permitió introducir comida, bebida, palos de selfi o dispositivos profesionales de grabación. Pero nadie se quejó. «La billetera, la documentación, el móvil y las llaves de casa», decía un joven, ilusionado

La Policía Municipal tuvo que llamar la atención a algunos grupos de jóvenes sentados en las aceras mientras apuraban bebidas debido al peligro que suponían en caso de una hipotética avalancha.