Joseba Segura, un obispo de la cantera

Poco después de su regreso a Euskadi, Segura tomó las riendas de la parroquia de los santos Justo y Pastor, en Otxarkoaga./jordi alemany
Poco después de su regreso a Euskadi, Segura tomó las riendas de la parroquia de los santos Justo y Pastor, en Otxarkoaga. / jordi alemany

Con su nombramiento como prelado auxiliar, el Vaticano salda una deuda histórica con la iglesia de Bizkaia

Pedro Ontoso
PEDRO ONTOSO

El salto ha sido de vértigo. En 1998 Joseba Segura era el 'secretario' que asistía a Juan María Uriarte, entonces obispo de Zamora en circunstancias complejas, en la logística secreta para sentar en la misma mesa a los dirigentes de ETA y a los representantes del Gobierno de Aznar tras la tregua de Lizarra. Fue la primera de una larga lista de encomiendas para conseguir el fin de la violencia en Euskadi, siempre con el aval de sus jefes y el conocimiento de los responsables de la curia vaticana. Veinte años después, aquel sacerdote que vivía a caballo entre Rekalde y Zeanuri ha sido nombrado por la Santa Sede obispo auxiliar de Bilbao en lo que puede ser el comienzo de una prometedora carrera eclesiástica, n. Tiene quince años por delante.

¿Qué ha pasado en esas dos décadas para que Joseba se convierta en monseñor Segura? En los años duros del terrorismo la 'doctrina Uriarte' estaba en el discurso dominante de la Iglesia vasca. Y era un pensamiento que chirriaba en algunas esferas. Esa 'marca' también contaminaba a los miembros del círculo de confianza de quien fue un carismático obispo auxiliar de Bilbao y titular de San Sebastián, con mucho mando en ambas plazas. A Segura se le etiquetó como uno de 'los hombres de Uriarte', lo que en determinadas instancias eclesiásticas (madrileñas y romanas) era sinónimo de sospecha, por la cercanía de aquel grupo a la identidad más vasquista. Eso suponía un freno para la promoción episcopal. El clero vasco sufría porque nunca se atendía sus propuestas para el relevo de obispos. Lo que se conocía como 'grupo de Uriarte' se ha ido diluyendo. Ya es pasado. Y el obispo emérito ha podido ver cómo, por fin, uno de los suyos llega al episcopado.

Se le etiquetó como uno de 'los hombres de Uriarte', lo que en algunas instancias era sinónimo de sospecha

Pacifista declarado

Ajeno a los movimientos tácticos del poder eclesiástico, Joseba Segura amplió su formación en Moral Social y en gestión económica, mientras ejercía como un declarado pacifista. Su papel en las conversaciones previas al encuentro entre los enviados de Aznar y de ETA en Suiza fue muy importante, aunque siempre estuvo en la sombra. Tras el fracaso de aquella cita fue requerido para nuevas tareas facilitadoras entre la banda terrorista y los mediadores internacionales que desembarcaron en Euskadi. Hasta enero de 2006. En la Epifanía de aquel fatídico año, en el que se rompió la trabajada tregua de ETA con el atentado en la terminal de Barajas, Segura abandonó Euskadi y viajó a Ecuador.

En un principio partió con planes para una estancia corta, pero se alargó casi doce años. Conocidas sus dotes de organización y tras su experiencia en la pastoral social, Segura fue enviado para recomponer la estructura de Cáritas. Primero estuvo en Quito y luego en Riobamba. Y su labor fue más allá de lo que se le demandaba. El episcopado ecuatoriano no regatea elogios a su aportación a la red de protección a los más desfavorecidos. Esas referencias llegaron hasta Mario Iceta, obispo titular de Bilbao, que vio la necesidad de recuperar su talento para la diócesis vizcaína. Regresó en el verano de 2017.

Su vuelta no pasó desapercibida, porque pronto se enroló en la maquinaria diocesana. Le asignaron la parroquia de los santos Justo y Pastor, en el barrio de Otxarkoaga. Al poco tiempo se produjo el terrible suceso protagonizado por tres jóvenes, que se saldó con el homicidio de una pareja de ancianos del barrio. Segura predicó una homilía muy elaborada. Tuvo eco. Siempre se ha tomado muy en serio su trabajo. Las puertas de su pequeño estudio han estado abiertas desde entonces a todos los que han querido hablar con él. Y han sido muchos. Acababa de llegar, pero no era un recién llegado.

Era una señal de que mantenía su prestigio sobre el clero. Una señal que pronto se certificó. En la consulta entre los organismos diocesanos para nombrar al vicario general (tras la salida del histórico Angel María Unzueta) su nombre apareció en todas las vicarías y por delante de otros. Y con diferencia. Podía ser una bisagra entre las distintas sensibilidades. Monseñor Iceta tomó nota.

En 2017 el obispo de Bilbao planteó en Roma la necesidad de contar con un auxiliar, un cargo sin cubrir desde que él mismo relevó a Ricardo Blázquez. El Vaticano lo aceptó en menos de un año. En la misa crismal del Jueves Santo de 2018 Iceta anunció la noticia, justo al mismo tiempo que daba cuenta del nombramiento de Segura como vicario general, 'número dos' de la diócesis. No pocos relacionaron ambos hechos y se dispararon las quinielas. Si los curas y los organismos le apoyaban y estaba claro que tenía una sólida formación y, además, había demostrado dotes para el gobierno parecía claro que era el candidato ideal. Iceta consultó con sus colaboradores más cercanos lo mismo que el Vaticano, que utilizó sus propias antenas. Se daba por hecho que en la terna que llegó a la Santa Sede el nombre de Joseba Segura figuraba el primero. «Si en Roma tienen sentido común no habrá sorpresas», comentó en privado una alta dignidad eclesiástica. En efecto, no ha habido sorpresas y primó el sentido común.

En 2006, cuando se rompió la trabajada tregua de ETA, abandonó Euskadi y viajó a Ecuador

Visión abierta y progresista

Sí es verdad que existían algunas incógnitas porque en círculos eclesiales había fuerzas adversas que podrían hacer descarrilar el proyecto. Segura proviene de una Iglesia que apostó por el Concilio Vaticano II con una visión abierta y progresista, y se le etiquetaba con la 'línea Uriarte', que seguía despertando un rechazo en algunos sectores. Pero Mario Iceta, que cada vez tiene más clá en la Iglesia española como presidente de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida, le ha apadrinado en Roma. Sabe que es una persona valiosa y que no va a generar rechazo, porque se formó en el seminario diocesano de Bilbao. Es de casa. Es de la cantera. A diferencia del propio Iceta o de los obispos de San Sebastián (José Ignacio Munilla) o Vitoria (Juan Carlos Elizalde), que lo han hecho fuera de sus respectivas diócesis. En las misas, los sacerdotes ya solicitan en las preces oraciones por él.

En su primera comparecencia pública, Joseba Segura apareció con clergyman. Era blanco como el que se utiliza en Ecuador. La gente se había acostumbrado a verle con camisa de leñador, pedaleando sobre una bici o en el metro. Esa liturgia tan formal es a lo que más le costará acostumbrarse mientras continúa en la parroquia de Otxarkoaga, junto a un fraile capuchino y dos jóvenes presbíteros, uno negro y el otro salvadoreño. La Iglesia vizcaína ha cambiado y Segura lo sabe. La ceremonia de consagración, el próximo 6 de abril, será muy concelebrada, y monseñor Uriarte estará en primera línea. Por fin, el Vaticano se reconcilia con su gente.

Un Evangelio social con acento pacifista

Nacido en el seno de una familia muy religiosa, con larga tradición al servicio de la Iglesia, Joseba Segura ingresó con 17 años en el seminario. Tenía una vocación clara. Y madera de líder, como pronto pudieron comprobar sus compañeros, algunos con cierto peso eclesiástico ahora. Era una generación muy bien formada intelectualmente, un rasgo de los sacerdotes y religiosos vascos. Se licenció en Psicología y se doctoró en Teología en la Universidad de Deusto, pero lo suyo eran los pobres. El postgrado lo orientó a la Doctrina Social y se especializó en Moral Social, ampliando sus estudios en Boston. La red de asistencia a los desfavorecidos fue lo que más le llamó la atención, pero pronto subió peldaños. Fue delegado episcopal de Cáritas y delegado de Pastoral Social. Con un máster en Economía también aportó su talento a la banca ética.

El pensamiento pacifista tampoco le ha sido ajeno. De hecho, su tesis doctoral la centró en los documentos pastorales que los episcopados produjeron en tiempos de la 'guerra fría'. Ha escrito ensayos sobre la cuestión del desarme, la disuasión nuclear o el equilibrio del terror en la seguridad de Occidente, siempre desde la perspectiva de la justicia y muy crítico con la violencia.

Euskadi sufría ya los zarpazos de ETA. Cuando el Gobierno de Aznar y la dirección de la organización terrorista se reunieron en Suiza en 1999 con la mediación de monseñor Uriarte, el obispo le enroló en la operación. Fue una labor discreta, pero muy eficaz. Siempre desde la cocina. Y con absoluta lealtad a Ricardo Blázquez, entonces obispo titular de Bilbao, que también se implicó en los años siguientes. Sus conocimientos en Psicología le sirvieron para navegar en aquellas procelosas aguas en unos años en los que la Iglesia se tuvo que mojar. Luego buscó oxígeno en tierras de misión.