¿Qué fue de Miguel Temprano?

Miguel Temprano, con el cielo de Madrid al fondo, en una autofoto./
Miguel Temprano, con el cielo de Madrid al fondo, en una autofoto.

«El corazón que trabajábamos antes ya no existe. Se ha difumidado. Se ha diluido. Se hacen programas con tendencia al reality», afirma el periodista

M. F. ANTUÑA

Sabe mejor que nadie que en el amor y en la guerra todo vale. De padre asturiano (de La Felguera) y madre vasca, a Miguel Temprano (Madrid, 1964) se le agría voz y torna vehemente cuando habla de los tiempos que corren en la prensa del corazón. Alejado de la primera línea de la pantalla, trabaja en una serie de televisión sobre la guerra de Yugoslavia y sigue centrado en reportajes relacionados con las fuerzas de seguridad del Estado.

Empezamos en rosa. Así que dio su primer beso y tuvo su primer amor en Gijón.

Sí, señor. Era divertídisimo llegar en verano y estar casi dos meses y medio en Gijón. Cogías el Carmen de Somió, el Carmín de la Pola, Quintes... Todo el día en San Lorenzo y la playa de España. Eran los veranos de pandilla de toda la vida, tomando sidra en Somió, en el Jardín, el Tik... Y sí, en Gijón me enamoré y di mi primer beso. No voy a decir la pecadora.

¿Y luego qué?

Seguí yendo hasta que acabé la carrera e hice la mili. Empecé con 16 años a hacer surf y a partir de que tuve carné de conducir, dejé Gijon como centro de operaciones y pasaba mucho tiempo en Salinas. En cuanto aprobaba me iba para el Norte en buscar del eterno verano: playa, surf, sidra, chicas... No me lo he pasado mejor en mi vida. Con 25 años me casé y dejé de ir, luego lo recuperé cuando me divorcié. Iba con mi furgoneta, mis tablas, hacía la vida del caracol, solo iba a casa de mis padres a ducharme. Hasta dejé un amor platónico. Me enamoré de una amiga de toda la vida y me fui. No pudo ser.

¿Y ahora qué pasa?

Me volví a casar, y me fui a Tarifa. Cambié el Norte por el Sur.

¿Qué es de su vida? Hace tiempo que no se le ve en televisión.

Sigo siendo aquel, no he cambiado. Soy un tío radical, que le gusta su trabajo, que se entrega. Una vez que trabajas en televisión de cara al público la gente piensa que si no sales en pantalla estás muerto y no es así, hay mucho trabajo detrás de las cámaras.

Y usted lleva años volcado con reportajes de defensa.

Sí, Legión, Policía, Guardia Civil, Guardia Real...

¿Qué pasa con el corazón?

El corazón que trabajábamos antes ya no existe. Se ha difumidado. Se ha diluido. Se hacen programas con tendencia al reality y con presencia de esos personajes o pseudopersonajes. Es otro tipo de televisión, no es el corazón de 'Sabor a ti'.

¿Si el vídeo mató a la estrella de la radio, Instagram mató al paparazzi?

¡Qué va! Instagram es la cosa más hortera que he visto en mi vida. Lo usan para reventar exclusivas los personajes que odian que les persigan. Se fastidian muchos trabajos, pero no ha acabado con los paparazzi. Hay mucha gente con cámara, pero paparazzi no tantos. Es gente que sabe trabajar sin que se le vea, que no molesta al famoso. Eso sigue existiendo.

¿Algún famoso favorito?

Ahora mismo no me caen bien. Estoy decepcionado. Me quedan algunos amigos contados con los dedos. Y tampoco me gusta la palabra famoso, a mí me dicen que soy famoso, y no, yo soy periodista. Un famoso es Alejandro Sanz, pero los personajes que funcionan hoy en día la mitad no han hecho nada. Se mezclan los conceptos de famoso y personaje.

Defensa y corazón puede parecer contradictorio. ¿Por qué no lo es?

Tu puedes operarle el pecho a Madonna y a la frutera del barrio y sigues siendo un buen cirujano. Los periodistas nos dedicamos a buscar noticias, trabajarlas y servirlas al público. Cuando estoy con un posado para una revista estoy disfrutando igual que con la Legión en Afganistán. Son facetas diferentes.

¿Qué le duele de esta otra faceta?

Que aquí no puedes ser amigo de la Policía, la Guardia Civil o la Legión, porque eres un facha. Y yo no tengo problema en decir que soy parte de la familia legionaria, gente estupenda.

¿Más campos de minas en el mundo rosa o en el verde?

Son dos guerrillas totalmente diferentes. Una es la guerra y otra la guerrilla urbana. Corres más peligro a veces en un plató de televisión que en Afganistán. La nobleza y el compañerismo que te encuentras entre militares es impresionante.

¿Cuáles son esos amigos que se cuentan con los dedos de la mano?

Óscar Lozano, María Suelves, Elsa Anka...

Usted tiene una vida como para escribir sus memorias.

Tengo unas memorias. Las dejé de escribir porque me dio miedo. Se titulan 'Sobresalto'.

¿Sobresalto?

Sí, porque te sobresaltabas con todo lo que escribí ahí.

¿Mucho secreto de estado?

Alguno que otro hay.

¿Vale más por lo que calla que por lo cuenta?

Es que no basta con saber las cosas, hay que poder demostrarlas.

Alguna cosilla confesable.

Con la duquesa de Alba me pasaron historias muy divertidas. También hay otras complicadas. Será el día que me retire, lo ponga todo a nombre de mi hija y me convierta en insolvente, cuando publique las memorias. Y si tengo que ir a la cárcel podré escribir otro libro de cómo se vive allí.

Un nombre, una palabra: Lequio.

Traición.

Mar Flores.

Ambición.

La duquesa de Alba

Nobleza.

Belén Esteban.

Desagradecida.

Carmina Ordóñez.

Divina.

Añada usted otro nombre.

Eugenia Martínez de Irujo. Le tengo que pedir perdón. Y se lo voy a pedir públicamente aquí por una cosa que hice de la que me arrepiento.

¿Se arrepiente de muchas cosas?

Me arrepiento cuando le fallo a un amigo.

¿Y de algún reportaje?

Si no lo hubiera hecho yo lo habría hecho otro.

¿Y ahora qué?

Estoy trabajando en un proyecto de una serie para televisión sobre la antigua Yugoslavia.

¿Delante de la pantalla le veremos?

Tristemente no tengo dónde. No me llaman. Son modas.

En resumen: ¿se lo ha pasado bien?

¡Que te cagas! He conocido medio mundo, me he tenido que buscar la vida, he estado en los mejores hoteles... Esas experiencias no me las quita nadie.