«Es culpa nuestra lo que dijo Dijsselbloem de que gastamos el dinero en alcohol y mujeres»

Juan María Nin, en la escalera de la Fundación Rafael del Pino, donde se realizó la entrevista. /
Juan María Nin, en la escalera de la Fundación Rafael del Pino, donde se realizó la entrevista.

Muy crítico con quienes atacan al Banco de España, admite que la reputación de la banca «siempre ha estado en entredicho»

AMPARO ESTRADA

Juan María Nin (Barcelona, 1953) ha sido vicepresidente y consejero delegado de Caixabank. Conoce como pocos el sector financiero español, en el que lleva más de 30 años y donde ha ocupado puestos de alta dirección en La Caixa, Sabadell, Banco Santander, Banco Central e Hispano Americano. También ha sido consejero de Cepsa, Gas Natural y Repsol. En la actualidad mantiene su vínculo con la banca como consejero de Société Générale, aunque descarta volver a puestos ejecutivos. Acaba de publicar Por un crecimiento racional (Deusto), un libro que califica como «ideológico, de valores, europeo y que va en contra de muchas cosas para provocar la reflexión». No es por casualidad que acabe su libro con este pequeño chiste: «Dios probablemente creó el mundo como privado y el hombre lo hizo público».

- ¿Se va a repetir la crisis que hemos sufrido?

- Las causas estructurales de la crisis se están corrigiendo. En 2008, dejar hacer a la crisis hubiera sido muy duro políticamente. Se sustituye por otro tipo de gestión más cómoda políticamente, no digo que sea mejor o peor, que es darle cuerda al sistema con una política monetaria extrema y ganar tiempo. Es en esa ganancia de tiempo donde la política americana empieza a tomar decisiones y lo hace bien. Hay que ver ahora si los gobiernos, además de haber capitalizado el sistema financiero, toman decisiones de fondo que corrijan desviaciones, malas prácticas y malas gestiones.

- ¿Qué decisiones se tienen que tomar?

- Terminar de capitalizar el sistema financiero, Italia y Alemania todavía tienen que dar pasos en este sentido, y que la economía real sea menos dependiente de la financiación bancaria. Debemos recuperar el largo plazo, eso supone una financiación de las empresas a base de capital y ahorro. Además, las entidades financieras europeas tendrán que ganar tamaño con fusiones transfronterizas, aunque es pronto todavía. Mientras tengamos dudas sobre el nivel de capitalización del sector financiero de algunos países es muy difícil que alguien se atreva a hacer una fusión transfronteriza.

- ¿En España tiene que haber más fusiones?

- Creo que en el futuro es posible que sobre una parte de la estructura tradicional por el cambio de comportamiento de los clientes y la necesidad de incorporar la innovación tecnológica y la robotización. Y la forma más eficaz y rápida para sustituirlo por sistemas más productivos son las fusiones. Para que haya fusiones tenemos que terminar de hacer la digestión de la última crisis.

- Hablamos de fusiones pero son absorciones.

- Exacto. Las fusiones no existen, son absorciones. Lo dice alguien que ha estado en todas las reestructuraciones, las de las cajas y los bancos.

- La reputación de la banca está bajo mínimos ¿Se lo han ganado a pulso las entidades financieras?

- Creo que la reputación de la banca, como negocio, siempre ha estado en entredicho. Y sí, se lo han ganado a pulso algunos, pero no se puede extender la patología a los que lo han hecho bien. Desde el Renacimiento italiano hasta ahora cada vez que el sistema financiero ha fallado se ha marcado una diferencia con otros sectores que han caído porque el sistema político ha tenido que salvar a la banca. Porque si caía la banca caía todo. Cuando hay una crisis y la ciudadanía ve que se acude en socorro de algunas entidades, eso produce un daño moral que afecta a la reputación del sistema financiero en general. Cuando titulares de preferentes o subordinadas necesitan dinero público porque se les han vendido mal determinados productos, el error de algunos es una mancha de reputación que se extiende a todos. En esta crisis han fallado muchos porque la banca ha gestionado mal las dos burbujas previas.

Un bonus de tiempo

- ¿Se han tomado las medidas que había que tomar?

- Estamos atrapados en unas medidas extraordinarias que nos han dado un bonus de tiempo. La corrección ha empezado por el sector financiero, que es lo que disparó la crisis. Hay que recuperar niveles de exigencia de capital, de liquidez, de regulación, de supervisión, que no se deberían haber perdido nunca. Ha sido una crisis profunda de valores y de cimientos económicos. Ahora que va a haber una regulación mucho más exigente terminaremos viendo, ya lo empezamos a ver, cómo se paga por que alguien te guarde un depósito.

- ¿Qué le parecen los Presupuestos del Estado para 2017?

- Sin haberlos examinado, sí puedo decir que estamos en un fin de ciclo donde lo que toca son ingresos. El debate debe estar en cómo vamos a ingresar más.

- ¿Subiendo impuestos?

- No, desde luego que no. Se trata de cómo introducimos un crecimiento que con una fiscalidad razonable produzca unos ingresos superiores que permitan en primer lugar reducir la deuda. Es igual que en el ámbito empresarial, no se plantean primero los costes sino qué vamos a hacer para crecer en ingresos y luego ya decidiremos cómo los gastamos.

- El objetivo es reducir la deuda.

- Primero gastar mejor en lo que sea necesario y productivo. Y reducir el déficit para hacer el nivel de endeudamiento soportable. Porque la fiesta se paga. Ahora tenemos un bonus de tiempo; los intereses están artificialmente bajos, pero la fiesta se termina pagando y lo que es intolerable y un riesgo moral es hacer pagar la fiesta a las siguientes generaciones.

- ¿Cómo ve la situación política en España?

- Estamos cometiendo un error grave devaluando el prestigio que España había alcanzado en todo el mundo tras la transición democrática y el crecimiento institucional. Es culpa nuestra que un ministro holandés, que es una persona cabal y competente, haya dicho algo tan grave como que los países del Sur nos hemos gastado el dinero en alcohol y mujeres. El ataque despiadado político a nuestras instituciones y a las personas es una agresión general al país que terminará siendo una agresión a los ciudadanos. Es como si te pegaras un tiro en la cabeza. En un mundo de alta competición donde todos los países que nos rodean están orgullosos de lo que hacen y son respetuosos con las instituciones y las personas, la generalización que se hace en España conduce a estas declaraciones. Ahora sale el holandés y te dice lo que te dice por culpa nuestra. ¿Dónde se ha visto un país que demonice y que extienda la porquería que afecta a unos cuantos a todos, que renuncie al prestigio y que se autodestruya? En ningún sitio del mundo se hace esto.

- ¿Se refiere a las acusaciones contra el Banco de España?

- Es suicida. Es de imbéciles. Ni los italianos ni los alemanes, que están donde están, han dicho nada de su banco central. Yo estoy indignado con lo que estamos haciendo en España.

 

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