La volcánica música de Islandia

Kælan Mikla./
Kælan Mikla.

¿Cómo puede ser que un país de trescientos mil habitantes tenga una escena tan rica? Björk, Sigur Rós, Of Monsters And Men y Sólstafir se llevan la fama, pero por debajo surgen constantemente multitud de proyectos interesantes

CARLOS BENITO

A efectos de población, Islandia viene a ser como La Rioja: allí arriba viven poco más de trescientas mil personas, pero de algún modo misterioso se las arreglan para sostener una escena musical inabarcable e inquieta, en la que conviven unos cuantos proyectos de fama mundial con un vivero activísimo de nuevos grupos, que muchas veces comparten miembros hasta dar la impresión de que hay más bandas que habitantes. Parece mentira si reparamos en lo reducido del censo, pero un oyente podría pasarse el resto de su vida escuchando exclusivamente música islandesa. Y, seguramente, no llegaría a aburrirse, porque los artistas del país nórdico suelen cultivar la admirable costumbre de llevar las cosas al extremo: si buscan crear belleza, logran dan forma a un preciosismo capaz de dejar con la boca abierta; si lo suyo es la dureza, acometen los instrumentos con furor de vikingos sedientos de venganza; y, en fin, si lo que se pretende es cierto aire de modernidad, en Islandia abunda una tendencia casi temeraria a la extravagancia más colorista.

De vez en cuando, algún nombre salta el Atlántico y consigue fama a mayor o menor nivel en el resto del mundo, según una tradición que inauguraron hace treinta años The Sugarcubes. De aquel grupo tan cautivador como desconcertante salió la megaestrella Björk, mascarón de proa de una escena que va de Sigur Rós a Ólafur Arnalds, de Sólstafir a Múm, de Of Monsters And Men a Jóhann Jóhannsson. Pero, por debajo de esos nombres más ilustres, los creadores de la isla siguen multiplicando sus actividades como si se hubiesen apuntado a un concurso de productividad musical. A modo de pequeña muestra, nos detendremos en cinco representantes de estilos diversos, todos ellos con referencias editadas este mismo año. Eso sí, a menudo lo más difícil es recordar los nombres al cabo de cinco minutos.

Pascal Pinon: 'Orange'

Las mellizas Ásthildur y Jófríður Ákadóttir (y vayan acostumbrándose a la edh islandesa, esa bonita letra que parece una de cargada con una cruz) grabaron su primer álbum cuando solo tenían 14 años. Ahora van por el tercero, 'Suldur', pero siguen fieles a su estilo poético, tristón y minimalista, con arreglos delicados, largos pasajes instrumentales y un estilo vocal que lo mismo remite a CocoRosie que a Björk. Orange, por ejemplo, está basada en la progresión de acordes de una pieza de Brahms, según han admitido las dos hermanas. Pascal Pinon han competido para entrar en esta minilista con Samaris, el proyecto paralelo de Jófríður, una exitosa aleación de electrónica y clarinete que también va por su tercer disco.

Dauðyflin: 'Drukknið Í Skít'

Vienen a ser el extremo opuesto de Pascal Pinon. Las canciones de Dauðyflin supuran ira desde una perspectiva feminista, según explicaban ellas mismas en una entrevista con 'Maximum Rocknroll': «Hablan sobre el odio, son fantasías sobre destrozar físicamente el patriarcado». El acompañamiento sonoro responde a esas expectativas líricas a base de hardcore punk crudo, hosco y visceral, sin respiros ni sutilezas. Pitchfork ha elegido su EP de debut como uno de los mejores discos de «underground garage rock» en lo que va de año y, quizá lo más sorprendente, Dauðyflin estuvieron tocando por aquí en verano, con paradas en el Putzuzulo de Zarautz y el Villatruño logroñés.

Almyrkvi: 'Shrouded In Blinding Light'

Como buen país nórdico, Islandia cuenta con una escena de black metal atestada de proyectos que entrecruzan una y otra vez sus formaciones, en una especie de loca fiebre combinatoria. Entre los más conocidos figuran Svartidauði, Misþyrming (cuyo álbum de debut fue aclamado por la crítica el año pasado) o Sinmara, pero vamos a detenernos en un proyecto paralelo de estos últimos: Almyrkvi (que, según dicen, significa 'eclipse solar' o, simplemente, 'oscuridad absoluta') es una de esas bandas de un solo componente tan abundantes en este tenebroso inframundo. Garðar S. Jónsson, guitarrista de Sinmara, se ha especializado aquí en un black metal atmosférico de asunto cósmico, con resultados que podríamos calificar de agradables. Quienes busquen emociones un poco más fuertes pueden catar, por ejemplo, a Martröð.

Kælan Mikla: 'Kalt'

A lo mejor se han dado cuenta de la notoria mayoría de mujeres en nuestra selección de bandas, con una proporción que se disparará hasta extremos aplastantes cuando lleguemos al final: parece evidente que la escena islandesa, como el país mismo, no entiende mucho de discriminación por razón de sexo. Kælan Mikla (que traducen por ahí como 'el gran frío') son tres chicas que se autoetiquetan como 'poesía punk, ya que su punto de partida son unos textos oscuros y arrebatados con los que ganaron un prestigioso concurso poético de Reikiavik. Pero no teman prolijas parrafadas de cantautor: sus versos dan contenido a atmosféricos temas de dark wave gótica, marcados por la voz punzante e intensa de la vocalista Laufey Soffía Þórsdóttir. Este verano han editado su primer álbum.

Reykjavíkurdætur: 'Tista'

Las 'Hijas de Reikiavik' son un colectivo femenino, variable y multitudinario, de entre doce y veinte personas, que se ha convertido en el proyecto más conocido del boyante hip hop islandés. Más allá de esas canciones a las que dan forma en sus tumultuosas reuniones semanales, buena parte de su fama se debe a la imagen chocante y provocadora que suelen ofrecer en sus directos: lo mismo aparecen ataviadas con monos color carne, para dar la falsa sensación de que están desnudas, que van y se medio desnudan de verdad, como hicieron al final de su inolvidable concierto del último FIB. En el vídeo de 'Tista', la pegadiza canción que editaron el pasado verano, todas ellas salen debidamente vestidas, pero algo en su actitud no acaba de hacerlo totalmente 'safe for work.