Cruz Roja ha atendido a 5.450 migrantes este verano en Euskadi y prevé que «siga» el flujo

El perfil del migrante es el de un varón de entre 18 y 35 años. /Lobo Altuna
El perfil del migrante es el de un varón de entre 18 y 35 años. / Lobo Altuna

Las entidades que trabajan en la acogida en Bizkaia no esperan un descenso de las llegadas «mientras tengamos buen tiempo»

JESÚS J. HERNÁNDEZ

Desde el pasado 20 de junio, Cruz Roja Euskadi ha atendido a 5.450 migrantes en tránsito, la mayor parte de ellos en Bizkaia. La entidad advierte de que el flujo de llegadas no se ha reducido en el territorio histórico. Valen de poco las medias matemáticas -450 subsaharianos han pasado cada semana por el País Vasco, unos 65 al día - ante este fenómeno. «Puede llegar el lunes un autobús con 70 personas, el martes nadie y el miércoles una quincena», explican fuentes de la ONG. Lo que tienen claro es que, al menos en Bizkaia, el aluvión no ha cesado. «Aquí repercute de forma directa lo que sucede en El Estrecho. Estos días han llegado seis pateras y una parte de ese grupo seguramente pasará por aquí», avanzan. Su estimación es que las cifras no experimentarán un descenso «hasta octubre». El auténtico grifo regulador en la frontera sur de la península es la meteorología. «Mientras haya buen tiempo, seguirán cruzando al mismo ritmo». Sólo en Gipuzkoa parece haber descendido el número «de forma notable», según expresó ayer el alcalde de San Sebastián, Eneko Goia.

El perfil de los migrantes en tránsito que han pasado por el País Vasco este verano es el de un varón joven, de entre 18 y 35 años, que proviene de Mali, Senegal, Costa de Marfil y Guinea Conacry fundamentalmente. En cuanto logran tocar la costa andaluza -la mayoría lo hace en patera-, se dirigen al norte. Renuncian al apoyo humanitario que les brinda Cruz Roja en el sur y continúan un viaje que casi siempre tiene como destino final Francia. Euskadi y Cataluña son paradas habituales para estas aves de paso, pero el colapso vivido en Barcelona en los últimos meses ha convertido Bilbao en su gran objetivo. Suelen llegar de madrugada a la estación de Termibus, con idénticas ropas oscuras, en autobuses de línea. Sólo un 5% de ellos, según las estimaciones de Cruz Roja, opta finalmente por quedarse entre nosotros.

Las instituciones vascas han intentado dar respuesta al aluvión migratorio. El Gobierno vasco, diputaciones y ayuntamientos impulsaron en julio la apertura de tres albergues en Bilbao, San Sebastián, Vitoria e Irún. Estos equipamientos gestionados por Cruz Roja, que suman más de 200 camas, estaban pensados para 48 horas, pero la realidad obligó a alargar el plazo hasta los cinco días. A mediados de agosto comenzaron a detectarse mujeres embarazadas o con hijos pequeños. Fue entonces cuando, desde el Gobierno vasco, se decidió crear un recurso específico para este colectivo vulnerable, donde incluyeron también a las personas enfermas que no podían continuar su viaje. El portavoz del Gobierno vasco, Josu Erkoreka, anunció su inminente apertura la semana pasada. De hecho, está ya en funcionamiento en el albergue Olakueta de Berriz. Son unas instalaciones de la Fundación EDE, donde trabaja la asociación Suspergintza. Allí la estancia máxima puede alargarse algunas semanas más y, a diferencia del resto de centros, se permite pasar el día en su interior. Está adaptado a las dificultades especificas de quienes son derivados allí, que son siempre personas en tránsito. No se descartan futuras aperturas de centros similares en otros territorios históricos.

Una cita esperada

Este viernes se celebrará en Bilbao una reunión entre la Red de Acogida -que en las últimas semanas ha atendido a centenares de migrantes en los barrios de la capital vizcaína- y los responsables municipales, forales y del Gobierno vasco. Esta cita era una exigencia recurrente entre los colectivos que han prestado ayuda a los refugiados en los últimos meses. Allí reclamarán «una acogida a los migrantes y refugiados integral, digna y de calidad».

Una portavoz de la asociación, María Viadero, señaló que «durante este verano, aunque ya pasaba antes, han estado llegando personas y las instituciones no han dado una respuesta adecuada. La ciudadanía nos hemos visto en la obligación de atender a quienes estaban en la calle». También destacó que «esta respuesta solidaria se ha combinado, en todo momento, con la exigencia a las instituciones de que asuman su responsabilidad tanto con las personas en tránsito como con los solicitantes de protección internacional y con quienes se van a quedar más tiempo en nuestros barrios». A su juicio, la cobertura institucional ha resultado «insuficiente».

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