Todos contra Aburto, o Aburto contra todos

El antes. Firma unánime del Pacto por la Seguridad/PEDRO URRESTI
El antes. Firma unánime del Pacto por la Seguridad / PEDRO URRESTI

Las relaciones se enconan en el Ayuntamiento, donde la oposición se une contra la «soberbia» del alcalde, mientras la Alcaldía aprecia una estrategia preelectoral

Luis López
LUIS LÓPEZ

Todos los expertos lo dicen: un buen clima en el centro de trabajo aumenta la productividad. La gente es más creativa, tiene más ideas. Funciona mejor. Si el centro de trabajo es el Ayuntamiento, donde se diseñan las políticas para mejorar la vida de la gente, es aún más importante que las relaciones sean fluidas. Que los políticos a quienes encargamos la tarea de gestionar nuestras cosas sean capaces de llegar a acuerdos y de dar soluciones.

Pues bien, en Bilbao se está dando una situación particular. La oposición en pleno ha denunciado públicamente el «ninguneo» al que les somete el alcalde, su «soberbia», y el uso partidista que hace de la administración local, que maneja «como si fuera un batzoki». Del otro lado, fuentes de la Alcaldía no sólo rechazan las acusaciones, sino que se muestran sorprendidas ante la beligerancia de los partidos opositores porque, aseguran, las relaciones entre ambas partes son fluidas.

Así, el equipo de gobierno ve una estrategia puramente política en año preelectoral. Y considera que el solo hecho de dar relevancia mediática al asunto supone ya un triunfo para la oposición en su dinámica de desgaste al alcalde. Pero, claro, ignorar la unidad de acción compartida por siglas no sólo heterogéneas, sino antagónicas, como EH Bildu, PP, Udalberri y Goazen, supondría despojar de todo atisbo de credibilidad a la política y los políticos.

El después. Sólo los miembros del gobierno en el Pacto por los Barrios.
El después. Sólo los miembros del gobierno en el Pacto por los Barrios. / BORJA AGUDO

Los protagonistas

Alcaldía
«La puerta del alcalde siempre está abierta. No hay ningún problema más allá del juego político»
Alfonso Gil. PSE
«Hay que reconducir la situación. Bilbao no puede prescindir de la visión de los grupos opositores»
Aitziber Ibaibarriaga. EH Bildu
«Al alcalde le falta cintura para desempeñar ese cargo. Se está quedando muy aislado»
Luis Eguiluz. PP
«El equipo de gobierno ejerce un monopolio casi absoluto en los actos públicos»
Carmen Muñoz. Udalberri
«Me temo que nos espera un año infernal, pero no vamos a estar calladas»
Samir Lahdou. Ganemos Goazen
«Es difícil llegar a acuerdos con alguien que se lo lleva todo al terreno personal»

¿Qué es lo que está pasando? Entrevistados por separado los cuatro portavoces de la oposición, ofrecen un relato de los hechos similar. El punto de inflexión, dicen, fue la dimisión hace quince meses de Mikel Álvarez, hasta entonces mano derecha del alcalde y con el que tenían una muy buena interlocución. «Hacía mucho trabajo de 'cocina', negociaba... Hay un antes y un después de su marcha».

A partir de aquel momento, aseguran, las relaciones se deterioran. Poco a poco. El enfrentamiento ya tomó temperatura a finales del año pasado a cuenta del streaming, esto es, las retransmisiones en directo en la web municipal de la ruedas de prensa que se organizan en la casa consistorial. La cuestión es que el Ejecutivo PNV-PSE rechazó abrirles esa ventana para sus convocatorias de partido, y hubo polémica.

Cruce de acusaciones

Durante el presente ejercicio la atmósfera se ha ido cargando. «El problema del alcalde es que no tiene cintura política, no acepta la crítica, y en el ámbito municipal hay que tener la capacidad de sobreponerse de una tremenda bronca en un tema, y luego pactar en otro», razona Aitziber Ibaibarriaga, de EH Bildu. «No es una persona cercana ni facilitadora», añade Luis Eguiluz, portavoz del PP, que llegó a calificarle de 'hooligan de batzoki'. «Forma parte de su cargo intentar engrasar relaciones, pactar, pero le afecta mucho cualquier comentario negativo». Desde Udalberri, Carmen Muñoz critica que «se lo lleva todo al terreno personal y actúa con soberbia, lo que dificulta cualquier negociación». Es eso lo que, a juicio de Samir Lahdou, de Goazen, ha provocado que ningún partido de la oposición suscribiese el Pacto Social ni el Pacto por los Barrios. «Cuando él lidera una negociación, descarrila», a excepción del Pacto por la Seguridad, en el que «todos cedimos porque era un momento y una situación muy especial».

El mes pasado todo se precipitó. Primero, EH Bildu, PP, Udalberri y Goazen firmaron y registraron un documento conjunto en el que criticaban el haber sido excluidos de la presentación del Plan de la Infancia y la Adolescencia. De no haber rectificación, amenazaron con dejar de participar en cualquier «órgano o pacto que se lidere desde Alcaldía».

Luego, el equipo de gobierno presentó en solitario el Pacto por los Barrios, y Aburto criticó la «desfachatez» de la oposición por no haber participado. Les acusó de no aportar nada y de no trabajar.

Las duras declaraciones del primer edil fueron muy mal recibidas por la oposición, al considerarlas impropias de un alcalde que debe representar a todos los ciudadanos. Bildu, PP, Udalberri y Goazen le plantaron en el último pleno municipal, le acusaron de excluirles en distintos actos o de convocarles «tarde y mal» para boicotear su presencia pública. A su juicio, el equipo de gobierno está monopolizando la maquinaria municipal en favor de su exhibición mediática a un año de las elecciones. «Nos espera un infierno los próximos meses...», vaticinan los portavoces opositores, quienes también lamentan que con el grado de crispación que se ha alcanzado, el alcalde no les haya convocado para reconducir el asunto.

¿Qué dice Aburto? Prefiere no entrar en el debate. Fuentes de Alcaldía dan a entender que todo esto es una especie de pose de la oposición porque, en realidad, no hay dos partes enfrentadas. Es más, recuerdan que en los últimos plenos se acordaron puntos por unanimidad. Además, «la puerta del alcalde siempre está abierta». En cuanto a los actos públicos, «se les invita a prácticamente todos», salvo a algunas «acciones de gobierno». «No hay problemas, más allá del juego político».

En medio, de alguna manera, está el socialista Alfonso Gil, socio de gobierno del PNV. «Aún se puede reconducir la situación», dice prudente. Pero, ¿quién tiene la culpa de todo esto? «No es cuestión de buscar culpables, sino de dar soluciones», vadea. «Todo se puede arreglar hablando. Puede haber malos entendidos, pero la ciudad no puede prescindir de la visión de los grupos de la oposición».

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