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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Cultura

DIRECTOR DE CINE
Claude Chabrol: «El día a día de una mujer es una vida heroica»
'Una chica cortada en dos' devuelve al irónico retratista de la burguesía francesa de provincias

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Claude Chabrol: «El día a día de una mujer es una vida heroica»
VETERANO. A sus 77 años, Chabrol asegura que seguirá haciendo cine mientras le den dinero. / E. C.
A sus 77 años, el emblemático y prolífico cineasta francés Claude Chabrol sigue en plena actividad. Lleva cinco décadas meditando en sus películas sobre la muerte, la burguesía y las miserias del ser humano. Ahora vuelve a hacerlo con 'Una chica cortada en dos', un dramático triángulo amoroso basado en hechos reales, que hoy se estrena en las salas españolas con Benoît Magimel, Ludivine Sagnier y François Berlénad como protagonistas.
Chabrol regresa a la Francia de provincias para contar la historia de una ambiciosa chica del tiempo de un canal de televisión, que se enamora de un maduro escritor que la utiliza y rechaza. Por despecho, se casará con un joven millonario desequilibrado abocado al crimen. «No sé lo que he aportado al cine. Me contentaría con saber que le he dado al público el gusto de tomarse demasiado en serio», asegura este gran maestro del cine negro y exquisito 'gourmet', uno de los últimos supervivientes de la Nouvelle Vague junto a Eric Rohmer, Jacques Rivette y Jean-Luc Godard.
-En 'Una chica cortada en dos' muestra la pasión frente a la razón, la ingenuidad frente a la experiencia.
-Son las cosas que me interesan de la naturaleza humana y sobre las que uno se plantea preguntas.
-Para usted la burguesía es la única clase social que queda. Es un microcosmos al que cada vez lanza una mirada más ácida.
-En muchas de mis películas los personajes no destacan por ser burgueses. Hago una película sobre un médico y todos dicen que es un filme sobre la burguesía. En 'Una chica cortada en dos' muestro, por un lado, a los burgueses bien pensantes, y, por otro, a los burgueses algo más bohemios que están fuera de la norma y la forma en que ambos reaccionan frente al personaje que encarna la joven Ludivine Sagnier. No creo que unos sean mejores que otros.
Fatal desenlace
-Le gusta llevar sus personajes al extremo. Uno de sus protagonistas siente tanto odio que ve el crimen como única solución.
-Una solución horrible. Lo interesante es ver a partir de qué momento las cosas llegan a tal punto en el que la única salida es el asesinato. El horror no es el crimen que se comete, sino todo lo que sucede antes y que lleva a ese fatal desenlace. Todo se conjura para que, finalmente, el personaje de Benoît Magimel tenga que cometer un crimen. Por eso el personaje está en el límite de lo ridículo.
-A sus órdenes, Magimel siempre hace una interpretación muy natural.
-Pues su papel es muy complicado, porque hace una representación distorsionada de su propia clase. Es un esquizofrénico.
-Siempre tiene a las mujeres en su foco de atención.
-Es que son mucho más interesantes que los hombres. Siempre utilizo un argumento muy sencillo. Para que el público se interese en un hombre, la mayor parte del tiempo éste tiene que estar haciendo muchas cosas, y todas excepcionales y extravagantes. En cambio, ese mismo espectador se puede enganchar a la vida cotidiana de una mujer porque ésta es tan difícil cómo descubrir América o matar a cuarenta tipos. El día a día de una mujer es una vida heroica.
-Pero el cine sigue dominado por héroes, no por heroínas.
-Los héroes actuales hay que ir a buscarlos al Himalaya y yo, a mis años, tengo dificultades para viajar, no me da la gana ir al otro lado del mundo. Le aviso que mi próxima película será sobre hombres con comportamientos femeninos, lo que no quiere decir que sean gays.
-Los que le conocen bien dicen que es un seductor.
-Cuando era joven tenía aspecto de empleado de notaría, y para seducir tenía que esforzarme mucho, pero como no era perezoso acabé por encontrar a alguien. Lo interesante de la seducción es cuando sale de manera natural. Si la tienes que fabricar, pues es un poco como esos nuevos labios inflados que hacen que todas las mujeres se parezcan.
-También es muy aficionado a diseccionar el mundo de las apariencias.
-Es que ahora todo es apariencia. Nunca se llega a la verdad, porque detrás de una apariencia hay otra. Son como las novelas de Agatha Christie, siempre hay sospechosos.
«Ya no tengo miedo»
-No es de los que idealiza a la familia, pero siempre trabaja con su esposa y sus hijos.
-Trabajo con ellos porque lo pasamos muy bien. Uno de los grandes placeres que tengo en la vida es vivir con la gente que quiero; el otro, hacer películas. Y la única manera de hacer cine y estar con mi gente es que mi familia trabaje conmigo, y como ellos tienen buenas aptitudes para ello... Son muy distintos, por lo que tengo la impresión de encontrarme a toda una gama de personalidades diferentes, igual que si trabajara con gente desconocida.
-Su modelo a seguir debe ser el director portugués Manoel de Oliveira, que cumple cien años en diciembre y va a largometraje por año.
-Tampoco hace falta tanta energía, soy director de cine, no trabajo en una mina. En los rodajes me siento muy bien, pero cuando estoy en casa sentado delante de la tele, fumando, me siento viejo y cansado.
-Se confiesa un hombre «bastante feliz», tiene una filmografía reconocida y, por sus palabras, no tiene intención de parar. ¿Qué le queda por demostrar?
-No me importa la etiqueta que me pongan y el prestigio que pueda tener. Ya no tengo miedo. Hace diez años todavía tenía algo de temor, pero en estos momentos y a menos que me ponga gagá, lo que haga no será una película nula y, técnicamente, será más que aceptable. En el peor de los casos será una película que se deje ver. Me pueden decir que mi cine está pasado de moda, pero como eso es algo que nunca me ha preocupado Nada me impedirá seguir haciendo películas. Mientras me den dinero seguiré haciendo cine.
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