Mikel Erentxun, con sombrero cordobés

Mikel con camiseta chocarrera y sombrero cordobés. :/CARLOS Gª AZPIAZU
Mikel con camiseta chocarrera y sombrero cordobés. : / CARLOS Gª AZPIAZU

Ninguna canción de Duncan Dhu tocó en su serio y asentado concierto de presentación de su 24º disco, 'El hombre sin sombra', el viernes en el Kafe Antzokia

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Muy bien, muy bonito y muy compenetrado con su banda estuvo Mikel Erentxun el viernes en el Kafe Antzokia, donde presentó su disco número 24, ‘El hombre sin sombra’ (Warner, 17), en cuarteto con coros destacables y siempre al quite, con chica joven a la guitarra solista y los teclados, y con estilo serio, formal y canónico, que no purista. Si nos olvidamos de los problemas de sonido del arranque (acoples que enfurecieron al pacífico fotógrafo Azpiazu, opacidad del cuarteto en general…) y de ciertas metáforas forzadas en la lírica de Erentxun («océanos de sol en el beso que te doy» -muy a lo Aute incinerando el mar-, «carreteras de segunda mano» o «los aviones se arrastran por el cielo»), sólo se nos ocurre una pega notable, pero olvidable: la revisión de su éxito ‘A un minuto de ti’, rearreglado hasta sugerir a los Who máximum y provocando el mayor jaleo generacional, pero no tan cálido como se guarda en la memoria.

Sólo ese momento ‘minutero’ rompió la sensación de buena onda en un concierto de 93 minutos para 20 temas, entre ellos ninguno de Duncan Dhu, aunque su sonido acústico y rocabilesco asomara en varias piezas. Ah, a pesar de la opinión de los fotógrafos, las luces fueron muy bonitas, enigmáticas y arropadoras, muy a lo Chris Isaak. Todo muy lucido, ya imaginarán, incluso un pinturero Erentxun debido a su estética: sombrero de cowboy cordobés y camisa chocarrera neorockabilly y aflamencada, olé.

El cuarteto con dos guipuzcoanos (el donostiarra Mikel y el baterista de Tolosa Karlos Arancegui, quien cae bien a todo el mundo no sólo por su sonrisa) y dos cántabros (Fernando ‘Deltonos’ Macaya al bajoy los coros –que fue el más aplaudido en las presentaciones finales-, más la mentada chica Marina Iñesta a la guitarra, teclados y coros –a la que el líder presentó al menos en cuatro ocasiones-), el bolo con su sonido mate inicial arrancó muy roquero (a lo Tom Petty ‘Si te vas’), muy moderno (algo Wilco ‘Héroe’), bastante soulero (‘Llamas de hielo’) y ocasionalmente ovacionado, por ejemplo al ser reconocida en sus primeros compases la canción ‘Mañana’, algo Duncan y dotada un pegadizo tono country.

Se estaba cómodo en el Antzoki, pues habría poco más de 222 personas, entre ellas muchas matures preparadas (quizá el 55 % fuese femenino), bastantes espectadores jóvenes (un mérito de Mikel, que está deviniendo intergeneracional), damas que se hacían autofotos con el móvil (procurando que al fondo se viera al ídolo sin sombra) y mi prima Maider. El psychobilly crepuscular ‘Cartas de amor’, otro tema muy Duncan, encendió al respetable antes de llegar a sus coros laralay («qué superbueno es», manifestó una chica delante de nosotros), Mikel nos dijo que ‘Y sin embargo te quiero’ era «perfecta para hablar del Athletic y de la Real», y antes de la décima, ‘Dakota y yo’, algo La M.O.D.A. («la de pero en este corazón / solo queda sitio para dos»), Mikel se quitó la camisa chocarrera y que quedó en camiseta, y tan flaco está que parece mentira que le quepan tantos tatuajes en los brazos.

La estupenda ‘Quien se acuerda de ti’ fusiló el ‘Like A Rolling Stone’ de Dylan y pensamos en Daniel Romano, de seguido al Loquillo intergeneracional nos evocó la magnífica ‘De espaldas a mí’. El donostiarra prosiguió alternando alt co (‘Libélulas’, ‘El mejor de mis días’) y el influjo vocal de su admirado Lloyd Cole (‘El amor te muerde’… los labios al besar), hasta cerrar con más pscychobilly duncaniano (‘Corazones’). Estábamos ya todos contentos, pero nos quedaba un chulo y bien rematado bis triple, abierto con la versión de Miguel Bosé ‘Nena’ (un rock híbrido entre Lloyd Cole y Mink De Ville), un redondo no solo por el estribillo ‘Cicatrices’ (el que fue primer single de su 24º disco, ‘El hombre sin sombra’), y el adiós definitivo con ‘Veneno’ (un rock entre Daniel Romano y Lou Reed, ya ven qué bien).

Se acabó el show, nos quedamos un rato para esperar al metro… y vimos salir a Mikel Erentxun hacia el lobby, donde se vendían CDs y camisetas, y era parado cada dos por tres para hacerse fotos, estrechar manos y sostener conversaciones. Todavía es un ídolo, un sex symbol a sus 52 años.

Clip oficial ‘Cicatrices’

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