Ricardo Lezón y The Telescopes: la paz y la furia

Los cinco Telescopes intuidos en un viaje a la barra./Óscar Cubillo
Los cinco Telescopes intuidos en un viaje a la barra. / Óscar Cubillo

Martes con dos bolos gratuitos ante respetables silentes: serenidad en Power Records y violencia sónica irradiada en el Antxiki

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Por dos bolos gratuitos apostamos el martes para escapar de los disfraces de Halloween. A la tarde, en la tienda de discos Power Records, repetimos una sesión promocional del getxotarra Ricardo Lezón, el líder de McEnroe, divulgando su preciosa opera prima ‘Esperanza’ (Subterfuge). Era la tercera vez que tocaba en directo este repertorio, pero esta de Power estuvo mejor que la segunda, la que les narramos en su día del FNAC, por sonido más límpico, ambiente intimista (la gente desperdigada por los laberínticos estantes de LPs y CDs), respetable silente (por la concentración) y soltura del ejecutante, pues está ensayando los fines de semana con McEnroe y eso se nota.

Con retraso porque a las 7 solo había en la tienda una guapa espectadora morena y treintañera que se largó a matar el tiempo a un bar cercano, Lezón dirigió una sesión de 5 temas en 25 minutos con los ojos cerrados. Con su gorra y su estética de mecánico americano de estación de servicio perdida en el oeste, armado con una guitarra japonesa Takamine , el getxotarra abrió con ‘El momento’ y su eco ‘alt co’ puro Lambchop, de sonido muy limpio e incisivo («en el disco viene con banda y tal, y es un poco más animada»; explicó al concluirla Ricardo ante las risas de la afición que estaba de su parte); más reverberante en plan el disco de McEnroe con The New Raemon, más vía The National, pareció en la bonita ‘Ella baila’ («y en el disco no es más animada, es igual», contrastó al acabarla); se confundió y reinició la historia de La Giralda y demás en ‘Arena y romero’, que nos evocó al nuevo Jabier Muguruza («en el disco va a dos voces, con mi hija, y queda bastante más bonita», remató); continuó con nuestra favorita ‘Lobos’, la de «aúllan lobos esta noche, ven amor, hazlos callar», que resonó orgánica pero con cierta proyección dream pop; y tras comentar «no sé cuál más tocar», y que le replicara un presente «’Chet Baker’, hombre», y él la rechazara confesando «es que no me la sé, es un poco complicada», cerró la grata y reconfortante sesión con ‘La paz salvaje’, la de «cuando se terminan los conciertos, y vuelve el estruendo del silencio», un tema minimal tipo The National también. Si en el FNAC concluimos que el disco ‘Esperanza’ superó al show, en esta ocasión el disco y el bolo de Power anduvieron a la par de inspirados y de evocadores.

Ricardo Lezón entre los discos de la tienda Power Records.
Ricardo Lezón entre los discos de la tienda Power Records. / Javier Corral

A las 10.30, gratis porque pagaba una marca de cerveza, tocaban los malditos y mutantes ingleses The Telescopes en el Antxiki, la sala superior del Kafe Antzokia, que estaba llena y a oscuras. El público, también atento, tampoco habló porque el estruendo expelido por el quinteto desde el escenario oscurecido con luces azuladas impedía la comunicación. El show en sí duró 40 minutos para unas 5 piezas unidas en plan burbuja lisérgica, y no hubo bis, aunque los tipos dejaron sus instrumentos conectados en un acople continuo y ruidista que soportamos durante un cuarto de hora antes de partir al metro y mientras el líder, Stephen Lawrie , de 48 años, vendía discos en el puesto de merchandising.

Entre una pantalla de sonido y la batería

The Telescopes (Burton upon Trent, Staffordshire, Inglaterra, 1987), que en julio editaron el álbum ‘As Light Return’ en el sello alemán Tapete Records, dieron un bolo actual, espectacular y verosímil, pues eso no asemejó a una sesión nostálgica de los 90 ruidistas. En quinteto mixto, con los sujetos moviéndose por el tablado y arrodillándose ajenos a la presencia del público, con el líder cantando encorvado y a veces acuclillándose para disfrutar del ruido entre una pantalla de sonido y la batería (sí, pero se protegía del estruendo con tapones en los tímpanos), The Telescopes enfocaron a una explosión continua de acoples, drones reconocibles y subliminales en el sustrato, tambores after punk, la abrasión de Jesus & Mary Chain, la catarsis aindiada de Wovenhand y una disposición experimental no tan insana como la de los Swans de los 125 decibelios. Bolazo, oigan.

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