María Bayo denuncia en un juicio histórico los «contratos abusivos» en la ópera

María Bayo, a la salida de la Audiencia/JORDI ALEMANY
María Bayo, a la salida de la Audiencia / JORDI ALEMANY

La ABAO, que recusó a la soprano por sus problemas de volumen de voz y afinación, defiende que es el modelo habitual en el sector

César Coca
CÉSAR COCA

No hay precedentes en el mundo de la lírica. La titular de la sala Nº 8 de la Audiencia de Bizkaia presidió ayer el juicio por la demanda de la soprano María Bayo contra la ABAO. La cantante cree injustificada la recusación por la que se le rescindió el contrato para cantar el rol de doña Elvira en ‘Don Giovanni’, de Mozart, el pasado febrero. Su abogada planteó además abiertamente que el modelo de contrato común en el sector, que incluye una cláusula por la cual un artista recusado no cobra más que los gastos de viaje y alojamiento, es «abusivo». Y si nadie lo denuncia, aseguró, es por los problemas que una actitud así podría causar a su carrera.

Sentada junto a la soprano -que permaneció extrañamente vuelta hacia la pared durante casi todo el juicio, como si no quisiera ver cuanto sucedía a su alrededor-, su abogada dirigió el interrogatorio a los testigos por un camino claramente marcado: demostrar que se recusó a su cliente sin apenas darle ocasión de demostrar si estaba o no en condiciones de cantar. Incluso llegó a sugerir que daba la impresión de que estaba virtualmente despedida antes de iniciar los ensayos. Algo que fue tajantemente desmentido por los representantes de la ABAO con datos: la búsqueda de una sustituta que asumiera el rol fue larga y compleja, y de no haberla hallado la asociación se habría visto obligada a la cancelación de la ópera, con unas cuantiosas pérdidas.

El anuncio de la recusación

El testigo clave en el juicio fue Cesidio Niño, director artístico de la asociación operística. Él fue quien narró -con todo detalle y en dos ocasiones puesto que primero respondió a las preguntas del abogado de la ABAO y luego a casi las mismas, planteadas casi de idéntica manera por la letrada de la demandante- la marcha de los ensayos. Como consecuencia de lo escuchado en esas sesiones de trabajo llegó la decisión de la directora musical, la persona que contractualmente está capacitada para pedir la recusación. A juicio de Keri-Lynn Wilson, Bayo no tenía en aquel momento el volumen de voz suficiente y presentaba problemas de afinación y en los agudos de tal naturaleza que no podía interpretar correctamente el papel. Cuando, tras los ensayos del segundo día, le comunicaron la decisión tomada, Wilson añadió que con esa recusación estaban también tratando de protegerla. En aquella conversación estuvo presente la foniatra Susana Ruiz, que la trata desde hace treinta años, y que es también socia de la ABAO. Ella certificó ayer ante la jueza que la voz de Bayo estaba en perfecto estado al día siguiente de su despido. Pero «la voz hablada», matizó.

El abogado de la ABAO no entró a discutir si la cláusula sobre la recusación y sus consecuencias es abusiva o no. Es habitual en el mundo de la ópera y la señora Bayo, como el resto de cantantes, ha trabajado siempre con estas condiciones, que ha aceptado libremente, explicó.

Una parte muy relevante de la petición de indemnización que reclama la soprano -que incluso podría llegar hasta los 100.000 euros- se basa en el daño a su imagen y el lucro cesante que su despido produjo. A esta cantidad habría que sumar los 36.000 euros de su caché. El representante legal de la ABAO aseguró que no tienen noticia de que se haya dado cancelación alguna y que, en cuanto a daños sobre contrataciones futuras, serían para 2019 o incluso más adelante, de manera que aún no puede saberse si sucederá.

La acusación de mala gestión de la comunicación fue negada por el tercer testigo. Lander Mendieta, responsable de la firma que asesora a la asociación, aseguró no haber filtrado a nadie la causa de la recusación, por lo que no se considera responsable de los rumores que corrieron en determinados ámbitos. Se limitó, dijo, a explicar en la web de la ABAO que Bayo había sido sustituida por «razones personales».

El juicio, que había comenzado con más de cinco horas de retraso -un tiempo en el que se puede ver una ópera de Wagner y que habría bastado a Mozart para escribir una de las suyas-, terminó a las ocho de la tarde. Justo en los últimos minutos Bayo se volvió hacia la sala. El rostro de la jueza mostraba el cansancio lógico tras quince vistas a lo largo de la jornada. Ahora le queda la tarea de dictar una sentencia que va a marcar el futuro de los contratos líricos.

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