El Correo
Diego Ruiz de Árbol, madrileño y uno de los artífices de esta iniciativa, en pleno invierno alemán.
Diego Ruiz de Árbol, madrileño y uno de los artífices de esta iniciativa, en pleno invierno alemán.

«¡Queremos volver a casa!»

  • Tres amigos españoles ponen en marcha Volvemos.org, una web que ayuda a jóvenes emigrados a retornar. En un mes ya han contactado con ellos casi 2.000 personas. La mayoría son ingenieros y especialistas en Marketing

Culpa, deuda, falta. Los alemanes tienen un solo término para estas tres palabras, que no son de la misma familia pero se pueden tomar por viejos parientes: 'schuld'. «Cuando alguien está en deuda se siente culpable. Por eso, aquí un político dimite por haber plagiado una tesis. Y por eso no entienden que en España haya tanta corrupción». Él tampoco. Raúl Gil (Santoña, 40 años) fue diputado por el PSOE en Cantabria, director general de Juventud y acabó de asesor en el Parlamento Europeo. Acabó «asqueado» de la política y emigró a Alemania donde trabajó por menos de la mitad de lo que ganaba antes en una librería ('Rayuela', como el libro de Cortazar) y en una vinoteca. «Les hacía mucha gracia escuchar a un español con acentazo hablándoles del Ribera del Duero». No es porque no supiera alemán, que el primer año tiró de ahorros y se dedicó a aprender el idioma (el curso cuesta entre 300 y 400 euros al mes).

Ahora está de vuelta en España y sigue en el negocio editorial. También está en otro, que no es un negocio sino una asociación, www.volvemos.org, una web que ayuda a los españoles que se fueron a regresar. Este portal online abrió hace un mes y ya han recibido casi 2.000 solicitudes. «Queremos que el talento retorne». Es el objetivo que se ha marcado Diego Ruiz de Árbol, otro español en Berlín y 'socio' de Raúl y de un tercero en este proyecto online. Madrileño de 36 años, un curso Erasmus en Praga le animó a salir años después. Pero tiene dos niños y quiere que crezcan con los abuelos. Es ingeniero informático, como muchos de los que están fuera.

Un 2% de vascos... y un 21,3% de andaluces

Estos mil y pico españoles que se han registrado en la web permiten dibujar el perfil del emigrante. La mayoría (11,5%) son ingenieros y especialistas en marketing (9%) y también abundan los enfermeros (8%), los arquitectos (7%), los biólogos y especialistas en medio ambiente y energías renovables (7%)... La mayoría (tres de cada diez) han emigrado a Reino Unido, la opción indiscutible y a mucha distancia de las demás: Alemania (17%) y Francia (6,3%), aunque también les han contactado españoles desde Panamá, Malasia o Eslovaquia. Hay mayoría de andaluces (21,3%), seguidos de lejos por madrileños (17%) o valencianos (12%). También hay vascos, aunque solo representan el 2% de los que han contactado con la web de Raúl y Diego.

Una de ellas es Eztizen Andrés (Bilbao, 29), aunque no contempla un regreso inmediato, si acaso a medio plazo. Pronto cumplirá tres años en Berlín una ciudad que, por lo que cuenta, tiene bien merecida la buena fama que tiene por aquí. «No hay dos ciudades como Berlín, es muy interesante». Aterrizó allí con su título de Arquitectura a estrenar («cuando acabé la carrera ni me planteé mandar currículums en España, la profesión ha quedado muy tocada por la crisis) y su novio, que es diseñador gráfico -«se ha hecho más fácil venir en pareja»-. Llegó con una beca y cuando se acabó encontró un trabajillo en un estudio por 400 euros. No le daba para el alquiler, pero por poco «porque en contra de lo que se piensa, Berlín es una ciudad relativamente barata». Ella y su pareja pagan 430 euros mensuales por un bajo reformado que se pone en 550 con luz y calefacción. Un precio más que asequible, aunque les costó encontrarlo. «Alquilar piso es una odisea, el dueño te pide un documento que acredite que no tienes deudas con el estado, las tres últimas nóminas. Vas a ver una casa y te encuentras con una cola de cien personas que están citadas también para verla. Antes de este piso vimos igual veinticinco».

Raúl, otro de los socios, bebiendo Glühwein, un vino caliente típico de Alemania,

Raúl, otro de los socios, bebiendo Glühwein, un vino caliente típico de Alemania,

Sus padres le han ayudado a llegar a final de mes, y el resto lo ha puesto el sistema de ayudas alemán. «Tuve ayuda para el alquiler, también hay subvenciones para viajar en metro. Luego me puse como autónoma pero empecé ganando 700 euros así que no tenía que pagar autónomos ni impuestos. Ni siquiera el seguro médico, que aquí es caro pero te lo financia el Estado si cumples los requisitos. Y cosas como el móvil o internet, e incluso la compra de un ordenador si por motivo de trabajo, tiene ayudas públicas. Eso sí, si ganas 3.000 o 4.000 euros al mes pagas un 40% de impuestos. Yo lo máximo que he ganado han sido 1.500 euros. Por eso les va así de bien».

O sea que lo de la eficacia alemana es verdad.

Sí, pero también se me han caído algunos mitos. Como eso de que sale todo el mundo del trabajo a las cinco. Yo siempre he salido a las seis, a las siete o más tarde. Los españoles aquí tenemos un poco de complejo de inferioridad pero estamos muy preparados y aunque ellos nos ven como los sureños de Europa, gente no muy trabajadora y amante de la fiesta, lo cierto es que les encanta estar con nosotros.

«Los alemanes no cocinan»

También les encanta la tortilla de patata un clásico que no falla fuera. «He hecho más aquí en dos años y pico que en toda mi vida...». No les viene mal aprender un poco. «No hay cultura gastronómica, no disfrutan de comer y tampoco cocinan. A mediodía tienen un ratito para comer y pican algo por cinco o seis euros». Eztizen no importaría nada de la gastronomía alemana pero allí ha aprendido a comer sushi. «Por veinte euros comes un sushi magnífico con una botella de vino». Y de 'postre' un poco de jamón, o queso, o aceite de oliva que nunca falta en su despensa («compramos al por mayor»). Es una manera de acercar distancias, de Berlín a Santutxu.

A Diego, que también está en Berlín y está encantado «porque es una ciudad magnética y a la vanguardia de todo» le cuesta un triunfo. Por él y, sobre todo, por los niños. «Si pensara solo en el dinero me quedaría, pero mis padres no están disfrutando de sus nietos». Diego es una de las patas de este proyecto online de regreso y él mismo está dispuesto a ir abriendo camino. Volvemos.org pretende servir de enlace entre empresas españolas que busquen empleados y profesionales españoles que quieran regresar y a los que no se les va a cobrar nada por registrarse en la web. Diego ha montado una agencia de desarrollo de seguro y no cree que la vuelta sea traumática en lo que a lo laboral se refiere. Al menos la suya no, otra cosa es la de su mujer, que es arquitecta. «Eso no va a ser tan sencillo», se teme. Pero es que echan mucho de menos «el calor». No el sol ni las tapas, «el calor de la gente, porque los alemanes son más distantes, más fríos. Celebran una fiesta de cumpleaños en casa e invitan a la gente en función de los metros cuadrados que haya. Por ejemplo, si el salón tiene treinta metros y calculan que una persona necesita tres metros para estar a gusto solo invitan a diez amigos. Eso en España no pasaría».

Pero al revés también se le ocurren un montón de ejemplos: «La cultura laboral alemana respeta al trabajador. Yo fichaba en la empresa y cada minuto extra que hacía me lo pagaban. En España todo está basado en la competitividad, en la jerarquía mal entendida, en el miedo».

En Alemania, dicen los españoles que están allí el trabajador y el jefe no están separados por un abismo. «Cuando yo trabajaba en la vinoteca había días que, por algún error, la caja no cuadraba. Pues no pasaba nada, mi jefe jamás se imaginaría que ninguno de los trabajadores se había quedado con dinero», cuenta Raúl Gil. Y cuenta otra anécdota a propósito del dinero: «Allí se pagan las consumiciones por separado. Mi madre me mandaba paquetes desde España con chorizo, jamón... y entonces yo solía invitar a amigos alemanes a merendar. Pues al día siguiente me traían ellos algo a cambio».

Raúl hizo amigos alemanes y de medio mundo porque vivía en el popular barrio de Krenzderg, que gobierna una alcaldesa de Los Verdes y que tiene un cincuenta por ciento de población extranajera. Este barrio marca también la frontera entre el Berlín del oeste donde vivió y el este, donde apenas hay extranjeros. Están todos al otro lado. Y muchos volviendo.

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