«Mis padres casi se dejan la salud por avalar el piso a mi hermano»

El joven hipotecado y su padre, ayer en Barakaldo./Jordi Alemany
El joven hipotecado y su padre, ayer en Barakaldo. / Jordi Alemany

Una sentencia libera a un matrimonio de Barakaldo de pagar la carga hipotecaria del piso de su hijo

Solange Vázquez
SOLANGE VÁZQUEZ

«Mis padres, como tantos, fueron a ayudar a su hijo con una firma... y después les supuso un disgusto que casi se los lleva a la tumba». Así inicia Idoia Axpe la historia de la pesadilla que ha vivido su familia y que empezó cuando, hace doce años, su hermano menor –el benjamín de los cuatro– pidió a sus progenitores y hermanas que figurasen como avalistas de la hipoteca que había pedido al BBVA para comprarse una vivienda en Barakaldo, donde residen. Por aquel entonces, él era un mileurista más y tenía una pareja que también aportaba un sueldo, por lo que la perspectiva de que algún día los avalistas tuviesen que intervenir era algo muy lejano. Sin embargo, la realidad los hizo pasar a primer plano. El joven sufrió una mala racha: perdió el trabajo, se divorció, tuvo problemas para pagar las cuotas... y el banco llamó a su padre, que empezó a abonar las mensualidades de la hipoteca, aterrorizado por la posibilidad de perder su propia casa.

Ahora, una sentencia del Juzgado de Primera Instancia Número 11 de Refuerzo de Bilbao, ha liberado a los progenitores del aval hipotecario. Según analizan los letrados de la familia, el fallo considera que la cláusula era «abusiva» y que a los afectados no se les informó correctamente sobre las consecuencias de firmar como avalistas. «Nadie explicó nada. Mis padres fueron al banco, les dijeron 'firma aquí' y sin más», recuerda Idoia.

Sin más... hasta que un día, «hace unos dos años», el padre recibió una llamada del banco que le trastocó la vida. «Le dijeron que mi hermano tenía impagos y que les podían quitar el piso. Mis padres no entendían nada», indica. Ante el temor de perder la casa, el padre, transportista jubilado con una incapacidad permanente absoluta, empezó a abonar como pudo las cuotas de la hipoteca de su hijo. «Así, sólo al principio, calculo que gastaron unos 4.000 o 5.000 euros...», apunta Idoia. Una cantidad que para un matrimonio que vive de «una pequeña pensión» es una fortuna.

«Una piña»

Entonces comenzó un periodo «muy duro» que puso a prueba la unidad familiar y demostró que son «una piña». Decidieron apoyar a su hijo y pusieron el caso en manos del bufete bilbaíno Montero, Rocha y Asociados, que planteó una demanda de nulidad radical de la cláusula. Ahora, los tribunales les han dado la razón. Según explica José Montero, socio director de la firma, la jueza ha declarado «nula, por abusiva y por falta de transparencia» la cláusula de afianzamiento o aval. «El 80% de los avales firmados entran dentro de este mismo supuesto... y quizá me quedo corto», apunta el letrado, quien afirma que abundan los casos de este tipo. «Sólo en estos momentos tenemos unos 40 entre manos», desvela.

Tal y como explican desde el bufete, en el caso de la familia de Barakaldo, a partir de ahora el banco sólo podrá reclamar al hipotecado, no a sus avalistas. A su juicio, uno de los puntos clave de este caso ha sido que el banco no aplicó el debido 'doble control de transparencia', es decir, que «ni informó a los avalistas de las consecuencias de lo que firmaban ni se aseguró de que lo comprendían». «Y cuando vinieron mal dadas fueron a por el padre, que siguió pagando las cuotas, por eso no hubo órdenes de embargo. Cuando llegaron a mi despacho estaban desesperados», explica Montero.

Aunque la sentencia no es firme, el fallo afianza una doctrina favorable para los hipotecados y sus avalistas. «Muchos de los avales firmados entre 2000 y 2010 están pervertidos», alerta Montero. Para la familia Axpe, la sentencia ha supuesto la ansiada vuelta a la normalidad, esa que quedó dinamitada tras una inesperada llamada del banco: «Mis padres han vuelto a vivir, a respirar. Casi se dejan la salud por avalar».

La OCU anima a acudir a tribunales

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha considerado que la sentencia «abre la puerta a otras reclamaciones similares» y ha animado a acudir a los tribunales contra las cláusulas abusivas.

La Organización de Consumidores y Usuarios ha recordado que tiene en marcha una campaña contra ese tipo de cláusulas a través de la cual los afectados pueden informarse y recibir ayuda para recuperar su dinero.

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