El suicidio de Ekai conmociona Ondarroa, que hoy le ha recordado con una concentración

Ekai Lersundi, con su padre, apareció a finales de noviembre en un informativo de La Sexta para dar su testimonio./La Sexta
Ekai Lersundi, con su padre, apareció a finales de noviembre en un informativo de La Sexta para dar su testimonio. / La Sexta

La asociación Chrysallis Euskal Herria denuncia que el menor «llegó a su límite» al no haber conseguido un tratamiento hormonal que frenase su pubertad

María José Tomé
MARÍA JOSÉ TOMÉ

La localidad vizcaína de Ondarroa será este sábado escenario de una concentración en recuerdo de Ekai, el joven transexual de 16 años que acabó con su vida tras una larga lucha por sentirse comprendido en una sociedad que no reconocía su verdadera identidad sexual. Su madre le encontró muerto el jueves en su habitación de la vivienda familiar de Ondarroa.

El Ayuntamiento de Ondarroa, que hoy ha colocado la bandera del arco iris en su balcón, ha animado a los vecinos a participar en la concentración mediante un comunicado en el que lamenta las trabas que encontró el joven a la hora de poder llevar a cabo su cambio de sexo. Además, ha elogiado la actitud que han mantenido sus padres al haber apoyado y protegido al chico, pese a lo difícil que, en una situación como la del joven, puede resultar para algunas familias «romper las normas sociales» y ayudar a sus hijos.

El suicidio de Ekai, un adolescente transexual que llevaba años peleando por poder mostrarse como se sentía, ha conmocionado a la localidad ondarresa especialmente a las familias de la asociación Chrysallis Euskal Herria, que luchan por una ley que proteja y reconozca los derechos a los menores y jóvenes cuyo «sexo registral» no coincide con su género. «Estaba al límite y cuando llegó la adolescencia no pudo soportarlo», explica Bea Sever, la portavoz de la asociación. Se ha marchado «sin hacer ruido» y temen que no sea el único caso. «En la asociación tenemos cuatro o cinco chavales que también están en una situación insostenible, algunos incluso tomando antidepresivos porque no pueden más».

Ekai se sentía descontento con su cuerpo, hasta tal punto que ni se miraba al espejo. Estaba siendo sometido a seguimiento en la Unidad de Género del Hospital de Cruces pero, a pesar de la pelea de sus padres Ana y Elaxar por conseguir un tratamiento hormonal que frenase su pubertad, no lo habían conseguido. «El protocolo es muy estricto y está condicionado por el dictamen de médicos y psiquiatras. Normalmente, se autoriza a partir de los 16 años pero para Ekai ya llega tarde», denuncian desde la asociación, que demandan que el inicio del tránsito de estos chavales a su verdadera identidad no esté condicionada por criterios médicos. Como tampoco llegó a tiempo la formación que los responsables del Gobierno vasco habían prometido dar docentes y alumnos del instituto donde estudiaba Ekai para evitar situaciones de acoso, malentendidos y humillaciones. «Se comprometieron en febrero del año pasado y aún no habían hecho nada».

Tímido y retraído

Gracias a su lucha sin denuedo y a la de sus padres, Ekai había conseguido que sus compañeros y profesores le llamasen por el nombre con el que se identificaba, aunque en su DNI apareciese el que le pusieron al nacer. Precisamente, a finales de noviembre Ekai se prestó a aparecer con su padre Elaxar en un informativo de La Sexta para dar su testimonio, a raíz de que el pleno del Congreso aprobase los trámites para que los menores transexuales pudiesen cambiar su nombre y sexo en el Registro Civil sin necesidad de presentar informes médicos. «Explicar a todo el mundo que eso no es así, que esos documentos están mal, te hace pasar muy malos ratos», explicaba ante las cámaras Ekai. Tampoco pudo cumplir este deseo.

Demasiadas batallas para un adolescente. De carácter tímido y retraído, Ekai veía como su cuerpo cambiaba, sentía la incomprensión de la sociedad, y no pudo soportarlo más; estaba cansado de tanto pelear en su todavía corta vida. Su familia había presentado una queja ante los responsables médicos de Osakidetza pero, según Bea Sever, no sirvió para adelantar un tratamiento que quién sabe si hubiese evitado lo ya irremediable.

«Nos queda la sensación de fracaso, de no haber estado a la altura, de no haber sabido adelantarnos a los acontecimientos. Nos queda la rabia y una tremenda impotencia, pero también la necesidad de seguir luchando. Detrás queda la colección de quejas ante el Hospital de Cruces, las preguntas incomodas y los items que no se cumplen. Detrás queda una familia destrozada. Detrás quedan los anhelos de un gran artista y una vida frustrada», explica en un emotivo comunicado la asociación Chrysallis, que ha convocado este sábado una concentración a las cinco de la tarde en la plaza de Ondarroa para despedir a Ekai y rendir homenaje a su lucha. Tras lamentar su muerte, Save the Children, ha recordado que «como colectivo especialmente vulnerable, los menores transexuales merecen una protección especial por parte de las administraciones públicas».

Normativa «muy desfasada»

La trágica noticia de la muerte de Ekai ha caído como un jarro de agua fría en el seno de Chrysallis, la asociación que desde hace tres años lucha por los derechos de estos menores y por mejorar su calidad de vida. Llega solo unos días después de que representantes de la asociación compareciesen ante la comisión de Derechos Humanos e Igualdad del Parlamento de Vitoria para presentar los cambios que proponen a la ley vasca de no discriminación por motivos de identidad de género y de reconocimiento de los derechos de las personas transexuales, promulgada en 2012 y que «se ha quedado «muy desfasada». «Requiere con urgencia una adaptación de los diferentes protocolos y normas, principalmente en los sectores educativo y sanitario», denuncian.

Salieron «optimistas» de la comisión, ya que encontraron «receptividad» a sus demandas entre los representantes de todos los partidos. Uno de sus principales caballos de batalla es precisamente, la «despatologización» de la transexualidad. «No es ninguna enfermedad ni ningún trastorno, es simplemente una expresión más de la diversidad humana». Por eso rechazan que se «bloquee y retrase» exclusivamente por criterios médicos la administración de los tratamientos que necesitan para «su desarrollo como personas».

Chrysallis tiene como espejo las leyes aprobadas recientemente por las comunidades andaluza o navarra, que son «más avanzadas y respetuosas con la identidad sexual». Ambas normativas «rechazan de plano» cualquier examen psicológico o prueba médica para acreditar la situación de transexualidad. El protocolo que sigue Osakidetza a la hora de aprobar la administración de tratamientos hormonales a los menores transexuales establece la edad de inicio a los 16 años, atendiendo al consenso actual de la Sociedad Americana de Endocrinología. Sin embargo, en la guía de atención a este colectivo del Departamento de Salud también se reconoce que «esta edad es posterior a la del inicio normal del desarrollo puberal para la mayoría de las personas, por lo que no necesariamente debe establecerse como norma generalizable». «Tenemos comprobado que una persona que inicia el tránsito de identidad en la infancia llega feliz a la edad adulta; si lo hace en la adolescencia o después es mucho más complicado», apunta Bea Sever.

Con respecto a este caso, Equo Berdeak ha señalado que, «una vez más, se pone de manifiesto que la normativa actual queda muy alejada de la realidad y somete a las personas que quieren iniciar un proceso de transición a una serie de obstáculos que, en los casos más trágicos, provocan desenlaces irreversibles». La formación política ha considerado que «la responsabilidad es compartida en estos casos de suicidio, pero las administraciones públicas han de ser más competentes y deben cumplir con sus obligaciones y compromiso para con estas personas». «En pleno siglo XXI las personas trans continúan padeciendo procesos demasiado traumáticos», ha denunciado.

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