La noche en que cambió el mundo

Además de simbolizar el derrumbe del bloque soviético y el fin de la Guerra Fría, la caída del Muro de Berlín posibilitó la reunificación alemana un año más tarde y dejó vía libre a la Europea unida de hoy

Miles de personas festejan encima del Muro la apertura de fronteras de la RDA. /
Miles de personas festejan encima del Muro la apertura de fronteras de la RDA.
MARÍA EUGENIA ALONSOMadrid

No hicieron falta ejércitos, muertos ni largos combates. La última gran revolución europea fue obra de un pueblo sediento de libertad que, ayudado por un mundo en transformación, una diplomacia hábil y una cuota de azar, salió a la calle hace 25 años y logró lo impensable: tumbar el Muro de Berlín.

El 9 de noviembre de 1989 fue la fecha clave, aunque la caída del Muro había empezado mucho antes. Ese día se anunció oficialmente su apertura. El portavoz de la RDA, Günter Schabowski, comunicó ante la prensa una nueva ley sobre la libertad de viajar. Los ciudadanos de Alemania del este tendrán mayores facilidades para cruzar las fronteras. "¿A partir de cuándo?", pregunta el periodista italiano Riccardo Ehrman, en la sala. Schabowski duda, consulta los papeles, parece que no tiene demasiada información. En apenas 24 horas, había dimitido todo el Politburó, él había sido nombrado portavoz y desconoce que la nueva reglamentación es aún sólo un proyecto, no aprobado. "Según tengo entendido entran en vigor... de inmediato, sin demora", titubea Schabowski.

Aunque el anuncio era ambiguo y buscaba otro objetivo, el titular 'La RDA abre sus fronteras' copó de inmediato cables de noticias e informativos de la televisión y llevó a cientos de personas a reunirse ante un paso fronterizo de Berlín esperando cruzar al oeste. Desconcertados y sin instrucciones, los guardias comenzaron a dejar pasar a algunos de los congregados. Poco antes de la medianoche, ya eran 20.000 las personas que gritaban "¡Abran el portal!". A las 23.40 horas, la RDA daba la orden de abrir todos los pasos fronterizos de Berlín. El Muro, tendido la madrugada del 13 de agosto de 1961 para frenar el masivo éxodo a Occidente, caía también de noche y de forma casi imprevista.

Miles de personas se lanzaron a ver por primera vez el oeste esa misma noche. El símbolo de la opresión y la división que había torcido millones de destinos y había costado la vida a al menos 138 personas por intentar cruzarlo se convirtió súbitamente en protagonista de una fiesta que unió a ciudadanos de los dos Berlines en imágenes que daban la vuelta al mundo. Otras, en tanto, con martillos e improvisadas picas en las manos, compartieron desde arriba del muro la alegría de derribarlo trozo a trozo, muy cerca de la imponente puerta de Brandenburgo. Desde lejos los sombríos policías de la exRDA observaban recelosos, pero por el otro lado los improvisados anfitriones occidentales se fundieron en un emocionado abrazo con sus visitantes. El canciller de Alemania Federal, habiendo interrumpido abruptamente su viaje a Polonia, acompañado de Willy Brandt y otras personalidades, se mezclaron con la multitud para dar la bienvenida a los recién llegados.

La gente bailaba, gritaba, reía, se abrazaba... El Muro había caído. Y, con él, el mayor símbolo de una Guerra Fría a punto ya de acabar. Es el fin de casi treinta años de división entre las dos Alemanias y la prueba de fuego definitiva para la Perestroika de Mijail Gorbachov. Luego llegarían las dificultades, la complicada integración de dos sociedades completamente diferentes y separadas por un abismo económico, el largo camino de la reunificación... Pero los acontecimientos de aquella noche, retransmitidos por televisión a todo el mundo, quedarían grabados ya para siempre como uno de esos momentos en los que el pueblo parece ser, por una vez, el auténtico protagonista de la Historia.

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