Álava busca en el castillo de Portilla un nuevo referente de su historia medieval

Los últimos hallazgos destacan la importancia de la fortaleza militar y de la ciudad que se levantó a sus pies

Recreación del Conjunto Monumental de Portilla en un momento de máximo esplendor en plena Edad Media. / Dbolit
Sergio Carracedo
SERGIO CARRACEDO

Hubo un tiempo en el que la villa de Portilla y su fortaleza fueron más importantes que la incipiente aldea de Gasteiz. Corría el siglo XI y el rey de Pamplona Sancho Garcés III (1004-1035) decidió establecer una tenencia en un cerro bien protegido de forma natural en la franja más occidental de sus posesiones. Fundó un castillo y a sus pies, una ciudad que creció hasta contar con arrabales en los que se formaría siglos después el actual pueblo de Portilla.

Ahora, mil años después, el Ayuntamiento de Zambrana, sus vecinos y la UPV, con la colaboración del Gobierno vasco y la Diputación de Álava, tratan de extraer la máxima información posible de este yacimiento y de sacar lustre a ese brillante pasado medieval con el que atraer turismo y generar riqueza para el municipio. Y potencial tiene a raudales. Dos imponentes farallones naturales, que discurren de este a oeste, favorecieron el asentamiento de población en este impresionante cerro que se eleva a casi 800 metros de altitud. El cerramiento de la ciudad se logró con dos tramos de murallas de norte a sur, que proporcionaban a sus moradores un espacio seguro y casi inexpugnable.

Cronología

500 a. C.
Primeros indicios de habitantes en la zona, durante la Edad del Hierro.
Siglo XI.
El rey Sancho Garcés III de Pamplona (1004-1035) manda construir una fortificación. De 1040 data la primera referencia escrita a la villa y al castillo.
Siglo XIII.
En el año 1200 pasa a manos castellanas. El castillo deja de ser fronterizo. Los habitantes comienzan a abandonar la vieja villa de Portilla para bajar al nuevo pueblo. El proceso duró más de 3 siglos.

Aunque el lugar ya estuvo habitado en la Edad del Hierro, hacia el 500 a. C., no sería hasta el segundo milenio cuando comenzó su esplendor gracias a que «el monarca pamplonés, en su política de expansión contra el condado de Castilla decide establecer su autoridad en el actual territorio de Álava». El arqueólogo de la Universidad del País Vasco José Luis Solaun, perteneciente al Grupo de Investigación en Patrimonio Construido (GPAC), es la persona que mejor conoce los entresijos y la historia de este conjunto monumental. «Tanto el registro arqueológico como las fuentes documentales coinciden en que el castillo se funda en la primera mitad del siglo XI. En el año 1040 el castillo de Portilla ya existía».

«Una auténtica ciudad»

«Pero no sólo se construye un castillo sino mucho más. A sus pies se edifica 'exnovo' una auténtica ciudad, la antigua Portilla, que después se denominó Portilla de Ibda. Era una verdadera ciudad de frontera en su política expansiva, pero también era una pequeña capital de provincia o municipio que funcionaba como centro administrativo, desde el que se recaudaba impuestos y se impartía justicia».

El yacimiento, abierto a visitas libres, muestra de forma visual cómo se estructuraba la sociedad en el Medievo, con el poder político y militar en lo más alto, en el castillo, a casi 800 metros de altitud. A los pies de la fortaleza, unos 35 metros por debajo, el poder religioso y comercial se encontraba en la iglesia y en la inmediata plaza del mercado, «dentro de las murallas para poder cobrar el portazgo». Mientras que las viviendas se extendían ladera abajo, «posiblemente con cierto orden establecido por el estatus social de sus propietarios. Las clases más pudientes, clero, hidalgos o comerciantes, residirían en la zona alta, mientras que los estratos más modestos, campesinos o artesanos ocuparían las zonas bajas o los arrabales».

El declive y abandono

Las mismas razones que originaron Portilla -su enriscada ubicación y su localización fronteriza- supusieron su declive y posterior abandono. En el año 1200 fue moneda de cambio entre el reino de Navarra y la Corona de Castilla en permuta por Miranda de Arga, por lo que quedó en manos castellanas. En ese momento pierde su fundamento estratégico y la población encuentra en las llanuras inmediatas «tierras más amplias, mejores y más fáciles de trabajar», razona José Luis Solaun. A partir de entonces comenzó su decadencia. Así lo demuestran las excavaciones arqueológicas realizadas en el poblado. «En el siglo XIII comienza la gente a abandonar las viviendas. Una de las casas excavadas se abandonó en el XIV. Se van abajo, al actual pueblo de Portilla, que nació como el arrabal de la vieja villa», indica el arqueólogo.

El Castillo de Portilla está siendo sometido a obras de consolidación que harán más fácil la visita (arriba). El arqueólogo José Luis Solaun, en uno de los miradores de la fortaleza, dirige una visita (izquierda) y los proyectiles, del tamaño de un balón de baloncesto, hallados en una de las torres eran lanzados por catapultas. / S. CARRACEDO

«Aunque los habitantes se trasladan abajo, la iglesia permaneció arriba. El templo románico se construyó en el siglo XIII y junto con el castillo siguió en funcionamiento hasta mediados del XVI, que es cuando se construyó la iglesia de la actual Portilla y el obispado de Calahorra da permiso para que se traslade el culto. A pesar de vivir abajo desde el siglo XIII, los habitantes de Portilla tuvieron que seguir subiendo los 800 metros de distancia para celebrar sus actos religiosos o para ser enterrados hasta mediados del XVI», explica Solaun.

Las visitas

Abierto por obras
El yacimiento se encuentro abierto al público y dispone de paneles informativos que ayudan a comprender la historia y evolución del lugar.
Visitas guiadas
El Ayuntamiento de Zambrana cuenta con varios vecinos formados para dirigir las visitas guiadas.
El acceso
Desde el pueblo de Portilla, a 30 minutos en coche desde Vitoria, se accede a la villa vieja y al castillo tras caminar 800 metros a pie por un camino ascendente.
Visita familiar
Cuenta con un sistema de escaleras y pasarelas que permite acceder a la parte superior de la fortaleza sin demasiado esfuerzo. Las vistas son espectaculares.

Durante siglos el espacio que ocupó la vieja ciudad «se dedicó a campos de cultivo hasta que hace cien años se abandonó de forma definitiva» y las encinas se adueñaron del lugar. «Nunca va a dejar ser un monte», sentencia Solaun desde un emplazamiento que aúna el patrimonio natural y el cultural y en el que «no se entiende que hubiese una ciudad y un castillo sin entender la propia geología», que favoreció el asentamiento en «un peñasco inaccesible».

José Luis Solaun: «El siguiente objetivo es el premio Europa Nostra»
El premio de Hispania Nostra.

El proyecto de Portilla tiene un componente que lo hace diferente a otros yacimientos. La iniciativa no surgió de las instituciones sino de la propia ciudadanía de Zambrana. En 2008, la gente joven del municipio creó un nuevo partido que ganó las elecciones y decidió apostar por recuperar su patrimonio. Desde entonces, el Ayuntamiento, las juntas administrativas y las asociaciones vecinales se han esforzado en la promoción de su patrimonio y en la limpieza de los yacimientos gracias a veredas y 'auzolanak'. Además, solicitaron la protección del conjunto histórico al Gobierno vasco y en 2012 lograron que fuera declarado Bien Cultural Calificado. En 2016, de la mano de la UPV, obtuvieron el premio Hispania Nostra. «El siguiente objetivo es el premio Europa Nostra», reconoce el arqueólogo José Luis Solaun.

El propio Solaun y el alcalde de Zambrana, Aitor Abecia, participaron la semana pasada en unas jornadas en Santiago de Compostela para compartir la experiencia social y la participación ciudadana de Portilla en una mesa redonda acerca de 'Buenas prácticas en la conservación del Patrimonio Cultural y Natural', invitados por Hispania Nostra.