Mis razones para secundar, o no, los paros del 8-M

Quince mujeres con muy distintas profesiones y cargos explican sus razones para movilizarse el 8 de marzo

Mis razones para secundar, o no, los paros del 8-M

Este 8 de marzo promete convertirse en el más reivindicativo de la historia. La huelga de mujeres promovida por el movimiento feminista internacional tendrá mañana una amplia respuesta en el conjunto de Euskadi, a juzgar por las opiniones recogidas entre las numerosas trabajadoras consultadas por EL CORREO. Las elegidas pertenecen a muy diferentes sectores y tienen cargos muy diversos en empresas o instituciones, públicas y privadas. El principal motivo para el paro en el Día Internacional de la Mujer, según cuentan, se resume en una palabra: igualdad.

«Trabajo como un hombre, pero concilio como mujer»

Arantza López es fiscal de criminalidad informática de Bizkaia y madre de una niña de cuatro años. «Tengo la misma carga de trabajo, pero con la conciliación de una mujer», resume. En su caso, como en el de las juezas, «formalmente no puedo sumarme a la huelga porque no tenemos reconocido ese derecho como poder del Estado, aunque es algo discutible», aclara. En la actualidad, «hay más mujeres que hombres en la Fiscalía, también en las jefaturas pequeñas. La diferencia llega a niveles superiores, pero no hay que olvidar que entramos en una carrera de hombres», advierte. Tanto la Fiscalía superior del País Vasco, como la jefatura de Bizkaia la ejercen hoy en día mujeres. Sin embargo, «las excedencias las pedimos nosotras y en ese tiempo no estamos puntuando ni promocionando, y los permisos de maternidad los agotamos también nosotras, además de no estar igualados».

«Cuesta mucho entrar en un mundo laboral masculino»

Es una de las cinco taxistas mujeres de Vitoria. Desde el pasado enero preside además la Asociación Alavesa del Taxi (Alatax). Izaskun López de Sosoaga afirma que «muy posiblemente» hará huelga el jueves. «Estoy muy sensibilizada con el tema de la mujer». En su ámbito profesional, la presencia femenina es aún muy reducida. «Soy muy consciente del hecho de que nos cuesta mucho entrar en un mundo laboral que hasta ahora ha estado dirigido a hombres en muchos ámbitos». Como autónoma, titular de licencia, tiene claro que la presión que puede ejercer es muy limitada porque «en mi caso, si voy a trabajar, cobro y si no, pues nada». Pero «a nivel personal y de conciencia estoy con las mujeres y por supuesto que me gustaría hacer algo».

«Nos discriminan por no dejar de ser cuidadoras»

Especializada en Psiquiatría, esta médico forense de Bizkaia, hará un paro de cuatro horas este jueves y acudirá a la manifestación de las doce del mediodía en la capital vizcaína. Con su acto reivindicativo quiere poner de manifiesto la importancia de las mujeres en el funcionamiento diario de la Administración de Justicia, además de denunciar que «el mercado laboral nos discriminina, precisamente por no dejar de ser cuidadoras». En Bizkaia hay una mayoría de médicas forenses, lo que, a su juicio, «enriquece las pericias en casos tan trascendentales como las agresiones sexuales o la violencia de género». Se enfrenta a menudo a «comentarios machistas, en los que se pone en duda mi acierto diagnóstico, no mi fuerza física».

«La jornada reducida nos afectará mucho a la pensión»

Arantza Sierra parará tres horas y será de las que se ponga detrás de una pancarta en las manifestaciones convocadas. Lidera Satse en Álava, el sindicato de enfermería, una de las profesiones sanitarias con mayor presencia de la mujer. «En mi casa me apoyan, pero tengo que ser realista y consecuente con mi vida familiar, yo no puedo hacer una huelga de 24 horas», explica. De cara a esta jornada reivindicativa del jueves, la enfermera invita a sus compañeros de profesión a reflexionar sobre su futuro. «En nuestra profesión creemos que no hay brecha salarial porque cobramos lo mismo que nuestros compañeros, pero creo que no somos conscientes de la realidad. Muchas tienen jornadas reducidas por cuidado de hijos o mayores y eso les va a afectar mucho a la jubilación», relata. «Cuando llegue el momento del final de su vida laboral verán que han cotizado diez años menos que sus compañeros. Y si encima su pareja se ha roto, ellas habrán cuidado a los hijos, a los padres y serán más pobres que sus ex».

«Nadie nos enseña a comunicar para la igualdad»

«Voy a hacer huelga todo el día y estaré en la calle, en la concentración de Bilbao por la mañana y en la de Bakio a las ocho de la noche con mis dos hijas, de 23 y 16 años, que son feministas». Para Ana Urrutia, periodista de ETB y presentadora del tiempo, «este 8 de marzo va a marcar un punto importante en la historia de la lucha por la igualdad». Siente «energías y vibraciones muy fuertes» de cara a una cita en la que espera que «estemos unidas distintas generaciones». Respeto a su profesión, aunque en EiTB predominan las mujeres, incluso en las esferas de poder, con una directora general y una de informativos, «en la facultad no nos enseñaron a comunicar en igualdad, por lo que la presencia femenina no te asegura una perspectiva de género en la comunicación». Con sus «gafas moradas», intenta luchar a diario contra la «visión androcéntrica del mundo, en el que el hombre es lo normal y las mujeres somos lo otro». «Se notan cambios importantes, por ejemplo en cómo se trata la violencia machista, pero haría falta un órgano de seguimiento», cree.

«Pararé, pero haré huelga a la japonesa»

La endocrinóloga y profesora de la Facultad de Medicina y Enfermería de la UPV/EHU considera que existen motivos para la huelga, pero no para que ella pare. «Si lo hago causaré más perjucio que beneficio a los pacientes citados para el día 8 y a los estudiantes, que tendré que convocarles otro día para darles la clase. Me parece poco profesional», considera Sonia Gaztambide. Tampoco se siente discriminada por ser mujer. «En Medicina hay más hombres que mujeres al mando, pero yo soy jefa de servicio del hospital de Cruces y tengo que reconocer que no he tenido problemas para llegar a este puesto», sostiene. Conclusión: «Haré huelga a la japonesa».

«Mi sector es el ejemplo de motivo para protestar»

La ayuda a domicilio «es uno de los mejores ejemplos de motivo para la huelga», según la auxiliar Alicia Graña, empleada en una empresa de Getxo. «Reunimos las cuatro características de los trabajos feminizados», afirma con argumentos que pasa a detallar. Uno, temporalidad: «Hay un porcentaje muy alto de trabajadoras eventuales». Dos, parcialidad: «Hay muchísimo contrato a media jornada, con disponibilidad absoluta de 24 horas». Tercer motivo, precariedad laboral: «Nunca saben qué salario se van a llevar a casa un mes». Y cuatro, desigualdad: «El 99% de los trabajadores somos mujeres. No hay un compromiso por la igualdad ni por parte de la empresa ni de las instituciones públicas». Para Graña, hay «más que razones» para parar. «En 2015 éramos 1.500 trabajadoras en Bizkaia. La población envejece, pero ahora sólo somos 1.200».

«Si paramos nosotras, se para el mundo»

Enfermera del servicio de Psiquiatría del hospital de Galdakao, Noemi Paredes se encuentra estos días de baja, pero ve que existen motivos para colgar la bata por un día. «Es una buena forma de demostrar lo que hacemos las mujeres. Si paramos nosotras, se para el mundo», asegura rotunda. El 8-M será una jornada que, a su juicio, removerá conciencias. «El 90% de la profesión somos mujeres, pero el jefe de Enfermería de Psiquiatría es un hombre. Antes estuve en otro hospital; y curiosamente también ocupaba ese puesto un hombre. La Medicina en general es una profesión repleta de mujeres dirigida por unos pocos hombres», sentencia.

«No me han minusvalorado, pero soy solidaria»

«Jamás me he sentido minusvalorada por ser mujer en Telefónica, que es una empresa importante de España. Aún así, soy consciente, porque lo veo a mi alrededor, de lo discriminadas que vivimos las mujeres en lo personal, lo laboral, el ámbito familiar y el social», relata Marisa Martínez, trabajadora de la operadora de comunicaciones, que saldrá a la huelga el próximo jueves «en solidaridad» con la población femenina. A diferencia de otros niveles, la presencia de mujeres en los puestos de dirección de la compañía también es limitada «comparada con la de los hombres». Es algo que considera, «cuando menos, llamativo». En cambio, «en mi sección -cuenta- trabajamos cincuenta personas, de las que sólo tres son mujeres».

«Los tratamientos clínicos están ajustados para ellos»

La profesora de la Facultad de Medicina Lucía Gallego considera que, aunque parezca de manera general que la situación ha mejorado, en realidad «no es así». «Sigue existiendo una desigualdad social, laboral y en la educación». Incluso, asegura, hay «mucho sesgo de género» en la Facultad de Medicina. «En la docencia que se da en áreas de Salud no se tiene en cuenta que los síntomas de enfermedades son diferentes en las mujeres o que los tratamientos están ajustados para los hombres y eso debería cambiar en las facultades», comenta. En el terreno laboral también hay un largo camino aún por recorrer. «Hay muchas alumnas en las facultades, en los laboratorios, en los equipos de investigación... pero muy pocas en cargos directivos, dirigiendo grupos de científicos, o catedráticas. La desproporción es enorme». La carga que asume la mujer en las labores de casa o de cuidado de hijos, «y que la propia sociedad le asigna», es un obstáculo para progresar. Recuerda también que las mujeres tienen «más dificultades para ser elegidas en congresos, comités científicos, jornadas o para que se seleccionen y publiquen sus artículos», lo que «lastra su carrera profesional».

«Nuestro sueldo no es un complemento al del marido»

Tres argumentos «indiscutibles» dice Soraya García -empleada del sector de residencias de mayores de Bizkaia- que tiene para ir a la huelga. «Soy trabajadora, sindicalista y feminista», sostiene. «Después de 378 días de una huelga en los que insistimos una y otra vez que la mayoría de las empleadas de las residencias de Bizkaia somos mujeres que trabajamos en condiciones muy precarias, estamos obligadas a estar también en esta movilización», afirma García, delegada sindical de ELA. «Las mujeres hemos sido a lo largo de la historia las cuidadoras de la familia. Ahora se pretende que sigamos siéndolo casi gratis. Nuestro salario no es, como dicen algunos, un segundo sueldo para casa, ni un complemento del salario del marido».

«En el arte estudiamos a los hombres y a pocas mujeres»

«Voy a hacer huelga», afirma rotunda Irantzu Lekue. No tiene dudas. «Soy mujer y creo que todas las mujeres tenemos que reivindicar una igualdad verdadera en todos los sectores. En el sector artístico -añade- tenemos muy pocos referentes femeninos. En su inmensa mayoría estudiamos a los hombres creadores y hay pocos ejemplos de mujeres para seguir». Las dificultades se extienden también porque, aunque más del 50% de las estudiantes de Bellas Artes «somos mujeres, las que exponen son una ínfima parte». Los datos son escalofriantes. «Todas las mujeres tenemos los mismos derechos», proclama. «Lo he vivido y lo conozco de primera mano. Tanto en mi vida personal como profesional he sufrido discriminaciones por género. El arte es una profesión en la que a lo largo de la historia solo han llegado hombres a los libros. Adentrarse en una profesión tiene dificultades y si eres mujer tienes que demostrar tres veces más».

«Tenemos 35 conductoras frente a 300 chóferes»

«Por supuesto». María José Ajuriaguerra apoyará las reivindicaciones del jueves aunque todavía desconoce si podrá participar en los paros. Está al frente de una empresa con casi 400 empleados, donde la presencia de la mujer todavía es «escasa», un 12% contando a todo el personal, desde el que cada día se pone al volante hasta los empleados de las oficinas y el aparcamiento. Aunque cada vez son más las conductoras, «aún son sólo 35, frente a los más de 300 chóferes. Hay mucho trabajo por hacer», apunta. Ajuriaguerra recalca que la igualdad «es esencial para vencer los estereotipos sociales».

«Es la ocasión para visibilizar a la mitad de la población»

Livia López siente punzadas de orgullo cuando ve a familias enteras disfrutando de los partidos de baloncesto femenino o cuando un niño pide a una jugadora que le firme una camiseta. «Eso hace unos años era impensable». La presidenta del Araski, el equipo alavés en la élite del baloncesto femenino, y sus compañeras han sido abanderadas de la lucha por visibilizar a la mujer en el deporte con su esfuerzo a pie de cancha, con los niños y con el trabajo en valores.

López, que acaba de comenzar una aventura como hostelera, no podrá hacer huelga el jueves, pero se sumará a las movilizaciones. Mientras el equipo estudia hoy cómo apoyar el 8-M, la presidenta defiende salir a la calle «porque es la primera vez que se plantea una movilización general tan potente y tenemos la oportunidad de que se vea que somos la mitad de la población», advierte. «Que no me quiten o me dejen de dar por ser mujer. Creo que hay que romper techos y paredes», apostilla.

«Esta huelga la apoya hasta mi madre de 81 años»

«Cuando terminó la huelga de las residencias ya dijimos que acababa una guerra, pero que seguían pendientes otras batallas», advierte la gerocultora de Erandio Zoa Sáenz de Santamaría. «Vamos a estar en la calle», exhorta. El suyo es un sector muy feminizado, aunque cada vez llegan a él más hombres, muchos con edades superiores a los 40 años, procedentes de la construcción. Hay razones para la huelga. «En mi casa la apoya hasta mi madre, de 81 años, que sacará algún símbolo al balcón», afirma.

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