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El relojero ciego de Muxika

Andrés López de Larrucea, que había perdido por completo la visión a los 7 años, iba de caserío en caserío recomponiendo resortes y engranajes: «Cuando un hombre se propone una cosa, no cabe duda de que la consigue», decía

Andrés explica el funcionamiento de un reloj al reportero Carlos, en 1954./Claudio
Andrés explica el funcionamiento de un reloj al reportero Carlos, en 1954. / Claudio
CARLOS BENITO

Andrés López de Larrucea fue un personaje muy popular en la comarca de Gernika, con una fama que llegó a extenderse más allá de las fronteras de Bizkaia y de Euskadi. En 1945, la revista 'Cuadernos de relojería' le hizo una entrevista en la que explicaba cómo aprendió a recomponer esas maquinarias minúsculas y apretadas, que a los profanos nos parecen un desquiciante rompecabezas: «Nadie me enseñó nada, tuve que aprender solo, con mucha paciencia. Fueron muchos los días que tuve por compañero un despertador en la mano, hasta poder conocer todos sus entresijos de funcionamiento. Lo desmonté por completo y, pieza a pieza, fui descubriendo su forma de funcionar. Incluso, donde el tacto de mis dedos no llegaba, me lo ponía en la boca y con la lengua llegaba a los más pequeños orificios hasta conocerlo por completo», relataba entonces Andrés, en una respuesta recogida por José Daniel Barquero Cabrero en su libro 'Todo sobre los relojes de bolsillo'. Nuestro protagonista, ciego desde los 7 años, solo contaba con el tacto y el oído para sacar adelante esa tarea, con una precisión quirúrgica que pasmaba a locales y forasteros.

 

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