El multitudinario Primero de Mayo de 1919

Hace un siglo, Bilbao vivió una Fiesta del Trabajo histórica. A los actos ya conocidos se unieron reivindicaciones nuevas amparadas en una unión obrera como nunca antes se había visto

Talleres Euskalduna, donde se produjeron los disparos después de la cita obrera de 1919./
Talleres Euskalduna, donde se produjeron los disparos después de la cita obrera de 1919.
Imanol Villa
IMANOL VILLA

El Primero de Mayo de hace un siglo fue un día lluvioso. Nada que ver con lo que se esperaba de la primavera entonces. «El día de ayer, día de invierno –se apuntó en las páginas de 'El Liberal'–, puede ser anotado con letras de oro por los obreros y no echado en olvido por aquellos que sienten un odio profundo a las clases necesitadas y se oponen a su progreso y reivindicación». No se recordaba en Bilbao un 1 de Mayo como el de 1919. Una marea humana recorrió las calles de la villa en un ambiente que impuso respeto incluso a los más recelosos ante las exigencias obreras. «Todo cuanto se diga resultará pálido ante la realidad», señaló 'El Liberal'. Aunque, en verdad, no todos se sintieron impresionados por la manifestación. Para 'El Noticiero Bilbaíno' fue una concentración animada, festiva y sufriente debido a la pertinaz lluvia que cayó sobre Bilbao. No fue multitudinaria y mucho menos, histórica.

No era de extrañar la diferencia entre ambos diarios. Cada uno, como pasa en estos casos, contó los hechos según las conveniencias que marcaban las ideas del momento. De hecho, mientras que 'El Liberal' dedicó una página entera de cinco columnas, 'El Noticiero Bilbaíno' tan solo completó poco menos de una columna. Estaban claras las diferencias. De todos modos, ni uno ni otro dieron cifras de asistentes. No hubo conflicto matemático, sino, simplemente, de apreciaciones subjetivas sobre un mismo hecho.

Las celebraciones del 1 de Mayo de 1919 arrancaron muy temprano. A las seis de la mañana se lanzaron cohetes y chupinazos para anunciar el inicio de la Fiesta del Trabajo. Media hora más tarde, la Banda Municipal tocó «bonitas canciones de diana», se dijo, para que nadie se quedara en la cama. Estaba claro hace cien años que, al menos entre los obreros, las fiestas no eran para dormir. Y eso que en 1919, el 1 de Mayo no era fiesta. Muchos trabajadores cogían el día libre, otros lo obtenían de los patronos y otros muchos iban al tajo puesto que era día laborable. No obstante, se dijo que fueron muchos los obreros que salieron a manifestarse pues habían perdido el miedo a los despidos. De alguna manera se había tomado conciencia de lo importante que era la unión frente a una clase patronal que, ya entonces, había entendido que la Fiesta del Trabajo era un día de reivindicaciones y no una excusa para ejecutar despidos varios.

Los actos dieron comienzo en la Plaza de la Cantera, donde se celebró un mitin y se leyeron las conclusiones acordadas por la Unión General de Trabajadores. En las mismas, además de hacer un repaso reivindicativo de los asuntos sociales y políticos del país, la organización sindical lanzó su proyecto de Estatuto Obrero, en el que se consignaban una serie de peticiones encaminadas a la mejora de la calidad de vida de los trabajadores. Entre las reclamaciones apuntadas se destacaban el establecimiento de la jornada máxima de ocho horas, el reconocimiento de las sociedades obreras, un salario mínimo y su revisión de acorde al coste de la vida, garantías de asociación incluso para los funcionarios, una legislación concreta sobre seguridad e higiene en el trabajo, una política específica sobre vivienda, mutualidad, reconocimiento de enfermedades profesionales, derecho a la huelga… Eran reivindicaciones, muchas de ellas casi históricas, que en ese momento el sindicato socialista creyó oportuno exigírselas al gobierno de una vez. El movimiento obrero de hace un siglo se creía fuerte. Fuerte y unido.

La anécdota del día corrió a cargo de las Juventudes Socialistas. Organizaron lo que dieron en llamar la Fiesta del clavel. Todos los obreros lucieron en sus solapas un clavel rojo, «que lindas manos de mujer habían colocado a cambio de unos céntimos, que serán destinados a editar las obras de aquel gran organizador de Juventudes que en vida se llamó Tomás Meabe». Fue un éxito. De hecho, se obtuvo una cantidad de dinero generosa. «Las bellas jóvenes encargadas de la recaudación trabajaron con verdadero empeño para lograr una crecida cantidad y así lo consiguieron. La simpatía y la gracia de aquellas jovencitas dio un golpe de muerte en los bolsillos de los obreros ofreciéndoles una flor roja».

Refriega en Euskalduna

En cuanto a los sucesos, apenas hubo cosas reseñables. La multitudinaria manifestación discurrió en paz en un ambiente festivo, encabezada por los estandartes y banderas de todas las asociaciones obreras de la villa. La única nota discordante se produjo una vez acabado el acto principal, cuando un grupo de obreros se dirigieron a los talleres Euskalduna y exigieron a los trabajadores que allí se encontraran que se unieran a la fiesta. La negativa de estos provocó una fuerte discusión que acabó con agresiones y disparos al aire. Sobre este hecho, del que 'El Liberal' no añadió nada más, 'El Noticiero Bilbaíno' informó que, a pesar de que en el parte correspondiente a los hechos acaecidos no se mencionó la existencia de heridos, sí se tuvo constancia de que varias personas habían acudido a las Casas de Socorro correspondientes con heridas de bala, lo que llevó a concluir que sí había habido heridos en la refriega de Euskalduna.

Por lo demás, la Fiesta del Trabajo de 1919 se celebró en paz, tanto en Bilbao como en los pueblos de la Margen Izquierda y zona minera. El propio Gobernador civil señaló que «en la fiesta celebrada por los obreros no había ocurrido novedad».