Las ermitas rupestres de Valderredible

Los eremitorios excavados por los cristianos en la Baja Edad Media conservan columnas, capiteles y pilas bautismales. Un centro de interpretación detalla sus características y facilita las visitas

La iglesia de los santos Justo y Pastor, en Olleros de Pisuerga, es uno de los más espectaculares templos construidos bajo la roca./
La iglesia de los santos Justo y Pastor, en Olleros de Pisuerga, es uno de los más espectaculares templos construidos bajo la roca.
ELENA SIERRA

En la iglesia de Santa María de Valverde nadie dirá que no va a misa porque se alarga mucho y le come la mañana. Estas misas son muy cortas. ¿15, 17 minutos? Poco más pueden durar. El cura –que, además, tiene que ocuparse de otras muchas iglesias del entorno– sabe que son de alto riesgo: hace un frío que pela dentro de la pequeñísima nave, como para pillar algo malo. Es así todo el año. Es lo normal, porque la iglesita está excavada en la roca, digamos que solo una fachada sobresale por encima de la tierra. Sobre ella hay, aparte de un campanario añadido en época románica, un techado moderno cuya función es protegerla de las inclemencias del tiempo y de las filtraciones de agua en un valle en el que la nieve no es rara, el de Valderredible, situado allá donde Cantabria toca ya el norte de Palencia.

Este lugar es mágico y así lo vieron los eremitas que buscaron paz y tranquilidad y refugio en una tierra que permaneció alejada de las guerras durante siglos. Por aquí fueron recalando los cristianos y haciéndose hueco en época visigoda. Hueco, esa es la palabra clave. Por toda la zona hay ermitas excavadas. Una primera oquedad natural en la piedra arenisca llevaba a los creyentes a meterse dentro, y con el tiempo a ir horadando con sus herramientas para sacarle a la mole de la montaña formas arquitectónicas como las que podían hacerse cuando se levantaba un edificio desde cero. Arcos, columnas, huecos para las vigas, pilas bautismales, enterramientos dentro y alrededor, altares, espacios para sagrarios y sacristías...

Ermitas rupestres

Dónde
Valderredible se encuentra a 40 kilómetros de Reinosa, junto a la muga con Palencia y Burgos.
Webs
www.valderredible.es y www.turismodecantabria.com.

Con el paso de los siglos hasta la Alta Edad Media y con el empeño de los creyentes que fueron sucediéndose –tanto los que vivían en las mismas cuevas como los que lo hacían en los pueblos cercanos–, estos templos fueron adquiriendo la imagen que hoy conservan. En el caso de Santa María de Valverde, una nave grande –pero pequeña comparada con cualquier iglesia del montón– y una mucho más pequeña a un lateral; algunas pinturas que el tiempo desvanece, un retablo de fecha muy posterior.

Todas invitan a hacer una ruta que une patrimonio cultural y natural, sin duda. Santa María de Valverde es uno de los mejores ejemplos de iglesia rupestre de la zona de Valderredible, pero ni mucho menos es la única que se conserva y que puede visitarse. Hay una especie de corredor que queda muy bien explicado en el Centro de Interpretación del Rupestre, un museo que comparte pradera con la iglesia. Es uno de esos museos que hay por toda Cantabria que sorprenden por el uso de la tecnología para tratar de llevar a los visitantes a un viaje espacio-temporal y para que se queden grabadas algunas ideas de lo que se está viendo.

Un paso por el museo

Por solo un eurito –desde ahora hasta finales de junio, en horario de 10.00 a 14.00 y de 16.00 a 19.00 horas los sábados, domingos y festivos, pero en pleno verano de martes a domingo–, lo primero que se hace es entrar en uno de esos huecos. Es de cartón piedra, claro, pero la falta de luz, el sonido del agua, la música y los efectos audiovisuales ayudan a encontrarse con uno de aquellos monjes anacoretas que hicieron de la roca su hogar y su templo. El contexto histórico y la forma de vida, las creencias y la mística, todo va apareciendo ante los ojos de los visitantes mientras avanzan de una cueva a otra. Esto sería, se supone, lo que el santo evangelizador San Millán vivió, por esta zona, allá por el siglo IV.

El resto de la visita se realiza a plena luz. Uno de los espacios del centro recrea una necrópolis. Toda ermita rupestre tenía una. Bueno, la tiene. Alrededor de Santa María de Valverde está la suya. Las tumbas excavadas en la piedra están ahora protegidas, aunque alguna escapa del techado y recoge agua de lluvia. Las hay de todos los tamaños, grandes y pequeñas. Parece mentira que aguanten después de tantos siglos. En algunos lugares, allí donde no se han realizado excavaciones para estudiarlas, las tumbas están ya todas bajo tierra y hierba, pero no aquí. Tampoco en Santa Leocadia, en el pueblo cercano de Castrillo de Valdelomar, Santa María de Peñota (Susilla) y San Pantaleón (La Puente del Valle).

La planta de arriba del centro de interpretación va explicando las diferentes iglesias, necrópolis y cuevas artificiales que los habitantes de Valderredible fueron 'construyendo'. Las sitúa en el mapa, señala sus características y profundiza en el contexto político y religioso. Un audiovisual las enseña para poner los dientes largos y las pantallas táctiles invitan a jugar, a ver si se ha aprendido la lección.

Tumbas en Santa María de Valverde.
Tumbas en Santa María de Valverde.

Luego solo cabe salir a buscarlas. Santa Eulalia en Campo de Ebro, San Cipirano en Cadalso y San Miguel en Presillas, como iglesias rupestres. Como cuevas en las que vivieron los monjes su fe alejados de la gente, El Cuevatón en San Andrés de Valdelomar, Peña Horacada en San Martín de Valdelomar y Peña Castrejón en Castrillo de Valdelomar –estas tres están todas muy cerca, en el entorno de Santa María de Valverde, y alguna puede verse desde la carretera que une todos los pueblitos–; y La Cueva en Arroyuelos y El Tobazo en Villaescusa de Ebro.

Estas quedan en la parte este de Valderredible, bastante lejos del primer núcleo, ya casi en Burgos. Cada una en un estado de conservación distinto y con accesos variados (desde el aparcamiento en la puerta hasta las caminatas por senderos y casi la escalada), cuentan diferentes historias. Leerlas o escucharlas todas, palparlas, lleva varios días.

Interior de San Pelayo, en Villacibio.
Interior de San Pelayo, en Villacibio.

No es mala idea quedarse en la parte oeste, en el núcleo que forman las de los pueblos apellidados 'de Valdelomar', con Santa María de Valverde y el Centro de Interpretación del Rupestre como punto de partida. Sobre todo porque si se continúa yendo hacia el Occidente, se cruza a Palencia, se pasa Aguilar de Campoo y se planta uno en Villacibio, donde merece la pena conocer San Pelayo, y en Olleros de Pisuerga. Y aquí presumen los vecinos de la iglesia de los Santos Justo y Pastor y dicen que no hay nada igual en toda la Península ni más allá –algo en Francia, pero bah, cuentan–. Puede ser.

Los eremitas no se limitaron a ocupar los agujeros del Monte Cildá y a enterrarse a sus pies. Fueron extendiendo sus dominios –bueno, los de su dios– a lo ancho y largo de esa superficie. Primero sus propios habitáculos. Luego, excavaron más y construyeron, hacia el interior de la montaña, una iglesia que ha sido denominada catedral del rupestre. Dos buenas naves con sus bóvedas, sacristía, coro, columnas altas, frescos. De todo. Y con los años, la espadaña encima del monte que es el único elemento que se ve de lejos y la torre exenta sobre otra roca.

Este templo fue la iglesia parroquial de Olleros. Hoy acoge misa como hace siglos, con las limitaciones que supone la escasa población y la falta de curas para tanto terreno. La gente sigue enterrando aquí a sus muertos, pero ya no en la misma roca, sino en el cementerio anexo. Ese que se ve desde la única entrada, que se asoma a unas vistas preciosas del campo, con la autovía a lo lejos y más allá, más monte. No eligieron mal entonces los anacoretas sus refugio, hoy podrían igualmente retirarse en cualquiera de estos rincones.