Una noche a 3.000 metros de altura en los Pirineos

Subimos al Taillón y dormimos en la Brecha de Roland, uno de los enclaves más conocidos y bellos de la cordillera pirenáica

Vista desde la Brecha al amanecer./J. Garay
Vista desde la Brecha al amanecer. / J. Garay
Jon Garay
JON GARAY

Son las 23.02 de la noche. Ahora ya las 23.03. Se oye el ligero rumor del discurrir de un pequeño riachuelo. Por lo demás, el silencio es absoluto. El cielo luce estrellado. Ni una nube. Estamos embutidos en los sacos de dormir en un recoveco en la roca a 2.850 metros de altitud. A apenas unos pasos, unos 20 metros o quizás menos, a la izquierda, se encuentra uno de los lugares más conocidos e impresionantes de los Pirineos, la Brecha de Roland, un enorme tajo en la montaña de 100 metros de alto y 40 de ancho que permite el paso desde Francia a España. Bueno, quizás sea mejor decir que de España a Francia. Según una preciosa (y lúgubre leyenda), fue Roland, el valiente sobrino de Carlomagno, el que abrió esta enorme hendidura en la montaña cuando ya agonizante tras la batalla de Roncesvalles trató de lanzar su imponente espada, de nombre Durandarte, hacia su tierra natal. Tres veces lo intentó sin lograr su objetivo hasta que en su último esfuerzo la arrojó con tal fuerza que logró partir literalmente la montaña.

Fuera hace frío, menos de diez grados. Sin embargo, dentro del saco de dormir apenas se nota. Su 'temperatura de confort' es de -5º. En teoría, esto significa que una mujer podría dormir cómodamente y sin tener que ponerse ropa demás a esa temperatura. En el caso de un hombre, ese valor sería algo más alto. Sea como sea, con un pantalón corto y una camiseta no hay mayor problema. De hecho, casi sobran. Mayor problema es que apenas es posible moverse por lo ajustado que es. Y alguna otra piedrita que se clava en la espalda. Al menos estamos bien resguardados en caso de que llueva.

El camino hasta aquí ha sido largo y duro. El Taillón es uno de los considerados tresmiles más sencillos de los Pirineos. Es cierto que no hay pasos que puedan considerarse de excesivo riesgo, pero también lo es que hay tramos ya cerca de la cima que no conviene tomarse a la ligera al estar la piedra (pizarra, en concreto) muy suelta. Especialmente si se tiene en cuenta la carga de una mochila con agua y comida para dos días, el mencionado saco, la esterilla y la ropa de abrigo, que nunca se sabe lo que puede ocurrir en estas montañas.

De camino al Taillón

La subida había comenzado unas horas antes en la pradera de Ordesa, a 1.390 metros de altitud. Del 29 de junio al 15 de septiembre solo se puede acceder en autobús desde Torla, un recorrido de apenas media hora. Una vez en el aparcamiento, en lugar de seguir adelante por el camino que lleva hacia la preciosa cola del caballo o, a la derecha, hacia la senda de los cazadores, hay que retroceder hasta encontrar un cartel que indica el circo de Carriata, Faja Rajón y Tozal del Mayo.

El reloj marca las 9.20 de la mañana. No teníamos prisa porque el objetivo era hacer noche en la cima. Otra razón, y de peso, era que habíamos salido de Bilbao a las cuatro de la madrugada para llegar a Torla a las 8.20. El trabajo es el trabajo. Tras unos primeros metros sin dificultad por un hermoso bosque de pinos, la pendiente comienza a inclinarse al mismo tiempo que la ropa a sobrar. A los 40 minutos llegamos a una especie de pequeña cabaña de color granate que cambia el panorama. El bosque se abre y deja ver la impresionante pared del circo de Carriata. Son unos 800 metros de desnivel muy pronunciado, incluido el paso por las clavijas del mismo nombre. Se pueden evitar por el camino alternativo de la fajeta por la derecha, pero no son mayor problema.

La Brecha de Roland, el vivac y las clavijas de Carriata.

La cima, más cerca

Tras poco más de dos horas llegamos arriba. Es momento de decidir si seguir adelante por el valle o ir hacia la derecha por la impresionante Faja de las Flores. Optamos por la primera opción, en teoría una vía más directa, pero también menos hermosa. Se ha de continuar en línea recta por los llanos de Sallarons hasta llegar a un humedal seco en verano. En ese momento hay que girar a la derecha para pasar por el Collado Blanco y descender a un gran valle hasta quedar de frente a la espectacular brecha de Rolland, que queda a la izquierda. Toca volver a subir. Como suele ocurrir, parece que está cerca, pero las distancias en la montaña siempre engañan. Nos lleva hora y media. Es un lugar que impresiona. Por sus cifras -100 metros de alto y 40 de ancho-, por su belleza y por las vistas. Basta con asomarse al lado francés para contemplar la cascada de Gavarnie.

Tras recuperar fuerzas, hay que seguir adelante. La cima del Taillón queda a la izquierda. Continuamos bien pegados a la pared de la montaña hacia la falsa brecha y el Dedo para afrontar desde aquí el último tramo del ascenso. Cuarenta minutos minutos después, a las 16.57, llegamos por fin a la cumbre. 3.146 metros de altura. Todo el esfuerzo ha merecido la pena. El paisaje es espectacular: el Casco, el Cilindro, Monte Perdido...

Overbooking para dormir

Quedan todavía cuatro horas para que anochezca. La idea inicial era pasar la noche precisamente aquí, en la cima. Pero el viento es muy fuerte y no tenemos tienda para resguardarnos. Una retirada a tiempo es una victoria. En la montaña, al menos, siempre. Decidimos pasar la noche en uno de los vivacs que habíamos visto poco antes de llegar a la Brecha. Era perfecto. Demasiado. Cuando bajamos para dejar las mochilas, un padre y su hijo se nos habían adelantado. Afortunadamente había un plan B: otro recoveco en la roca situado unos doscientos metros más arriba.

Ya teníamos un sitio para pasar la noche. No podían decir los mismo otros grupos y parejas que llegaron más tarde. Ni siquiera había sitio ya en ninguno de los dos vivacs de la cima. La masificación en la montaña llega también a las noches. Tras conversar con un solitario montañero inglés que vivía en Gijón y que venía de correr unos días antes una de esas carreras de trail de kilómetros infinitos, cenamos y nos metimos en los sacos. Es hora de dormir. De intentarlo al menos. Son las 23.03 de la noche.

Fuera hace frío, menos de diez grados. Sin embargo, dentro del saco de dormir apenas se nota... Poco se puede hacer a 3.000 metros de altura cuando el sueño no llega. Sin cobertura, la opción de curiosear por internet en el teléfono móvil está descartada. Las fotos del día están miradas y remiradas. Solo queda esperar, escribir este relato en el móvil y esperar. ¿A qué? Al amanecer. Son las 6.30 y comienzan a asomar las primeras luces del día. El sol sale justo por encima de la cascada de Gavarnie. Un amanecer único.

Ficha técnica

Ruta
Parking de Ordesa, clavijas de Carriata, Llanos de Sallarons, Collado Blanco, Brecha de Roland y Taillón.
Tiempo
8 horas.
Dificultad
: baja
Esfuerzo físico
: alto
Material
: saco de dormir, esterilla, ropa de abrigo y zapatillas de trail (en el momento de la ascensión no había nieve)