Doce lugares para disfrutar de las flores de los cerezos

La floración de los cerezos es uno de los más impresionantes y breves espectáculos de la naturaleza, un anticipo de la primavera que convoca a miles de curiosos

Un hombre fotografía cerezos en el Jerte./NACHO DOCE
Un hombre fotografía cerezos en el Jerte. / NACHO DOCE
J. F. ALONSO

Hoy es fácil averiguarlo; hay periódicos, webs o webcams, y desde hace años se informa de ello convenientemente porque, para qué negarlo, la floración de los cerezos es una de las más impresionantes estampas que nos trae el fin del invierno y el inicio de la primavera. De norte a sur de España, con el Jerte por bandera, algunos valles se preparan para teñirse con el blanco de las flores del cerezo. Son unos pocos días y por eso conviene apresurarse. Quizá lleguemos a verlos.

1. Valle del Jerte (Cáceres)

Un campesino labra la tierra junto a una plantación.
Un campesino labra la tierra junto a una plantación. / NACHO DOCE

¿Cuándo florecen los cerezos en el Jerte? Siempre es difícil de precisar, pero con el buen tiempo se ha adelantado y ya se puede disfrutar del espectáculo del mar de flores. Con motivo de la floración de los cerezos se organiza en el Valle del Jerte una serie de actividades, que este año se desarrollan hasta el 3 de mayo. Dentro de estas actividades se celebra la Fiesta de Interés Turístico Nacional del Cerezo en Flor, que en la presente edición de 2019, la inauguración será en Casas del Castañar, el 29 de marzo y la clausura en El Torno, el 6 de abril. Los cerezos los encontraremos a un lado y otro de la carretera N-110, sobre todo entre Navaconcejo y Tornavacas. Recuerde que la floración es un fenómeno natural, y por tanto, variable en función de la temperatura o la lluvia. No hay un día ni una hora exacta para asistir al espectáculo, aunque el mejor momento suele llegar durante las dos últimas semanas de marzo y la primera de abril. Entonces, en apenas unas horas, la magia blanca envuelve el paisaje. La parte más alta del valle suele ser la que tiene menos cerezos en flor. Un buen lugar para fotografiarlos y tocarlos puede ser la garganta de Becedas, un camino rural que se toma antes de salir de Tornavacas, salida sur. También hay rutas organizadas, por supuesto. El origen de esta fiesta nos lleva a los años 70, como una muestra de confraternización de once ayuntamientos de la zona. Hoy, es una cita multitudinaria. Basta seguir a los demás para orientarse a cielo abierto.

Web www.turismovalledeljerte.com

2. El Hornillo (Ávila)

Al sur de Gredos y a espaldas de los picos Galayos se abre el valle del río Cantos, donde crecen más de 50.000 cerezos en unos pocos cientos de hectáreas. Los cerezos se plantaron a finales del siglo XIX, y aquella iniciativa cambió radicalmente la vida de sus habitantes, que pasaron de ser ganaderos a agricultores. En la zona se cultivan hoy más de cincuenta variedades de cerezas. Las rutas, de unas dos horas y media de duración, arrancan en el término municipal de El Hornillo. Es una zona evidentemente más pequeña que el Jerte, pero también más concentrada. Gredos Cultural (empresa con sede en Arenas de San Pedro) empezó el año pasado a ofrecer rutas organizadas entre los árboles. Aún no hay fecha, pero suelen ser en los primeros días de abril.

3. Valle de las Caderechas (Burgos)

Las cerezas del valle de las Caderechas (Burgos) tienen un equilibrio singular entre el dulzor y la acidez, o al menos eso aseguran quienes las han probado. Estamos al noroeste de la comarca de la Bureba, un lugar señalado por su microclima y por la vegetación. Se trata de una zona reconocida desde hace mucho tiempo por su fruta. En los documentos del siglo XI hallados en el monasterio de San Salvador de Oña ya se citaban las manzanas y las cerezas. La primavera de Caderechas es un lujo de colores, sobre todo cuando florecen los cerezos junto a Río Quintanilla, Hozabejas, Rucandio, Huéspeda, Madrid de las Caderechas, Ojeda, Herrera de Caderechas, Quintanaopio y Cantabrana, un circuito de arquitectura popular y natural.

4. Bolea (La Hoya de Huesca)

El 16 de junio se celebra este año la XV Feria de la Cereza en la localidad de Bolea, en la comarca aragonesa de La Hoya de Huesca, a 20 kilómetros de la capital de provincia. En estos campos se cultivan más de treinta variedades de cerezas y, en un día, pueden venderse unos 9.000 ó 10.000 kilos. En la zona se recogen cada año unos 400.000. Desde el punto de vista turístico, el principal anzuelo de esta villa es la colegiata de Santa María de Bolea y su retablo mayor. La colegiata fue construida por Pedro de Irazábal entre 1541 y 1559. El edificio actual fue levantado sobre el antiguo templo románico del siglo XII, del que se conserva la cripta bajo el presbiterio, el muro de cabecera y la torre campanario. Durante la Feria de la Cereza se realizan visitas guiadas. A menos de diez kilómetros se halla el castillo de Loarre.

5. Alfarnate (Málaga)

Un campesino revisa sus árboles.
Un campesino revisa sus árboles.

En Alfarnate (Málaga), a escasos 30 kilómetros del mar y con una altitud de 925 metros, los campos de cerezos se convierten en esta época en un reclamo para cientos de vecinos y turistas que contemplan el denominado 'Valle del Jerte malagueño'. Esta pequeña localidad ha incrementado poco a poco el cultivo de cerezos y desde 2006 celebra en junio el Día de la Cereza, donde los visitantes además de degustar pueden adquirir este fruto y otros productos como como pan, dulces, hortalizas o aceite.

6. Milagro (Navarra)

Antes de saborear la famosa cereza 'pinta' -dura, muy dulce y de color intenso- o la 'redonda', de Milagro hay que recorrer sus campos para contemplar cómo las flores de los cerezos inundan la comarca regada por los ríos Ebro y Aragón. Milagro es la localidad navarra con mayor potencial de producción de cerezas, casi 400.000 kilos anuales. El 16 de junio, época de cosecha, se celebra el Día de la Cereza para degustar este exquisito fruto. Además, se organizan concursos de postres, ferias de artesanía, bailes de joteros riberos y se concede la cereza de oro.

7. Quinta de los Molinos (Madrid)

No es muy conocido, incluso en Madrid pero es un apreciable (21,5 hectáreas) Parque Histórico y Bien de Interés Cultural. Tiene cinco puertas de acceso, aunque la entrada principal está en la calle de Alcalá, a la altura del 527 (Metro Suanzes), y cuenta con fuentes, albercas, estanques y dos molinos dotados de aeromotores para facilitar la red de riego y que dan nombre al parque: el Molino de la Casa del Reloj y el Molino de la Rosaleda de Palacio. También hay una gran cantidad de especies (olivos, pinos, eucaliptos), pero la estrella del parque son los almendros, que ya han florecido estos días, ofreciendo un fantástico espectáculo. Este jardín fue propiedad del conde de Torre Arias. En el año 1920 lo regaló al arquitecto alicantino César Cort Botí, profesor de Urbanismo en la Escuela de Arquitectura, quien construyó un jardín mediterráneo y un palacete de estilo renacentista. A su muerte, el parque quedó semiabandonado, hasta que a principios de los años 80 se cedió al Ayuntamiento de Madrid.

8. El Frasno (Zaragoza) y Albalate del Arzobispo (Teruel)

El valle de los cerezos, en El Frasno, no tiene la magnitud del Jerte, desde luego. Sin embargo, es el cultivo principal de esta zona. La estampa espectacular, a mitad de camino entre Zaragoza y Calatayud, visible desde la A-2. Cerca está la comarca del Aranda, conocida por su industria del calzado. En 22 junio de 2013 se celebró en Albalate del Arzobispo la segunda edición de la Feria de la Cereza para promocionar la cereza de las comarcas del Bajo Martín y Sierra de Arcos. Recetas, degustación de una amplia variedad de productos, talleres de cocina... Este año aún no está confirmado si se repetirá o no la experiencia (978812177). En cualquier caso, Albalate o las proximidades también son buenas zonas para sumergirse en el blanco de los cerezos.

9. Mieza (Salamanca)

Un grupo de excursionistas recorre una plantación en Salamanca.
Un grupo de excursionistas recorre una plantación en Salamanca.

Desde el espectacular mirador de La Code, en Mieza, se contempla la grandeza del paisaje de Las Arribes del Duero, pero este pueblo salmantino esconde en estas fechas un tesoro en su bancales: los cerezos en flor, que colorean los campos de un blanco intenso y despiertan la primavera. El Ayuntamiento de Mieza, el municipio de Las Arribes con mayor número de cerezos, organiza desde 1996 una ruta de senderismo que transita por los parajes plagados de flores de la zona.

10. Corullón (León)

Corullón es una de las zonas del Bierzo leonés que antes viste de blanco sus laderas y valles. Pese a que el comercio de la cereza es menor y la producción es para consumo propio, los cerezos de la comarca se han convertido en una gran atracción turística. No deje escapar la oportunidad y visite sus dos iglesias románicas: San Miguel y San Esteban; contemple el castillo del siglo XIV y disfrute de uno de los panoramas más bellos del Bierzo desde el mirador sobre el valle del río Burbia.

11. Montaña de Alicante

Los valles y pueblos de la montaña de Alicante son otro destino apetecible para asistir a la floración de los cerezos. Nuestro destino es La Vall d'Ebo y La Vall de Gallinera, municipios de la Marina Alta. Una posible ruta, de una hora de duración, nos llevaría a visitar el poblado morisco de L'Adzubieta y la nevera de Baix, y a la cueva del Rull, en de La Vall dEbo. Cada año suelen organizar un itinerario desde la Oficina de Turismo de Pego (966400843). Estos pueblos de la montaña de Alicante tienen el mayor relieve montañoso de la Comunidad Valenciana. Son suelos de alto contenido en carbonato cálcico y escasez de materia orgánica, un clima mediterráneo templado, con temperaturas frías y mayor número de precipitaciones que en el resto de la Comunidad. La floración también es un espectáculo en otros pueblos cercanos, como Alcalá de la Jovada.

12. Serra (Valencia)

En el entorno del Parque Natural de la Sierra Calderona se encuentra la población valenciana de Serra. En el paisaje, pinares y pequeños campos de cerezos junto a la carretera. Hace años esta localidad fue la capital de la cereza y, para seguir esa tradición, a finales de mayo o principio de junio se celebra la fiesta de la cereza más antigua de España, en la que se reparten a los asistentes pequeñas cestas con la cereza autóctona de la zona. Sus cultivos son más testimoniales que productivos, pero nos recuerdan el encanto de las variedades antiguas de este rojo fruto.