El Correo con Rahm en Augusta

Rahm entra en el sprint a codazos

Rahm entra en el sprint a codazos

Mejora su juego, llega a estar a un golpe del liderato el domingo en Augusta y concluye noveno su tercer Masters

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZASAugusta

Creer. Es un verbo que cualquier persona debe saber conjugar. Más un deportista individual que en sí constituye el arma que esgrime para alcanzar un objetivo. Es una virtud que Jon Rahm tiene muy desarrollada. Y le hace diferente. Este domingo partía tras un sábado rompepiernas con la desazón de haberse dejado casi todas sus opciones por el camino en un Augusta National al que uno de los cuatro días de competición le debes dar un buen tarisco si quieres llegar al domingo con opciones. Cruda realidad que no sirvan, como ha sido su caso, un póquer de vueltas bajo el par del campo. La combinación 69-70-71-68 es demasiado plana para vestir una chaqueta verde. Hay que esperar.

Quizá no mucho. La lección dominical del pegador de Barrika habla de su progresión, de esa capacidad innata para reinventarse, rearmarse, erguirse cuando algún obstáculo le ha hecho tambalearse. Se ponía en marcha con siete golpes de demora ante un Francesco Molinari que gozaba de dos comodines respecto a Woods y Finau. En ese partido estelar se iría marcando el paso a seguir. Pero Rahm no podía esperar, necesitaba ser quien escribiera su propio destino. Pertenecía a una casta que ayer partió una hora antes que el trío estelar y su misión era buscar el modo de dejarse notar, de que su apellido asomara en los marcadores con el Top10 llegando desde atrás, sin frenos.

La valoración del golfista de Barrika

La víspera había acabado muy quemado consigo mismo. Tanto que recurrió al viejo y eficaz ir a pegar bolas tras su vuelta para soltar veneno. Limpio por dentro, se puso manos a la obra de inmediato. Perdonó un birdie en el 1 y lo facturó en el 2. Dos pasadas de frenada en el segundo golpe y el approach le birlaron en el 3 el golpe conquistado y libró más carga en el 4 con una sacada de búnquer inmejorable. Y en el 6 la fortuna le dio un puntapié cuando su bola al green picó junto a un cambio de plano y se alejó 20 metros de su punto de aterrizaje. Tripateó para bogey y -5. Se golpeó un par de veces con rabia el muslo derecho porque la abrumadora mayoría de calles logradas (sólo falló las del 14 y 18) no conllevó buenas opciones de rebajar su tarjeta.

Iba mirando los marcadores y el reflejo de estar a años-luz de Molinari (al par los seis primeros hoyos) que todos teníamos en el campo ya que estaba a ocho golpes, en su mente adquiría un impacto diferente. Mientras está en la selva prevalece el ciclo de la vida y todas son presas a sus ojos de depredador. No lo sabía, pero ya había tocado fondo e impulsado para volver a la superficie. En dos mandoblazos se puso a metro y medio de la bandera en el 7 y en el 8 lo mismo aumentando el margen a dos pasos. Birdie-eagle para volver a perseguir a quienes llamaban a la puerta del Augusta National Golf Club ofreciéndose como maniquíes para vestir la chaqueta verde.

El domingo era de un golf majestuoso. Todos cuantos aparecían en el marcador principal tenían opciones reales. Rahm aún no estaba y tardó demasiado, pero lo estuvo. Era obvio que sus esperanzas pasaban por los dos pares 5 que le quedaban, pese a que no ha sido en ellos todo lo regular que puede mostrarse con el juego largo. Tuvo opción de eagle en el 13 tras salir con madera. Un putt de siete metros cuesta abajo se torció tarde en la línea imaginaria de la caída. Con el birdie en el bote aún estaba a cuatro golpes de la cabeza. Casi nadie dejaba de remar. Se contaba con ello. En el 14 un mal cálculo en el chip pegando desde la zona del público le dejó ni fu ni fa. Y en el 15, de nuevo con la necesidad de cazar un par 5 se enfrascó en un tripateo estéril.

A tres dedos de un hoyo en uno

Y lo que es el golf. Con el cuerpo aún tibio por no ser capaz de llegar al doble dígito negativo en su tarjeta, participó de un orgiástico par 3 en el 16. El de Barrika dejó la bola a tres dedos del agujero. Mientras el público se reventaba las manos reconociendo su casi gesta, Justin Thomas armó el taco. Su bola sí entró en un 'ace' antológico que a punto estuvo de evitar la pelota de Rahm. Y fue en plena celebración cuando los rugidos lo inundaron todo. Molinari se iba al agua en el 13 y el doble bogey llevaba el -11 a su tarjeta, idéntica a las de Woods y Schauffele. El vizcaíno estaba a un golpe de ellos. Sólo por unos segundos, ya que en el partido posterior Cantlay con un eagle accedía al primer puesto con -12 y lo ponía todo patas arriba. Pero Jon carecía de margen de maniobra. No atinó con el approach en el 17 y una rama le frenó en el 18. Noveno en un Masters de locura. Desde este lunes lo saboreará.