La Itzulia solo habla alemán

Buchmann entra victorioso en la meta de Arrate./Michelena
Buchmann entra victorioso en la meta de Arrate. / Michelena

Con una exhibición táctica del Bora, el germano Buchmann gana en Arrate y sucede en el liderato a su compañero Schachmann

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

'Itzulia' es 'Vuelta' en español, 'Tour' en francés y 'Giro' en italiano. A ese breve diccionario, el equipo germano Bora se ha empeñado en añadir la palabra 'Rundfahrt', que es 'vuelta' en alemán, el único idioma que habla esta edición de la ronda vasca. Si en los cuatro primeros días fue Max Schachmann el dueño de la carrera, en Arrate le ha dado el relevo su compañero Emanuel Buchmann, cuarto en la Itzulia de 2018, decimosegundo en la Vuelta y decimoquinto en el Tour. Y ahora, tras vencer en Arrate con una lección magistral de táctica y fuerza del equipo Bora, Buchmann es el líder de la 'Rundfahrt' vasca, la Itzulia, con 54 segundos sobre Ion Izagirre y 1.04 sobre el propio Schachmann a falta de la sexta etapa, tan breve como explosiva. Será la ocasión final para cambiar el lenguaje de esta edición. Cuando todos se centraban en ahogar a Schachmann, el Bora sacó su verdadero as de la manga, Buchmann. Dos apellidos que riman. Jugada maestra en este póker lleno de naipes alemanes.

Toda la etapa, la de Arrate, tuvo perfume de pólvora. Chirriaban los dientes en la salida de Arrigorriaga. Ventilaban nerviosos los pulmones, como cogiendo el aire que ya sabían que luego les iba a faltar. Fue salir y volar. A degüello. Esta vez no hubo una de esas fugas que nunca llegan a la meta. A semejante velocidad no hay quien se escape. Nadie tuvo permiso para irse mucho rato por los altos de Morga, Natxitua y Bedarona. Por el zócalo de Urdaibai. Curva y contracurva. Enric Mas, ganador el año pasado en Arrate, quería repetir. Tiró del estribo de su equipo, el Deceunick. Desató la locura. Y a 63 kilómetros de la meta, tan lejos, el propio Mas atizó la etapa en la cuesta de Arribinieta. Fuglsang y Landa se le pegaron. Schachmann, el líder, concedió unos metros. ¿Primer síntoma de debilidad? Enseguida se supo.

Era una partida de mus en la que todos lanzaban órdagos. De puñetazos en la mesa. Ciclismo sin aliento y, aun así, en voz alta. Al Deceunick le dio relevo el Astana de Ion Izagirre y Fuglsang. Más madera. Las piernas, resecas, sacaban humo bajo el sol. Subía la temperatura de la Itzulia justo antes de entrar en el horno de Matsaria, la ladera más dura de Arrate. En una cuesta así, bruta, conviene tener ayuda. Y mejor si es de un hermano. El Astana había lanzado a Luis León, seguido por un vigilante del líder, Mulhberger. A Luis León le esperaba casi arriba su hermano Pedro León, el futbolista del Eibar. Jauría murciana. En plena agonía, la sonrisa del ciclista duró más que el empujón del centrocampista. A unos metros, otro hermano, Gorka Izagirre, tiraba de Ion Izagirre para estrangular a Schachmann, que, al estilo Froome, subía con el molinillo de sus pedales, a lo suyo. En la burbuja. Sin calcinarse. Ion, nervioso, atacó casi arriba.Y no encontró lo que buscaba. El líder, con sangre fría y blindado por el Bora, se sostenía. Más que un equipo, el Bora es una hermandad.

Soy un escalador

El Astana insistió. Lanzó a Luis León de nuevo camino de Trabakua. Y con él su fueron Henao, Madouas y, atención, Buchmann. Parecía una jugada defensiva del Bora y resultó el ataque que puede haber decidido esta Itzulia. Ahí, el Astana paró a Luis León para que ayudara por detrás a Ion Izagirre y Fuglsang. Buchmann aprovechó el regalo. Dio la espalda en Trabakua a Henao y Madouas, y giró ya solo hacia Eibar. A por todo. La etapa y la ronda. Pisó la primera baldosa de la subida al Santuario con dos minutos de renta. Arrate era suyo. ¿Y el liderato? En la general era sexto, a 1.10 de su colega Schachmann.

Cuando la carretera se riza cuesta arriba, Mikel Landa siente aquel cosquilleo infantil que notó la primera vez que trepó hasta el Santuario de Oro, en Murgia, base del Gorbea. Su mundo. Su vocación. «Soy un escalador«. Y punto. Bien lo saben los Pirineos, donde ganó una etapa en la Vuelta. Y los Alpes, el escenario que le vio remolcar a Froome en el Tour. Y, sobre todo, a Landa le recuerdan los Dolomitas. Allí, tan arriba, se vistió como mejor escalador del Giro. Le gusta repasar vídeos de Pantani, de Mayo... De tipos que corrían al abordaje, como él. De ataques que erizan la piel. Landa es ciclista para meterse en la historia. Por eso, en cuanto oye el nombre de una cima de leyenda, nota ese reclamo. Ya antes de iniciar esta Itzulia, repetía una meta. «Arrate». A por el Santuario saltó. Su ataque dejó claras las fuerzas: sólo le sigueron Fugsang, Ion Izagirre y Adam Yates. El líder, Schachmann, al fin, claudicaba. Pero sonreía. El maillot amarillo que llevaba era para un compañero.

Mediada la subida, Landa notó la inactividad tras tanta caída. Aún no está como quisiera. Buchmann era inalcanzable. Izagirre, Fuglsang y Yates tampoco volvieron a ver al alemán, un buen escalador, un ciclista de fondo habitual en el top-10 de las carreras y que, cada vez más, ingresa en el top-5 . Arrate le eligió entre un pasillo de público. Apenas levantó un brazo. No tenía tiempo que perder. Le sacó 1.08 a Izagirre, Yates y Fuglsang. Minuto y medio a Martin y Pogacar. Casi dos a Landa. Y algo más de dos a Schachmann, que le traspasó con gusto el liderato. Todo queda en Alemania. «Me veo capaz de ganar esta Itzulia», avisó. De convertirla en la Rundfahrt.

Buchmann se impuso en 3 horas, 44 minutos y 15 segundos, a 40,1 kms./hora, y con una ventaja de 1,08 sobre un trío conformado por los Astana Ion Izagirre, segundo, y Jakob Fuglang, cuarto, y Adam Yates (Mitchelton-Scott), tercero.

El ganador de la etapa dio continuidad en Arrate al recital del conjunto germano, para el que Schachmann ganó tres de las cuatro primeras etapas. Schachmann, no obstante, perdió hoy el maillot amarillo y es tercero en la general, a 1.04 de su compañero pero todavía a solo 10 segundos del segundo clasificado, Ion Izagirre.

La carrera se decidirá mañana en la última etapa, una jornada con salida y llegada en Eibar, de 118,2 kilómetros y con altos de Primera, Azurki y Karakate, y uno final de Segunda, Asensio, que determinarán quien portará el maillot amarillo definitivo de la Utzulia 2019.

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