Naves misteriosas

En su triple faceta de productor, guionista y director, J. J. Abrams ha escalado a lo más alto de una pirámide desde la que reina en los universos enfrentados de George Lucas y Gene Roddenberry

El productor, guionista y director J. J. Abrams./
El productor, guionista y director J. J. Abrams.
JOSU EGUREN

Amanece en el 1666 de Euclid Street en Santa Mónica, California. Se cumplen tres meses del estreno mundial de 'Star Wars: El despertar de la fuerza' pero la maquinaria de Bad Robot Productions no se detiene un instante. Los proyectos en la fábrica de las ideas de J.J. Abrams se multiplican a una velocidad que no se detiene en el éxito y asimila el fracaso: la sorprendente presentación en sociedad de 'Calle Cloverfield 10' (Dan Trachtenberg, 2016), la confirmación de las futuras adaptaciones de 'Portal' y 'Half-Life', la cuenta atrás para el lanzamiento de 'Star Trek: Más Allá' (Justin Lin, 2016), el primer teaser de 'Westworld', de Jonathan Nolan, en el marco del Festival South by SouthWest

Una visita a las oficinas del santuario de Bad Robot:

Bad Robot Production Offices Tour from Jason Russo on Vimeo.

En su triple faceta de productor, guionista y director (y eventual compositor), J(effrey) J(acob) Abrams ha escalado a lo más alto de una pirámide desde la que reina en los universos enfrentados de George Lucas y Gene Roddenberry, coronando una carrera meteórica que se remonta a su etapa escolar, cuando recibió el encargo de supervisar y editar la colección de viejos trabajos en Super 8 de Steven Spielberg, el héroe de una infancia cinéfila en el sur de California donde creció entre las bambalinas de los platós de televisión en los que su padre desempeñaba labores de productor (su madre, productora ejecutiva y su hermana, guionista, entraron a formar parte del negocio más adelante).

Tras obtener un grado en Humanidades, sus primeros pasos llegaron de la mano de Jill Mazursky, con la que compartió la autoría del guión de 'Millonario al instante' (Paul Mazursky, 1990). 'A propósito de Henry' (Mike Nichols, 1991), 'Eternamente joven' (Steve Miner, 1992)... Los proyectos se suceden, pero nada hace intuir el devenir en la carrera de Abrams que, tras aceptar el encargo para enderezar el libreto de 'Armageddon' (Michael Bay, 1998), toma una decisión drástica con la que plantará la semilla de su futuro como 'wonder boy' en la meca de Hollywood. Haciendo pareja con Matt Reeves ('Cloverfield', 2008) -viejo compañero de armas en la época de instituto- crea, dirige y produce el piloto de 'Felicity', su primera serie de televisión, el drama de una joven californiana que decide matricularse en la universidad de New York siguiendo los pasos de su gran amor. Son cuatro temporadas (1998-2002) en las que adelanta las que serán sus señas de identidad más reconocibles -el tacto, el calor y la humanidad en el diseño de personajes- al tiempo que funda Bad Robot Productions (2001), trabaja en el desarrollo de 'Alias' (2001-2005), y diseña el advenimiento de 'Perdidos' (2004-2010) junto a Damon Lindelof. Un 'home run' que no se ve empañado por las cancelaciones prematuras de '¿Qué hacemos con Brian?' (2006-2007) y 'Seis grados' (2006), y en cuyo marasmo se lanza a su primera gran aventura tras las cámaras respondiendo a las insistentes demandas de Tom Cruise (poco tiempo antes tuvo que declinar la oferta de la superestrella de hacerse cargo de 'La guerra de los mundos'). 'Misión imposible III' cubre con holgura las expectativas comerciales y, lo que es más importante, confirma el carácter y la personalidad de Abrams para manejarse con garantías en una superliga a la que solo se accede por invitación. En ese contexto aún sorprende su capacidad para compaginar proyectos tan ambiciosos como la producción de 'Fringe' (2008-2013), otra serie en la que forma equipo con Alex Kurtzman y Roberto Orci, para firmar al pie de un manifiesto televisivo que pone en presente el legado de 'Twilight Zone' (que ya se puede entrever de una manera primitiva en el guión de 'Eternamente joven').

El misterio como catalizador de la emoción

La locomotora no se detiene. En 2008 apadrina el regreso de Matt Reeves a la gran pantalla con 'Cloverfield' (guionizada por Drew Goddard), una película que aún sigue sirviendo como ejemplo y modelo de estudio para los expertos en campañas teaser y marketing viral (las campañas de promoción 'Star Trek: En la oscuridad' y 'Calle Cloverfield 10' redundan en lo anterior), pero antes tiene tiempo para hacer su famosa presentación de 'la caja misteriosa' en el seno de las TED Talks (una serie de charlas para la difusión de la Tecnología, Entretenimiento, Diseño en las que han participado figuras de la relevancia de Bill Gates, Larry Page o Al Gore).

El paradigma de 'la caja misteriosa', que al cinéfilo de vieja escuela le sonará a una reformulación en presente del principio del MacGuffin de Hitchcock, consiste en una progresión de misterios a modo de muñecas rusas que concentran la atención del espectador en los engranajes de la dinámica del asombro. Es la piedra angular de una filosofía narrativa elevada a la categoría de discurso autoral por un contador de historias que privilegia el potencial inspirador del acertijo frente a la certeza del conocimiento. El problema es que su habilidad para cebar el interés del espectador con trampas, huevos de pascua y pistas inconclusas no se corresponde con la atención a un tercer acto en el que la más mínima falla en el 'sense of wonder' pone en evidencia su artificiosidad (es conocido el recurso de Abrams a las paradojas espacio-tiempo como parche a sus a menudo endebles estructuras narrativas).

Conocida su habilidad para traspasar géneros y fronteras no resultó extraño que fuese elegido para reflotar 'Star Trek' en 2009: la franquicia, herida de muerte, remontó el vuelo con el aplauso unánime del 'fandom trekkie' que reconoció en Abrams a su nuevo mesías para el siglo XXI. Más allá de su magistral refundación de la mitología de Roddenberry, 'Star Trek' interesa como manifiesto audiovisual de un director tan reconocible como Michael Bay. Los destellos de lentes forzados, la autenticidad que emana de una sutil integración de CGI, escenarios y personajes reales, el zoom rápido, los travellings hacia delante y la fisicidad e intensidad de planos aéreos corregidos por aparatosas angulaciones, forman parte de un manual de estilo que se aplica a la composición de secuencias envueltas por las composiciones cinemáticas de Michael Giacchino, el John Williams de Bad Robot.

Regreso al pasado: La magia, la maravilla y lo fantástico son tres conceptos que se cruzan en 'Super 8' (2011), un largometraje destilado en el laboratorio de la nostalgia con el que Abrams subraya su admiración por Steven Spielberg («ídolo, mentor y confidente»), con el comparte labores de producción. Un triple homenaje a la época dorada de Amblin ('E.T.', 'Encuentros en la tercera fase'), a las backyard monster movies (un fenómeno que surge a partir de la democratización del cine con la aparición de las primeras cámaras domésticas en los años 50) y a la ciencia ficción en serie B ('Invasores de Marte', 1953), con el que el director y guionista cierra un círculo de influencias en memoria de su abuelo paterno. En 'Super 8' Abrams vampiriza a Spielberg, aderezando el proceso con el talento para la puesta en escena de un narrador forjado en la lectura de los clásicos que se postula como el Homero 'geek' para una era a medio camino entre la morriña nostálgica y la ficción high-tech.

El proceso regenerativo de 'Star Trek' se repite con 'Star Wars', un encargo con el que Abrams hermana ambas franquicias haciendo real una posibilidad con la que no se atrevería a fantasear ni el más osado de los cinéfilos geeks adolescentes, lo que no le impide seguir trabajando en el diseño y/o producción de nuevos productos televisivos ('Alcatraz', 'Almost Human', 'Revolution', 'Believe', 'Vigilados: Person of Interest'), apoyar la plataforma de estrenos alternativa de The Screening Room ni monitorear el desarrollo de la saga de Ethan Hunt ('Misión imposible 6', de Christopher McQuarrie, se estrenará en 2017).

¿Qué es Screening Room ?

Mirando hacia el futuro de Abrams/Bad Robot se otean las secuelas y spin offs de 'Star Wars' y las complejas adaptaciones de 'Portal' y 'Half-Life' a imagen real, pero por encima de todo emerge una pregunta ¿será capaz de evolucionar como narrador multimedia a partir de la herencia de Spielberg o se conformará con oficiar de médium entre la clásica tradición del storytelling y una nueva generación de espectadores criada en Internet?