El día que Sinatra acabó en comisaría

Hace medio siglo, el actor era detenido en Málaga durante el rodaje de 'El coronel Von Ryan' y salía del cuartelillo prometiendo que no volvería a "este maldito país"

Frank Sinatra, saliendo del hotel El Pez Espada de Torremolinos. /
Frank Sinatra, saliendo del hotel El Pez Espada de Torremolinos.
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Hitchcock sostenía que nunca había que rodar con animales, con niños o con Charles Laughton. Pero si hubiera tenido a sus órdenes a Frank Sinatra seguro que hubiera cambiado al protagonista de su frase. Entre otras cosas, porque al mítico actor no había quien le diera órdenes. Más bien las daba, pese a que las películas ya contaban con un director al mando. El cineasta Mark Robson lo sufrió en propias carnes durante el rodaje de 'El coronel Von Ryan' (1965), una cinta bélica cuyo rodaje en Italia y España acabó convirtiéndose en una batalla campal entre el director y la estrella estadounidense. El próximo 16 de septiembre se cumplen 51 años de la llegada a Málaga de Sinatra para rodar en El Chorro las últimas escenas de su guerrera película. Aterrizó con las pistolas cargadas, pero el tiro le salió por la culata y su nombre volvió a dar la vuelta al mundo en un sonoro titular: "Sinatra, detenido".

Desde el primer momento que mentaron su nombre meses antes del rodaje, Mark Robson se mostró reacio. Prefería a William Holden como protagonista, que además estaba disponible. Pero el productor Darryl Zanuck quería a la estrella italoamericana. Un empeño que el cineasta no comprendía, aunque si llega a conocer la escena del caballo de la película 'El Padrino' -estrenada más de un lustro después- tal vez hubiera entendido mejor la decisión de su productor. El caso es que, en mitad del rodaje, Sinatra propuso cambiar el final de la película, lo que colmó la paciencia del director canadiense. Robson quiso buscar artillería para enfrentarse a su íntimo enemigo y envió un informe a la Fox relatando la situación y el sobrecoste que provocaría, así como la actitud "ofensiva" del actor con el propio cineasta, recuerda el investigador Miguel Olid, que en su reciente tesis sobre el director de producción de 'El coronel Von Ryan', el andaluz Eduardo García Maroto, ha investigado a fondo el difícil rodaje de la cinta.

Lo que no esperaba el director Mark Robson es que los productores, sus supuestos aliados, se pasasen a las líneas enemigas y le contestaran que las única estrella que brillaba en la película no eran la de su generalato, sino la del coronel Von Sinatra. Al cineasta no le quedó más remedio que cambiar de estrategia, asumir el cambio de final y ponerle además al actor un helicóptero para cubrir la distancia desde Málaga a El Chorro, en cuyo Caminito del Rey -la pasarela peatonal sobre el desfiladero de los Gaitanes recientemente rehabilitada- se rodaron las escenas cumbres de la película. Mientras, el resto del equipo, incluido el actor Trevor Howard, se desplazaba por carretera secundarias que son las que llegaban al escarpado escenario natural de la película.

La filmación de 'El coronel Von Ryan' fue el quinto viaje a España del artista estadounidense. Llegó a mediados de septiembre de 1964 en un jet privado al aeropuerto de Málaga y, a pie de pista, lo esperaba un único fotógrafo, Eugenio Griñán, que atrapó el momento. "Llegó rodeado de guardaespaldas, lo que no era habitual en la época, y no me dedicó ni una sonrisa", ilustra el reportero que añade que jamás vio aquel despliegue con la llegada de otros mitos, como John Lennon o Yul Brynner.

Ese carácter distante y altivo de la estrella estadounidense también ha sido retratada por el periodista Francisco Reyero, que acaba de revisar las visitas a España del artista en el libro, 'Sinatra: Nunca volveré a ese maldito país' (Fundación José Manuel Lara). Un volumen que además incluye testimonios valiosos y de primera mano como el del director artístico y ganador del Oscar Gil Parrondo, que recuerda que "Sinatra era un ególatra, de trato difícil, menos para los camareros a los que marcaba el paso dándoles 100 pesetas de propina".

El escenario del delito

Frank Sinatra, a su llegada al aeropuerto.
Frank Sinatra, a su llegada al aeropuerto.

Precisamente, un bar fue el escenario principal del incidente de Frank Sinatra en Málaga. Concretamente la BBQ del hotel El Pez Espada de Torremolinos, donde se alojaba la estrella durante el rodaje. Tras el primer día de filmación, el intérprete se acercó a la terraza y allí lo abordó una actriz cubana. Todo normal hasta que el fotógrafo del diario 'Pueblo', J. F. Avellaneda, sacó su cámara y retrató a Frankie con su momentánea pareja. Entonces, un vaso voló y se produjo una gran altercado entre el artista, sus guardaespaldas, la chica y el reportero, que acabó con denuncia de este último en comisaría contra la estrella de Hollywood.

Al día siguiente, la policía acudió al hotel a tomar declaración al actor, pero Sinatra se negó a hablar con ellos y se encerró en su habitación. En unos manuscritos de un testigo desvelados por el propio hotel Pez Espada, se narra como Sinatra exigió hablar con el embajador, maldijo a los agentes por tratarlo como un "criminal" y comparó a la policía española con la "Gestapo". El director de producción, Eduardo García Maroto, contó en sus memorias que intermedió con los agentes para evitar que el escándalo fuera a mayores y que permitiesen al actor terminar el rodaje en El Chorro. La policía se marchó, pero no olvidó. A los dos días visitaron de nuevo al actor y, cuando volvía del rodaje, lo detuvieron antes de que dijera esta voz es mía.

Al actor lo multaron con 25.000 pesetas por desacato a la autoridad -el incidente con la supuesta actriz y el fotógrafo quedó en nada, ya que todo apuntaba a que el norteamericano fue objeto de una malintencionada encerrona- y, tras pagar la sanción, lo llevaron directamente el aeropuerto de Málaga para que Von Sinatra emulara a su personaje en la ficción y 'escapara' a EE UU vía París. "Nunca volveré a ese maldito país", juró entonces el ofendido cantante y actor. El cineasta Mark Robson vivió la huida de su estrella desde la distancia, pero no es difícil imaginar la sonrisa de dulce venganza que se le tuvo que dibujar en la cara.