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Caseríos de Bizkaia, un tesoro de caliza y roble

EL CORREO ha visitado siete de ellos de la mano de Alberto Santana, responsable de Patrimonio Etnográfico de la Diputación

Caserío Zulaibar, Zeanuri./SERGIO GARCÍA
Caserío Zulaibar, Zeanuri. / SERGIO GARCÍA
Sergio García
SERGIO GARCÍA

Bizkaia conserva alrededor de 14.000 caseríos, de los que 1.752 tienen algún interés cultural y 44 el máximo nivel de protección. Los expertos calculan que se han perdido una treintena de ellos en los últimos años. La batalla se libra en varios frentes; se lucha contra el paso del tiempo, pero también contra el fuego y las malas restauraciones a cargo de contratistas sin escrúpulos. Un mundo que despertó con fuerza en el siglo XVI, como consecuencia de la mejora en la calidad de vida y la derrota de la época feudal y sus agresivos banderizos; y que empezó a declinar con la llegada de la industrialización, cuando a los baserritarras les rendía más plantar pinares que cultivar cereal, mientras cobraban en la fábrica un sueldo a salvo de granizos, inundaciones o sequías. Asesorados por Alberto Santana, responsable de Patrimonio Etnográfico de la Diputación, EL CORREO ha visitado siete de esos caseríos, unos reducidos a la condición de vivienda, las antiguas cuadras convertidas en garajes y trasteros; otros todavía dedicados a la explotación del ganado, o con huertos para cubrir las necesidades familiares. Los hay también convertidos en restaurante o que han sido puestos a la venta, a la espera de reinventarse.