Los mejores skaters del mundo vuelven a la california vasca

La élite internacional de este deporte se dará cita en la 'La Kantera Invitational' este sábado en Getxo, una competición profesional dotada con 45.000 euros

Uno de los skater de la escuela 'Gure Txoko' realiza un truco en el aire. / GONZALO IRIGORAS

Era la década de los 80, mientras la música de moda al otro lado del Atlántico llegaba a través de las ondas de radio, una revolución empezaba a deslizarse por las calles de Bilbao; la del monopatín. Gonzalo Irigoras (Bilbao, 1974), lo notó un día que vio a un vecino montado de una tabla ancha con cuatro ruedas, surfeando la carretera y dando unos saltos imposibles. «Parecía que el patín rebotaba en el suelo, era algo espectacular», recuerda. El fenómeno se fue extendiendo por distintos puntos de la ciudad y también en otras ciudades del territorio. «Patinábamos en la calle, buscábamos cuestas, escaleras o nos hacíamos rampas con palés...». La mayoría de adultos no lo sabía, pero Bizkaia se estaba subiendo a la ola del skate.

Quizás por su tradición surfera, uno de los focos más importantes se estableció en Getxo, la 'California vasca'. Emulando a los precursores de este deporte, los surfistas de la costa oeste de los años 60-70, decenas de chavales salían a la calle a patinar. «Yo tenía siete años, me levantaba de la cama con el patín bajo el brazo y solo lo soltaba cuando me acostaba. Toda mi vida giraba en torno al skate», explica Nicolás Forte (Getxo, 1980). Mientras daba sus primeros pasos en el mundo del patín, en 1987 se construyó 'La Kantera', el primer skatepark de Euskadi.

Skatepark 'La Kantera'.
Skatepark 'La Kantera'. / OLATZ HERNÁNDEZ

Sus rampas fueron cuna de grandes skaters vascos: Javier Mendizabal, Alain Goikoetxea, Alain Saavedra... y aún hoy sigue siendo una pista de referencia internacional. Tanto así, que este sábado la élite de este deporte se volverá a dar cita en Getxo, junto a la playa de Arrigunaga, para participar en 'La Kantera invitational', una competición profesional dotada con 45.000 euros a repartir en tres categorías: Women, Masters y Pro/Am. Los apasionados al skate podrán disfrutar de campeonatos locales, sesiones de aprendizaje, exhibiciones y otras actividades.

La Kantera fue el modelo a seguir en Bizkaia y muchas ciudades crearon skatepark similares donde los grupos de patinadores empezaron a concentrarse y a crear escena. «Al principio costaba conseguir el material. Lo comprabas de segunda mano a alguien que lo trajera de USA o Madrid. Las zapatillas eran de baloncesto. Se usaban mucho las converse Chuck Taylor y el que podía unas Nike air Jordan. Después las tiendas de surf vieron que había demanda y empezó a haber buen material a nuestro alcance», apunta Gonzalo Irigoras.

¿Cómo patinar en el aire?

El boom experimentado a finales de los ochenta fue desapareciendo paulatinamente y en los años 90 se convirtió en una práctica marginal, asociada con el vandalismo y el grafitti. Esa imagen atrajo a una generación de jóvenes descontentos, que se subían a la tabla como un acto de rebeldía. «Crecimos con la cultura del patina y destruye. No estábamos de acuerdo con la sociedad, con el consumismo, con el capitalismo… lo destrozábamos todo», valora Nicolás Forte. Solo unos pocos lo practicaban, pero en ese tiempo experimentó su mayor evolución, las tablas eran más pequeñas y permitían todo tipo de trucos.

Evolución del monopatín

La celebración de los primeros 'X games' en 1995 y 1996, sumado al lanzamiento del videojuego de Tony Hawk en 1999, volvieron a poner el skate en el punto de mira. Siempre unido a la música, el fenómeno volvió de la mano de grupos como Green Day, aunque algo había cambiado. «Poco a poco dejó de ser algo underground. Se convirtió en un producto más edulcorado y comercial. De una forma de vida pasó a ser un deporte», explica Juan Pablo Relloso, uno de los dueños de la tienda de material de skate Fuck Skateboard de Bilbao.

El cambio de paradigma aventuraba nuevos caminos: En un pabellón de la ribera de Deusto, Gonzalo Irigoras y unos amigos empezaron a construir un skatepark cubierto, para poder patinar todos los días del año. Pronto decidieron convertirlo en la primera escuela de skate de Euskadi. «Se empezaron a enseñar otros deportes que se decía que eran autodidactas. El skate también era una evolución lógica». Diez años después, cientos de alumnos han pasado por las rampas de 'Gure Txoko'. «Hemos cumplido el objetivo de darle una visión diferente, lejos de los estereotipos del skate radical».

Sobre ruedas desde los cinco años

Con esa idea en mente Nicolás Forte decidió crear la escuela UK Skatepark en Berango. «El proyecto nace de sacar el patín de las calles. La faceta del skate con drogas, alcohol y vandalismo estaba muy arraigado. Queremos que la nueva generación conozca la parte buena». En estos centros no solo se trata de patinar, también se instruye a los jóvenes sobre los valores y las raíces de este deporte. «Vemos vídeos antiguos, traemos patinadores que dan charlas...», explica Gonzalo Irigoras.

El skate será por primera vez deporte olímpico en Tokyo 2020, lo que ha generado muchas críticas en el mundo del patín. «Hay gente a favor y en contra. Yo creo que va a ser bueno para el deporte porque habrá más subvenciones y mejores instalaciones», opina Nicolás Forte. Gonzalo Irigoras lo ve como algo de esperar que «aportará más oportunidades de negocio, pero dudo que aporten nada al skate en sí».

«El skate ganará fama, pero pagará el precio. La mayoría de los chavales de hoy en día no piensa en el skate como una forma de vida. Nosotros teníamos más calle, éramos más espabilados», se lamenta Juan Pablo Relloso. Desde su tienda situada en la calle Gordoniz intentan conservar esa esencia. En Bilbao queda trabajo por hacer, donde los skateparks están viejos y sin mantenimiento. «Es increíble que esta ciudad no tenga un skatepark gigantesco de última generación», critica Nicolás Forte. Los patinadores bilbaínos se tienen que conformar con el de Deusto y el del Parque Etxebarria cuyo mantenimiento es «mínimo».

Después de diez años insistiendo, Gonzalo Irigoras ve que sus esfuerzos pronto tendrán resultados: «Por fin hemos conseguido que se proyecte el arreglo de las instalaciones y que se construyan unas nuevas». El proyecto para un nuevo skatepark en Olabeaga se aprobó en Navidades y ya solo queda que entren las máquinas. En el diseño ha participado el propio Irigoras: «unas buenas instalaciones crean afición, la afición se convierte en escena y el deporte crece».

La ciudad marca el estilo

Desde la construcción de La Kantera, la rampa ha sido el estilo de patinaje que más se ha desarrollado en Euskadi. En Bilbao, en cambio, se desarrolló el estilo de calle o 'streeter'. «En lugares donde no había skateparks o donde mantenían más atracción por los obstáculos naturales, el callejeo y la habilidad para los trucos técnicos se iba desarrollando», explica Gonzalo Irigoras. Las pistas que se construyeron en el País Vasco tenían forma de piscina: «Aquí hay una gran tradición del surf, había gente que mezclaba las dos disciplinas. La rampa es muy parecida a surfear», opina Nicolás Forte.

En otras ciudades, como Madrid y Barcelona, la arquitectura favoreció el skate de calle. En ese sentido, la evolución de Bilbao ha sido clara: «se lleva años haciendo un esfuerzo así que cualquier plaza calle o patio puede ser un spot perfecto». Suelos, bordillos y escaleras de mármol o granito, se convierten en un paraíso para los skaters. «Antes la baldosa de Bilbao no ayudaba, había que buscar mucho más para encontrar sitios donde poder patinar», sentencia Nicolás Forte.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos