Podría ser peor

2016 ha sido un año difícil por la abundancia de carne de cañón sin alma, ojos ni espíritu con la que es imposible simpatizar siquiera desde el cinismo más recalcitrante

'La chica del tren'.
JOSU EGUREN

2016 ha sido un año difícil, no tanto por la variedad de la oferta, menos homogénea de lo que dan a entender la escasez de cine asiático y una brutal epidemia de reboots y superhéroes que parece no tener fin, sino por la abundancia de carne de cañón sin alma, ojos ni espíritu con la que es imposible simpatizar siquiera desde el cinismo más recalcitrante. En este contexto es casi menos complejo elegir lo mejor del año -existe cierto consenso en torno a las bondades de 'Elle', 'Carol', 'Paterson', 'La doncella' y 'El porvenir'- que decidir cuáles son la películas deberían penar en el purgatorio, aunque hay algunas condenadas al fuego eterno desde el momento en el que fueron concebidas -nadie discute la calidad de bodrios como 'Escuadrón suicida'-. La misión del crítico es señalar las que se ocultan entre la maraña, o bien aquellas que han sido prestigiadas por arrebatos de tontuna e histeria colectivas.