El Correo

Ruta hasta los hornos de calcinación de la Mina Catalina en Sopuerta

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Los hornos entre la maleza. / Iñigo Muñoyerro

  • Recorrido por algunos de los vestigios bien conservados de la minería del hierro en la localidad vizcaína

El valle de Sopuerta fue durante el siglo XIX y la mitad del XX uno de los más importantes cotos mineros de Bizkaia y del norte de la península. Donde ahora vemos casas aisladas, prados y bosques de pinos y eucaliptos había explotaciones de hierro: bocaminas, escombreras, ferrocarriles y barrios mineros. A partir de mitad de siglo las minas dejaron de ser rentables y cerraron. La última en los años 70. El valle recuperó la calma y perdió habitantes.

A pesar de aquella frenética actividad apenas quedan vestigios de la explotación minera. Entre lo poco que ha sobrevivido a los expolios y demoliciones destacan los espectaculares hornos de calcinación de la mina Catalina, a un paso del barrio de El Castaño de Mercadillo, Sopuerta.

Están en el barrio El Alisal. El acceso es muy sencillo. Se puede llegar desde el barrio del Castaño (amplio aparcamiento) en coche o a pie por la carretera que sigue la vía desmantelada del ferrocarril Castro Urdiales-Traslaviña (cerró en 1966). Llanea entre el arbolado -queda algún castaño- durante un kilómetro y llega a la explanada de carga de la mina.

Ni un solo letrero. El abandono es absoluto. Charcos, barro rojizo y escombros de la antigua explotación minera propiedad de Domingo Saráchaga. Allí, los dos hornos de calcinar carbonatos (siderita) sobresalen como cúpulas de pagoda entre la maleza. Son fotogénicos. Tienen unos 20 metros de altura y se conservan en un estado aceptable. Fueron construidos entre 1955 y 1960 y dejaron de funcionar en los 70 por falta de rentabilidad de la mina. La alta chimenea es de ladrillo refractario reforzado y se apoya sobre una base cilíndrica de piedra caliza. Una escalera permite asomarse a las bocas de alimentación. Las puertas metálicas fueron robadas hace unos años y el interior está roñado e inservible.

Junto a la mina están las caballerizas, la tolva de carga y la trituradora de mineral. La casa de los guardas tiene las puertas reventadas y la de los técnicos de mantenimiento está tapiada. Alguna vaca solitaria que ha bajado a beber y el ladrido de los perros rompen la tranquilidad de un paraje bullicioso hace 50 años. Detrás de los hornos y las casas hay una profunda charca vallada que ocupa lo que fue la entrada de la mina.

La ermita del Pilar

El paseo sigue. Más arriba –cinco minutos a pie por carretera- está la ermita del Pilar. Edificio macizo fechado en 1961. Cuentan los viejos mineros que Saráchaga perdió una demanda del Sindicato Vertical. Fue condenado a pagar una indemnización o a gastar el dinero equivalente en obra social. Optó por lo último. Construyó la ermita.

Junto al templo está la explanada superior de la mina. Era la escombrera. Ahora es un amplio rellano salpicado de zarzas y crecido de acacias de gran porte donde pastan caballos y burros. Perviven el kiosko de música, el antiguo comedor minero ahora sociedad recreativa y la que fue casa del facultativo de minas. Un buen edificio de estilo francés habitado.

La excursión se puede prolongar hasta lo que se conoce como 'La cascada'. Es un salto artificial de agua en el cauce del arroyo Castaños. Se alcanza en cinco minutos por un camino pisoteado por el ganado y los jabalíes entre un cerrado bosque de robles, avellanos, alisos y pinos. El arroyo corre entre la vegetación como un torrente de montaña. La cola de agua era la ducha en los tiempos duros de las explotaciones mineras.

Por la izquierda una pista de cemento sube hasta el poblado minero de Alén (5,7 km). En su tiempo (año 1930) tuvo más de 1.000 habitantes que disfrutaban de ermita, escuela, economato, frontón y casa cuartel de la Guardia Civil. De todo aquello solo quedan el frontón y la ermita de San Luis. Es un camino entretenido y sombreado pero pendiente y largo (dos horas). Palabras mayores. Más cerca (10 minutos), pista arriba está la fuente del Saúco. Mana de manera intermitente todo el año. Además de vacas monchinas, caballos y cabras los montes de Sopuerta son hábitat de corzos, jabalíes, ardillas y demás fauna. Son difíciles de ver.