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Abante

El gran reto del relevo generacional en las empresas y grupos familiares vascos

La figura de un asesor financiero externo como Abante resulta crucial en la gestión de una empresa familiar

El Correo

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Empresas familiares de primera y segunda generación, grupos familiares o familias empresarias que están diversificando sus inversiones y apostando por nuevas líneas de negocio y distintas estructuras societarias y patrimoniales. En todas ellas hay un factor común: son familias que trabajan juntas y que en algún momento se van a enfrentar, si no lo han hecho ya, al reto de planificar ordenadamente la sucesión.

El relevo generacional es uno de los grandes desafíos que tienen la mayoría de las empresas y grupos familiares en la actualidad y gestionarlo con tiempo es clave para evitar caer en las estadísticas: solo una de cada diez empresas familiares sobrevive a la tercera generación.

Durante la celebración en Bilbao del último congreso Nacional de la Empresa Familiar se habló de que este tipo de organizaciones tiene una visión de largo plazo y una vocación por perdurar en el tiempo. Sin embargo, lo que sucede cuando se toman decisiones sobre el futuro es que en muchos casos no se tiene en cuenta que detrás de cada empresa hay una familia -o varias- con sus propios objetivos, necesidades y planes de futuro. Es decir, hablamos de que entran en juego familia, empresa y propiedad, lo que nos deja un escenario complicado de gestionar y en el que las emociones y las relaciones personales tienen un gran peso.

Desde Abante, entidad de asesoramiento financiero y gestión de patrimonios, explican que para garantizar que la empresa pase con éxito a la siguiente generación, una de las preguntas clave que tiene que hacerse el fundador es: ¿Qué sucederá si a mí me pasa algo? Y, aunque la forma de abordar la sucesión variará en función de la generación que esté al mando y de cómo esté repartido el accionariado, algo primordial es que todos los miembros de la familia vean más allá de su yo individual y sean conscientes de la parte familiar y empresarial.

Abante, asesora financiera
Solo una de cada diez empresas familiares sobrevive a la tercera generación.

La socia y directora de asesoramiento patrimonial de Abante, Belén Alarcón, añade que el éxito de la sucesión pasa por trazar un plan estratégico global en el que las familias se formen, aprendan a comunicarse y acaben compartiendo un mismo escenario de continuidad asentado sobre la base de una visión, misión y valores compartidos: “Para conseguir este consenso y que las emociones no interfieran, la figura del asesor externo es fundamental. Nosotros acompañamos a las familias en todo este proceso, trabajamos en paralelo la parte personal y la empresarial, y les damos herramientas para que vean qué opciones tienen y tomen las decisiones que realmente necesitan”.

Planificar la sucesión en las empresas y grupos familiares es un proceso que obliga también a profesionalizar la compañía. Aquí es importante separar gestión y gobierno y trabajar con las nuevas generaciones para cambiar hábitos heredados, en muchos casos de manera inconsciente. En este sentido, Pablo Márquez de Prado, socio y director de asesoramiento corporativo, recuerda que es muy importante que la generación saliente se encargue y se involucre: “Hay que elaborar un protocolo familiar y constituir ciertos órganos de gobierno para que la generación entrante no se encuentre con un régimen de relaciones informales ya establecido y complejo de modificar. Tiene que haber cierta flexibilidad para adaptarse a los cambios”.

Objetivo empresarial

Para gestionar el relevo generacional es fundamental recordar la historia familiar del fundador y los valores de la empresa, de la misma forma que lo es entender que las nuevas generaciones no tienen por qué pensar como las anteriores. Hay empresas y grupos familiares que con el paso de los años deciden cambiar su actividad o invertir en otros negocios. Muchas se convierten en familias empresarias creando nuevas estructuras societarias y patrimonialistas -family offices, sociedades de capital riesgo (SCR), etc,- para invertir conjuntamente el patrimonio.

En estos casos, “antes de optar por un vehículo concreto o de decir en qué activos invertir el patrimonio -cotizados alternativos, inmobiliarios- hay que hacer un ejercicio de reflexión estratégica sobre los objetivos, tanto personales como de la empresa”, destaca Alfredo Ruiz de Azúa, director de Abante en Bilbao. Hacer este proceso de una forma global y de la mano de expertos independientes es lo que ayudará a las empresas a tomar buenas decisiones y a tener tranquilidad para cuando los más jóvenes lleguen a los mandos.

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