Euskadi Avanza

La empresa vasca fija la mirada en lo objetivos de la Agenda 2030 y la lucha contra el cambio climático

Organizaciones e instituciones marcan su hoja de ruta hacia la sostenibilidad y competitividad, un reto ambicioso pero alcanzable, y una oportunidad para innovar

A. C.

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Las empresas vascas se visten de verde. Desde las grandes corporaciones industriales hasta los pequeños talleres, pasando por los comerciantes y las explotaciones del sector primario, el tejido productivo del territorio pisa el acelerador para reducir a cero su impacto ambiental y ajustarse a los desafíos planteados en la Agenda 2030, que pone el foco en la protección y regeneración de los ecosistemas del planeta para el beneficio de las personas y la naturaleza.

La escasez de recursos es una realidad y optimizar la eficiencia de las materias primas, descarbonizar la economía, calcular la huella de carbono (la totalidad de  gases de efecto invernadero emitidos de manera directa o indirecta por su actividad) y utilizar fuentes de energía renovables son algunas claves para poder seguir fabricando. Estas estrategias, que hace 10 años eran cosa de tan solo unas pocas empresas, hoy en día empiezan a ser una necesidad y en un futuro próximo se convertirán en algo imprescindible para la continuidad y la estabilidad de cualquier negocio. Y es que los retos ecológicos que supone la lucha contra el cambio climático se convierten en oportunidades de innovación y dejan de ser asuntos exclusivos de administraciones, foros y grandes compañías.

Lejos quedan los años de ambientes plomizos que caracterizaban algunas áreas del territorio, como la del área metropolitana Bilbao, que incluso llegó a ser declarada zona de atmósfera contaminada en 1977 debido a la alta concentración industrial y la mala gestión ambiental. Hoy el panorama es muy diferente. En las últimas décadas ha quedado demostrado que invertir en el medio ambiente repercute en la mejora social y económica, que la política ambiental está dando sus frutos y que es necesaria para seguir avanzando hacia una economía baja en carbono y hacia un modelo de sociedad más sostenible, igualitario y justo.

En esta dirección apunta el anteproyecto de Ley de Transición Ecológica y Cambio Climático diseñado por el Gobierno vasco, que entre otras cuestiones obligará a todas las administraciones y entes públicos y a compañías de todo tipo a calcular su huella de carbono y a diseñar un plan específico de reducción de emisiones dirigido a minimizar su impacto ambiental, así como a articular las medidas necesarias para que este sea cero o negativo.

Esfuerzo

Aunque la nueva regulación supondrá un esfuerzo para las compañías que aún no caminan por la senda verde –en especial las más pequeñas–, también es
cierto que un buen porcentaje de empresas vascas exportan a países que tienen altos estándares relacionados con la huella de carbono. La tendencia del mercado será la de exigir certificaciones verdes a productos y servicios, algo que ya reclaman también los consumidores que buscan marcas comprometidas, por lo que las empresas con altos indicadores medioambientales serán más competitivas.

Además, ésta es una condición indispensable para lograr el objetivo que se ha marcado Euskadi de alcanzar la neutralidad climática en 2050 como muy tarde.
Un desafío de gran envergadura que precisará inversiones para impulsar las energías renovables con nuevos parques eólicos y plantas solares, implantar la
economía circular o garantizar la reutilización de residuos a través de nuevas plantas de recuperación. Pero que también exigirá a las empresas altas dosis de imaginación, adaptación e innovación.

Reducir, reutilizar y reciclar. El mantra de la economía circular ya es una realidad en centenares de empresas vascas, sobre todo del ámbito industrial, en las que el residuo se convierte en materia prima y la prolongación del producto es un precepto. En la actualidad centenares de organizaciones del territorio de sectores

tan diversos como la automoción, la máquina herramienta, el metal, el químico, el mobiliario y la construcción han abandonado el modelo lineal de producción –que agota recursos y genera un alto impacto medioambiental– por uno circular, y cada vez son más las empresas que demandan soluciones orientadas a implantar estas estrategias en su actividad para ser más sostenibles y más competitivas.

Pintura y barnices sin disolventes, limpiadores biológicos para la higiene del hogar, detergentes formulados con materias primas biodegradables y en envases

de plástico diseñados para facilitar una reutilización más eficaz; así como piezas para la industria automotriz fabricadas con acero y chatarra de origen reciclado,

suelas de zapatos y señales de tráfico elaboradas con neumáticos a los que se les han dado una segunda vida, estuches para instrumentos hechos con carbono

reciclado, ropa técnica elaborada con fibras textiles inutilizadas... Son solo una pequeña muestra del ‘Catálogo de productos circulares fabricados en Euskadi’ y

editado por Inhobe, la Sociedad Pública de Gestión Ambiental. Se trata del primer inventario europeo en recopilar productos elaborados con criterios sostenibles y de un referente para el sur de Europa en esta materia.

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