PROGRAMACIÓN
El lago de los cisnes
La belleza comienza en ‘El lago de los cisnes de Tchaikovsky’, compositor que encarnó a la perfección esa quimera que a veces perseguimos y que él mismo resumió de esta manera: «Expresar todas aquellas cosas que las palabras no pueden decir y que se refugian en el corazón, clamando por salir de nosotros». La sublimación en la música de su complejo mundo interior resulta conmovedora.
Sinfonía no. 40: 1. mvt. (Mozart)
Wolfgang Amadeus Mozart la compuso durante el verano de 1788, fue un periodo de su vida creativo donde hizo tres sinfonías en tan solo unas semanas. Esta es la penúltima sinfonía del gran compositor, conocida como la gran sinfonía en sol menor para distinguirla de la pequeña, la número 25. Son las dos únicas obras en sol menor. Este simple hecho es motivo de intriga.
Sinfonía no. 5: 1. mvt. (Bethoveen)
Seguimos con el primer movimiento llamado allegro con brío de la quinta sinfonía de Bethoveen. Comenzó la composición en 1803 y la terminó en 1807. Para estas fechas Bethoveen padecía sordera; los síntomas empezaron en 1800, cuando el autor tenía 30 años. Tiempo después de su muerte, Anton Felix Schindler escribió: «El mismo compositor proporcionó la clave a estos profundos temas cuando un día, en la presencia del que escribe, señaló el principio del primer movimiento y expresó con estas palabras la idea fundamental de su trabajo: ¡Así el destino toca a la puerta!».
Serenade
Schubert vivió únicamente para el arte y para un pequeño círculo de amigos (Necrológica, Wiener.,A.,T. 1828). Por aquel entonces, sus obras se conocían en Viena, pero más de la mitad no se conocieron fuera de la ciudad hasta treinta años después de su muerte. Su movimiento rítmico en 3/4, la encantadora línea melódica, la sutil oscilación entre los modos mayor y menor, la perfecta conjunción entre texto y música la han convertido en una de las piezas favoritas de cantantes y público. Esperamos que vuestros oídos disfruten cada uno de los sonidos.
Obertura a ‘Orfeo en el infierno’
Para terminar, una maravillosa acrobacia de espontaneidad que no hace sombra a lo bello de la simpleza. Offenbach trabajó durante décadas con paciencia y pruebas para lograr lo que intuía que podía brindar esta obra en su máxima capacidad. Desde superar licencias y duras opiniones de la crítica que finalmente impulsaron la popularidad de la obra en 1858. En 1874, Offenbach amplió sustancialmente la pieza, duplicando la longitud de la partitura y convirtiendo la íntima ópera bouffonpe de 1858 en una ópera féerie extravaganza en cuatro actos, con importantes secuencias de ballet.

El Correo