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Esta semana hemos reunido en Finanza a Jon Uriarte y Jokin Aperribay. Los conocemos como presidentes del Athletic Club y de la Real Sociedad, pero los invitamos por otra razón: antes que presidentes, son empresarios. Han emprendido, han asumido riesgos, han negociado con bancos y han pagado nóminas. Es esa figura, la del empresario, la que desde Elkargi queremos valorar, porque detrás de cada empleo que se crea en nuestro territorio hay alguien que decidió asumir un riesgo.
Vivimos hoy en día una época de incertidumbre y desde la visión financiera de la compañía debemos conocer y estar al tanto de todo lo que sucede y de lo que no sucede para ayudar a garantizar que la empresa toma las decisiones objetivamente más adecuadas para garantizar el futuro y ayudar a lograr los objetivos planteados.
Para tomar decisiones objetivamente adecuadas, las más acertadas debemos partir de una base que supone tener datos fiables, quizá no perfectos, pero si suficientemente buenos y lo más rápido posible que nos ayuden a tomar esas decisiones.
En la era de la IA, debemos ser capaces de orientar a la dirección y a la propiedad en las capacidades financieras, además de pasar de tomar decisiones por intuición a tomar decisiones en base a datos. En Elkargi, decimos que dato mata a relato. Muchas veces invertimos tiempo en discusiones donde los datos brillan por su ausencia.
Y aquí queremos poner en valor la importancia de la cultura financiera, que cobra más sentido después de una buena y adecuada estrategia de negocio. Si no hay negocio, el ámbito financiero tiene poco recorrido, pero cualquier negocio, sin cultura financiera, no logra obtener el resultado más eficiente.
Por eso insistimos en algo que defendemos desde hace décadas: las finanzas no son intuición. Se aprenden, se practican y se mejoran. Conocemos a muchos empresarios brillantes que no terminan de entender sus propios números. No es un reproche, es una asignatura pendiente que hemos dejado demasiado tiempo en manos de la experiencia. Para contribuir con nuestro grano de arena, impulsamos nuestra Escuela de Finanzas: para que quien decide tenga las herramientas necesarias.
La cultura financiera tiene además una consecuencia muy práctica: abre puertas. Un financiador no respalda una idea; respalda un plan: supuestos razonables, un equilibrio sensato entre recursos propios y deuda, y una previsión de tesorería creíble.
Crecer al ritmo que permite el balance no es prudencia excesiva. Es lo que hace posible explicar después esas decisiones a socios, plantilla y entidades financieras. Muchos de los problemas que vemos en las pymes no vienen de proyectos malos, sino de proyectos buenos que crecieron más deprisa de lo que su estructura financiera podía soportar.
Nuestro compromiso es estar al lado del empresario en ambos frentes: formación para decidir mejor y financiación para hacer posible lo decidido. Porque una buena cultura financiera es lo que convierte un buen proyecto en un proyecto exitoso.
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