Jon Ansoleaga
Director general de BUILD:INN Basque Construction Cluster.
«Industrializar algún sector de actividad genera más certezas»
Expertos de la construcción debaten sobre la industrialización del sector como respuesta a las necesidades de mejora de calidad, precio y demanda

Convertir la construcción en industria es una necesidad para el sector. No sólo para lograr satisfacer una demanda de vivienda al alza y que está lejos de cubrirse con el parque inmobiliario actual, sino porque la calidad, los plazos y los precios son sustancialmente mejorables echando mano de esta construcción industrializada. Esto es lo que se desprende del coloquio ‘Construcción Industrializada, un reto a afrontar’, organizado por EL CORREO y en el que participaron Sebastián Waliño, director de contratación e innovación de Altuna y Uria; Fernando Larraza, socio de Precom; Begoña López, CEO y fundadora de Componentes y Unidades Ibos Arquitectura; y José Antonio Jiménez, responsable del departamento técnico y prescripción de Soudal. Jon Ansoleaga, director general de BUILD:INN Basque Construction Cluster, fue el encargado de moderar el debate.
«La construcción industrializada tiene que ser la que nos da la mejor calidad, las mejores prestaciones y al menor coste posible», describió Begoña López para dar comienzo al debate. Factores que pueden ser la respuesta para los diferentes retos que tiene el sector. «Es cierto que hay una alta demanda de necesidades de vivienda que hay que cubrir», afirmó Sebastián Waliño. Algo que, según Fernando Larraza, sólo será posible mediante una construcción que se base en lo que «la tecnología ya ha permitido en otros sectores. Así se podrán ofertar viviendas en cantidad, calidad, precio y plazo».
«Partimos de una construcción muy anquilosada, así que tenemos mucho margen de mejora», reconoció el director de Precom. «En la construcción tradicional se asumía que podía haber incertidumbre de precio y de plazos, ahora no. Tenemos unas garantías de calidades y ejecución máximas y con unos parámetros de sostenibilidad necesarios», coincidió Waliño. «Además que tienen que ser sostenibles a largo plazo, no sólo en el momento de su construcción», añadió Larraza.
En cuanto a cómo trasladar a un potencial comprador la importancia de la industrialización, los participantes destacaron que se debe ver un edificio como un producto. «Un usuario que va a comprar un coche, ¿qué prefiere? ¿Uno fabricado artesanalmente o uno realizado en la cadena de producción con todos los controles?», cuestionó Begoña López. «Le estamos dando un mejor producto al mismo precio, e incluso en el mejor de los casos, se lo daremos a un menor coste. Así que lo debería ver como algo positivo».
A este mejor precio, mejor producto y mejores plazos hay que añadirle también el tema de la sostenibilidad. «La construcción industrial ofrece bastantes beneficios en cuanto a eficiencia energética, sobre todo por estandarizar los procesos, que sean más sencillos y automáticos y estén más reglados. Son cosas que al final van a revertir en el consumidor de este tipo de viviendas», comentó José Antonio Jiménez.
Ante la pregunta de Ansoleaga sobre si hay mercado para la construcción industrializada también en el apartado de la rehabilitación, los ponentes lo tuvieron claro. «Creemos que es uno de los grandes nichos», aseveró el director de contratación de Altuna y Uria, quien explicó que precisamente cuentan con un proyecto en esta línea en colaboración con Precom, para la rehabilitación energética con elementos de madera modulares para renovación de fachadas de la forma más económica posible y con un impacto positivo en la vivienda.
«Hay un parque muy extenso, aunque no llegue a cubrir la demanda, y no podemos romper todo lo que existe. Hay un parque totalmente rehabilitable», comentó Larraza. De hecho, «hay un parque mucho mayor de rehabilitación que de obra nueva», añadió López. Aunque eso sí, son soluciones «más complejas». «Cada edificio tiene unas patologías diferentes según cómo haya envejecido por lo que hay que personalizar todo más», añadió. Algo que no quiere decir que en construcción industrializada todos los edificios sean iguales, «no es así».
Y un valor que aporta, además, es la rapidez. «Diseñando en fábrica y luego trasladándolo para la colocación te ahorras muchos plazos. A nadie le gusta tener 24 meses un andamio en su casa y de esta manera se puede hacer una rehabilitación en semanas», especificó Jiménez.
Además de las mejoras en cuanto a calidad, precio, plazos, etc. los participantes destacaron la importancia que tiene la construcción industrializada para el empleo. «Puede aportar mucho empleo y, además, de perfiles que no son habituales en la construcción tradicional», consideró Jiménez.
«Es un hecho irrefutable que el sector no tiene mano de obra y dentro de cinco años se jubila la última generación dedicada a la construcción convencional», consideró López. Por ello, crear la industria y conseguir introducir esos perfiles menos habituales es relativamente «fácil», además de que la industria es «mucho más estable que la construcción», y permite «exportar. A medida que seamos más competitivos podemos acceder al mercado internacional». «Es fundamental industrializar todo el proceso. Antes la construcción se entendía cada parte por separado y ahora somos conscientes de que hay que abordar todo unido y todos en la misma mesa», añadió Waliño.
Ansoleaga quiso saber también cómo afrontan la estrategia de digitalización, clave para un sector no muy dado a invertir en ello. «Optamos por innovación abierta», explicó el director de Contratación de Altuna y Uria. «Entendimos que era la mejor opción porque captamos talento de todo el tejido. Mantenemos una línea de inversión anual y que nos permite estar en contacto con ese tejido tan interesante que se está construyendo en torno a las nuevas tecnologías». «La digitalización es fundamental, le sacas rentabilidad en el minuto cero», aseveró López.
Pero, ¿cuáles son los grandes retos del sector? «El reto es convencer al cliente de que las viviendas se pueden construir de otra manera, más precisa, más sostenible y de mayor calidad sin ser más caras», reconoció Larraza. «Tenemos que hablar todos el mismo idioma».
Ansoleaga concluyó el coloquio queriendo saber cómo podían convencer al usuario final. «Es la mayor garantía de que su producto es lo más eficiente posible y comprometido con la sociedad, el empleo y el futuro. Además de mejorar el precio», resumió Sebastián Waliño. «El usuario sabe que tiene las mejores prestaciones posibles, calidad,... así que el cliente final cada vez va a pedirlo más», comentó Begoña López. «Apostar por la construcción industrializada es apostar por altos estándares de calidad, mejorar la ecososteniblidad y la seguridad de que va a tener un buen producto», aportó José Antonio Jiménez.
«La vivienda es la mayor inversión que va a realizar una familia en su vida, por lo que lo mejor es la construcción industrializada», sentenció Fernando Larraza.
Ayuda de las administraciones
Una de las claves para soportar los retos a los que se enfrenta el sector es contar con la colaboración de las administraciones, tal y como expusieron los participantes en el coloquio. «Son quienes tienen que liderar esto», recalcó López. «Tiene que haber un cambio normativo y financiero. Las fábricas no pueden cobrar a 180 días vista porque las ahogas», advirtió.
Y sin olvidar el factor de la sostenibilidad. «En torno al 40% de las emisiones son de la construcción. Una vez que estamos nosotros aportando algo, podrían decir '¡vamos a ayudarles un poco!'. Estamos traccionando que se construya mejor, más rápido y más... que ayuden», añadió Larraza.
A pesar de estos requerimientos, los ponentes reconocieron que en el País Vasco las administraciones son más proclives a buscar acuerdos que a nivel estatal. «Aquí hay una normativa más favorable, pero la problemática de la vivienda es un reto a largo plazo, no sirve solo una legislatura para arreglarlo», advirtió Ansoleaga.
«Yo creo que el primer reto que tenemos que conseguir es que se nos vea como industria, que lo somos. El reto es ese y seguimos dando pasos para hacerlo realidad», concluyó Waliño.

«Industrializar algún sector de actividad genera más certezas»
«Industrializar todo el proceso nos permite una actividad sostenible y de futuro»


«La construcción industrializada debe ser la que nos dé la mejor calidad, las mejores prestaciones y al menor coste»
«La construcción industrializada permite introducir mano de obra especializada sin distinción de género»


«La construcción industrializada mejora la accesibilidad del solicitante de vivienda»
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