Una cena de transición

Metro Moyua baja la persiana tras 24 años. El restaurante de Gran Vía reabrirá en verano con el sello de Bilbao Berria y un concepto culinario vanguardista

LUIS GÓMEZBILBAO.
Una cena de transición

Más que a despedida, sonó a un simple hasta luego. A un '¡Nos vemos pronto en el nuevo!' pero también a un quejoso 'Y ahora, ¿dónde vamos mañana?'. Metro Moyua, uno de los restaurantes emblemáticos de Bilbao, bajó el viernes la persiana, aunque en absoluto dice adiós. Hace un punto y seguido. El establecimiento fundado por el histórico hostelero Dionisio Lasa reabrirá el próximo verano en Ledesma -en el antiguo Matxinbenta-, con un concepto culinario vanguardista y la denominación Bilbao Berria.

A la cena de transición del pasado viernes se sumaron cerca de un centenar de comensales. «No hemos podido atender más peticiones», lamentó el maître José Antonio Ramos. Fue una noche de emociones, reencuentros, abrazos, apretones de manos, saludos, besos, buenos deseos y mucha fiesta.

Cundió la sensación de que casi todos los clientes andaban por el restaurante como por los pasillos de sus casas. Roberto de los Bueis y De la Kontxa, una pintora amante del expresionismo alemán, optaron, como de costumbre, por el picoteo en la barra. Si Metro se ganó buena fama por su cocina, la pareja alabó la «humanidad» de los empleados que les han atendido durante décadas. «Su amabilidad ha sido extraordinaria». Tampoco dejaron pasar la ocasión Joaquín Axpe, su mujer, Ángela Izarra, y la amiga de ambos, Ilu Aretxabaleta.

Siempre en la misma mesa

A sus espléndidos 90 años, daba gusto ver a Joaquín tirando de quisquillón, ensalada de abacanto y merluza en salsa verde con angulas. Su historia tiene miga. «Yo era amigo de Dionisio. Salíamos juntos a coger setas y a andar por el monte», recordó. Fueron invitados, hace 24 años, a la inauguración del Metro Moyua y desde entonces no han faltado un solo fin de semana. Alternaban. Un viernes cenaban en el Moyua y al siguiente en el Monterrey, el otro fogón de la casa. Siempre en la misma mesa. Y siempre los cuatro juntos, hasta la muerte de Mario de Esturo, el marido de Ilu. Así que no podían faltar al cierre. «Nos da mucha pena y tremenda nostalgia», subrayó Ángela. Axpe digirió la melancolía con un licorcito.

En la mesa contigua, Iñigo Madariaga, su mujer, Marisa Cheda, su hijo, Pablo, y su madre, Mercedes, dieron buena cuenta de unas alcachofas con una pinta extraordinaria, entrecots y paté. Producto de temporada y buena materia prima, el sello tradicional del Moyua. El viernes tocaba festejar también el decimoquinto cumpleaños del chaval, pero sólo fue una excusa. «Veníamos casi todos los fines de semana». Y rara es la vez que no se dejaban aconsejar por José Antonio Ramos. «Aquí siempre hemos comido lo que quería Jose (los Madariaga lo pronuncian sin acento). Esta gente es como de casa». Por aquello del trato familiar, a Mercedes se le escapó «una lagrimita».

Bastó un simple vistazo a las paredes del comedor para dar cuenta de lo contenta que quedaba siempre la gente. Parecieron pasto de un ejército de grafiteros del montón de dedicatorias que dejaron impresas. «Ha sido un placer compartir tantos buenos momentos con todos vosotros. Un besazo», escribió Inma. «Seguiremos igual de bien en el próximo local. Bsssss», subrayó Karmele. «Toda una vida.... Gracias», sintetizó Mercedes.

Entre tanta buena letra y los gin-tonics y copas de champán corriendo alegremente, los clientes convirtieron los salones en una fiesta que se prolongó hasta altas horas de la madrugada. Cocineros y camareros se sumaron al júbilo ataviados con bombines y gorros para acabar de la manera más elegante posible.

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