La Unión Europea responde a Artur Mas que la consulta es un asunto interno español

Rajoy acusa al presidente catalán de estar haciendo el «ridículo» y de haber perdido la «batalla» en la escena internacional

CRISTIAN REINOBARCELONA.
Artur Mas se ha marcado como objetivo obtener apoyo internacional para su consulta soberanista. /EFE/
Artur Mas se ha marcado como objetivo obtener apoyo internacional para su consulta soberanista. /EFE

Aunque la Generalitat insiste en que no espera un apoyo explícito a su proceso soberanista desde el ámbito exterior, al menos sí busca alguna pequeña grieta en el enrevesado mundo de la diplomacia internacional que pudiera servirle para presionar a Mariano Rajoy. De momento, este gesto ya sabe que no lo encontrará en la Comisión Europea, que ayer se desmarcó de la cuestión catalana, al afirmar que la situación de Cataluña y la consulta pertenecen al «debate nacional» de España y no de Bruselas.

«No es el papel de la Comisión Europea dar opiniones sobre los eventos políticos que están aconteciendo. La organización de un referendo es un asunto que pertenece al debate nacional español», es la respuesta que el presidente de la CE, el portugués José Manuel Durao Barroso, ha dado a la carta que Artur Mas le envió, junto a otros 26 líderes europeos, el pasado 20 de diciembre para recabar su apoyo a la consulta catalana.

Barroso no sólo rechaza en su escrito respaldar a Mas en su intención de celebrar una consulta sobre la independencia el próximo 9 de noviembre, sino que le recuerda una vez más, y remitiéndose a sus propias declaraciones anteriores, que un nuevo Estado independiente, por el hecho de alcanzar la emancipación, pasaría a convertirse en un tercer país con respecto a la UE y los tratados dejarían de ser aplicables en su territorio.

Una fría respuesta de seis líneas por parte de la Comisión Europea, como la que han dado los portavoces de dos de los grandes socios de la UE, Alemania y Reino Unido, que también recibieron la misiva de la Generalitat, pero ni siquiera han confirmado que vayan a dar una contestación al tratarse de un asunto interno español.

Diálogo dentro de la ley

Para el Gobierno central, las señales que están dando los diferentes países en relación a Cataluña son la prueba de que Artur Mas tiene «perdida la batalla internacional», según expresó Mariano Rajoy en la reunión de la junta directiva de su partido. El presidente del Gobierno considera que el presidente de la Generalitat está haciendo el «ridículo» con su intención de internacionalizar el proceso catalán y de llevar la causa de la consulta a la agenda exterior.

Un día después de que Mas situara la renuncia a la consulta como la línea roja que no está dispuesto a traspasar en el diálogo con Rajoy, el Gobierno central le replicó que está abierto a «hablar de todo, pero siempre dentro de la legalidad y de la Constitución». O lo que es lo mismo, el Ejecutivo central no se sentará a negociar un referéndum con Mas y hará todo lo que esté en su mano para evitar que se celebre. Nada nuevo en el discurso de La Moncloa, que envió ayer a Barcelona al ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, quien cuenta en Cataluña con el cartel de dialogante, a hacer campaña contra el independentismo.

Margallo limitó el diálogo con Mas a la reforma del modelo de financiación, rechazó el pacto fiscal, aunque con matices, ensalzó el pactismo tradicional de CiU, apeló al espíritu de la Transición para resolver el atolladero catalán y ante la plana mayor del empresariado barcelonés presente en el foro 'Barcelona Tribuna' recordó al presidente catalán que «pedir lo imposible es altamente peligroso». El ministro trató de convencer al mundo económico catalán de que el futuro de Cataluña y España si van unidas pasa por la UE. «Nuestra Ítaca son los Estados Unidos de Europa», dijo.

El jefe de la diplomacia subrayó que la independencia lleva al aislacionismo, que los países grandes son los que mejor hacen frente al fenómeno de la globalización, que «un mundo de estados enanos estaría dominado por las multinacionales», que una Cataluña independiente se encontraría con el problema de tener que refinanciar una deuda de 50.000 millones de euros, que sus relaciones comerciales se deteriorarían y, por tanto, pidió realismo y huir de órdagos que no llevan a ningún sitio y están planteados -subrayó- por quienes tienen un concepto de soberanía «caduco y digno de estar en el baúl de los recuerdos».

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