Toda una década de 'Land Art'

Lo que comenzó «como un juego», según su propulsor Félix Reyes, se ha convertido en una cita cultural a la que se espera cada verano con ansia En 2003 Santa Lucía de Ocón se volcó en ayudar a los cinco artistas riojanos, que ahora han repetido

F. DOMÍNGUEZSANTA LUCÍA DE OCÓN.
El minotauro de Cenzano parecía observar las espirales de Navaridas. /Rafael Lafuente/
El minotauro de Cenzano parecía observar las espirales de Navaridas. /Rafael Lafuente

Todo comenzó en el año 2003. El escultor canario afincado en La Rioja desde muchos años atrás, Félix Reyes, se había quedado prendado de una propuesta a la que le habían invitado a participar en Italia junto a otros artistas internacionales.

Así que se dijo, por qué no lo podemos intentar aquí. Dicho y hecho. Transmitió su idea a cinco amigos artistas como él y éstos aceptaron el envite y se pusieron manos a la obra. Como colaboradores imprescindibles contaron con los vecinos de Santa Lucía de Ocón, no en vano ellos debían poner a su disposición las fincas y hasta muchos de los materiales necesarios. En el apartado económico, la ayuda llegó a través de la Consejería de Cultura y la Fundación Caja Rioja.

Se trataba de hacer un homenaje a la tierra y para ello nada mejor que optar por el 'Land Art' , independientemente de que los participantes fuesen ajenos o no a esta tendencia del arte moderno. Así, aquel 9 de agosto de 2003, y según se relataba en El Correo, Demetrio Navaridas había elaborado sobre un rastrojo su obra 'Vueltas y vueltas', con la que según indicaba había tratado de «ensalzar la labor tradicional de la agricultura y reconocer el trabajo de los agricultores». Se trataba de tres grandes espirales labradas sobre el terreno que confluían en un círculo central.

Muy cerca de allí, Óscar Cenzano había creado una figura de un minotauro que arrastraba un gran manto de paja sujeto por una malla metálica. Tras de sí, iba dejando un rastro semejante al que dejan los hierros del arado. Lo llamó 'Instalaciones sobre paja', y con ello pretendía fusionar los conceptos de hombre, bestia y paja, en un proyecto que recreaba la recogida y traslado de la paja para su posterior utilización.

No muy lejos de allí, Carlos Rosales había dispuesto un altar. Ubicado estratégicamente entre dos encinas por cuya separación emergía la silueta de un monte cercano, explicaba que «el ara es lugar de ofrenda y sacrificio en el que entregar a la tierra lo que antes nos ha brindado». El artista había rellenado el ara del altar con panes ácimos, y con todo ello quería referirse a lo efímero de la existencia: «El campo es eterno, sigue aquí, pero nosotros no», explicaba en aquel momento.

También Juan Carlos Balanza se había visto inspirado por la fugacidad de la existencia, y para ello colocó «en una disposición que recuerda el orden de los cementerios», un total de 264 barras de pan rellenas de paja a lo largo de una finca de 1.300 metros cuadrados. Bajo la denominación 'Pan', la obra quería hablar de la mecánica de la muerte.

Aquella primera edición de 'Arte en la tierra', la completaba, al igual que la de este año 2013, Carmelo Argáiz, quien presentaba su obra 'Eleguás', un camino de 300 metros que separaba dos plataformas, una de ellas realizada con cemento sobre paja y la otra con cemento y piedras.

Arte efímero

De aquello, tal y como era el propósito de la propuesta, nada queda ya, es más, las obras fueron desapareciendo por los inexorables efectos meteorológicos y de la propia naturaleza. Los panes sucumbirían ante el buen apetito de aves y otros animales, y el resto se irían deteriorando hasta que las propias fincas, cedidas amablemente para su uso, volvieron a su ser, acoger las labores propias de los cultivos.

Otro tanto ha ocurrido con las obras instaladas los años siguientes, años en los que el certamen, además de consolidarse firmemente, se ha ido convirtiendo en internacional. Algunos artistas de talla mundial han tenido noticias de la existencia del evento y se han ido poniendo en contacto con Félix Reyes, y así han ido pasando creadores de Estados Unidos, Canadá, Argentina, Francia o México que, como no podía ser de otra manera, se han ido encantados de formar parte de su historia.

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