Reencuentro en Santa Lucía de Ocón

Los cinco artistas que empezaron con la propuesta de Reyes 'Arte en la tierra' vuelven a dejar su impronta

FELIX DOMÍNGUEZ
Demetrio Navaridas ante su obra 'Artificio', situada junto al paseo del pueblo./
Demetrio Navaridas ante su obra 'Artificio', situada junto al paseo del pueblo.

Si hay alguna forma mejor de celebrar el aniversario de una iniciativa que arrancó con la participación cómplice de seis amigos y colegas de profesión que el volver a juntarse debió de preguntarse el escultor Félix Reyes cuando, tras concluir la pasada edición de 'Arte en la tierra' se percató de que en 2013 se iban a cumplir los diez años de la puesta en marcha de este acontecimiento cultural estival en Santa Lucía de Ocón, su lugar de residencia.

Como quiera que aquellos cinco amigos, a saber: Carmelo Argáiz, José Carlos Balanza, Óscar Cenzano, Demetrio Navaridas y Carlos Rosales, compartían el mismo criterio, la edición de este año ha sido como un reencuentro. Así sobre los campos de esta pequeña localidad del Valle de Ocón y en una bajera de la vivienda de Reyes, desde ayer se pueden ver las creaciones de estos artistas riojanos de primer orden.

Todos ellos, según confesaban ayer mismo, han tenido en cuenta a la hora de plasmar sus creaciones, la obra que aquel mes de agosto de 2003 hicieron para inaugurar el serial. Rosales, que se tostaba al implacable sol mientras daba los últimos toques de color dorado a su obra, recordaba que aquel año él se inspiró en la obra del escritor alemán Karl Philipp Moritz «que tenía una frase que me parece muy bonita, decía: 'esta colina era su altar y la naturaleza entera era su templo'», lo cual le llevó a montar un altar con su ara con fardos de paja.

Ahora le ha llevado reflexionar sobre el tiempo que ha pasado desde entonces y «retomé la idea de lo sagrado de la naturaleza, de la vida, y quería encontrar una colina con un árbol seco y convertirlo en monumento». Como quiera que tras recorrer todo el término no encontró lo que buscaba, «nos trajimos un almendro muerto» el cual ha instalado en el centro de un círculo y «para dignificarlo, ya que no tiene sentido colocarlo en pie, lo he dejado tumbado, pero lo he pintado, con lo que creo he pintado sobre la naturaleza». Para el nombre de la obra también se ha remontado al 2003 y si aquella obra se llamó 'Ara', este se denomina 'Oro'.

Próxima a ésta se encuentra la creación de Oscar Cenzano, justo en la pequeña chopera de la ermita. Según el autor la obra 'Danza de luz y viento' «es fácil de comprender» y explica que se trata de unas cúpulas «que están rematadas con unos torsos de mujer». Dos de ellas son de paja y «se convierten en dos diosas que están ofertando a la naturaleza lo que ella nos ha dado, la tercera, que es más colorista, está agradeciendo a la naturaleza lo que ella nos aporta: la luz, el calor, el agua..., y por eso tiene una especie de anemómetro que el viento mueve». Ademas de los efectos de la luz natural, en el suelo «he hecho una proyección de la sombra de las bóvedas y una especie de bajorrelieve con los productos que nos da la tierra».

Traspasada la chopera, el espectador se encuentra con el trabajo que ha dejado sobre un rastrojo José Carlos Balanza. Él lo denomina dibujo, aunque reconozca que «es en realidad una escultura porque es tridimensional», pero afirma que le gusta más la idea de dibujo porque «pretendo relacionar tres elementos que había en la chopera, tres troncos caídos de chopo, que los hemos plantado aquí en el rastrojo y a partir de ahí, es ver cómo establezco una relación entre ellos a través de líneas, de dibujos», es por ello que lo ha llamado 'Dibujo de... centímetros'.

Dentro del pueblo

Ya dentro del pueblo y en una de las huertas que se pueden contemplar desde la barandilla del paseo, Demetrio Navaridas ha creado la obra 'Artificio', «en la acepción de conocimiento y capacidad de desarrollar un arte, en este caso del arte de la agricultura». Al mismo tiempo con este título dice querer hacer «un homenaje ala diosa Demeter, la diosa de la naturaleza, de la fecundidad, de la fertilidad y por ende a todos aquellos agricultores que hoy mantienen el mito de Demeter de alguna forma».

La única que está en un local cerrado es la obra de Carmelo Argáiz, ya que él quiso que fuera «una exposición, 'Flora silvestre Asphodelus', porque me apetecía algo más intimista, así que he decidido integrar la figura humana y el paisaje. Son fotos sobre flora silvestre, unos fotomontajes que enmarcan el paisaje y la figura a escala, las personas que ven las fotos las ven como si fueran esos personajes».

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