Blas de Otero, «un ser fieramente libre»

Sabina de la Cruz, viuda y albacea del poeta bilbaíno, presenta su obra completa actualizada en un volumen de casi 1.300 páginas

MIGUEL LORENCIMADRID.
Sabina de la Cruz ante un retrato de Blas de Otero. /E.C./
Sabina de la Cruz ante un retrato de Blas de Otero. /E.C.

«La poesía era para él un ser vivo y hasta el último día estuvo pendiente de su respiración». Así resume Sabina de la Cruz la aventura vital y poética de Blas de Otero (Bilbao, 1916-Madrid, 1979). Viuda y albacea del poeta, privilegiada conocedora de su obra, define al autor de 'Ángel fieramente humano' como «un ser fieramente libre». Vivió con él «muy intensamente» los últimos once años del singular poeta que reclamó la paz y la palabra.

De la Cruz ha dedicado un lustro a llevar a buen puerto el desafío de fijar y publicar la obra completa del escritor entre 1935 y 1977. Poesía y vida concentradas en un «necesario volumen» de casi mil trescientas páginas que publica Galaxia Gutenberg y en el que ha trabajado con Mario Hernández, experto editor de García Lorca. Doctora en Filología y profesora, ya dedicó a Otero una tesis doctoral con dos volúmenes de más de dos mil páginas. «No soy la viuda de un poeta, soy una profesora que ha cuidado la obra del poeta», acota.

Al fajarse con la obra completa tuvo la sensación de enfrentarse a un iceberg. Creía conocer al dedillo la poesía de Otero, pero pronto comprendió cuánto quedaba por emerger. Es la depositaria de los papeles y la última voluntad de Blas de Otero, pero a medida que abría carpetas tras su muerte -«en vida nunca abrí ninguna sin que él me la diera»- encontró un sinfín de versos, notas, escritos y apuntes de los que jamás habló con él.

«Nunca me habló de los poemas chinos, y utilizaba las antologías para torear a la censura que cercenaba su obra», explica Sabina. Otero colocaba «de matute» puñados de versos y poemas en las reediciones antológicas, «con las que la censura era mucho más benévola». Cuenta en verso Blas de Otero que quemó o arrojó a la basura todos sus poemas, pero lo cierto es «que lo guardaba todo». Es verdad que, en un arrebato, en 1944 «bajó a la calle y rompió todos sus versos, pero es ahí donde supo que quería dedicar su vida a la poesía, convertirse en un poeta pleno». «Aquí está todo lo que Blas autorizó con alguna señal. Tengo la conciencia muy tranquila y no he hecho nada que él no hubiera hecho», se ufana su mujer, capaz de distinguir la tipografía «de todas las máquinas de escribir que Blas utilizó a lo largo de su vida».

De la Cruz evoca también «la integridad de su visión moral del mundo». «Nunca se engañó con nada ni con nadie. Ni cuando era comunista con Cuba. Tuvo un inmenso cariño al pueblo cubano, pero no se sometía a las doctrinas. Jamás conocí a nadie tan libre como él», insiste. «Quien diga que se plegó a una doctrina miente. Para él no hubo jamás consigas ni sometimientos. Le preocupaba el pueblo, sus necesidades, la paz y la libertad».

Con 83 años, Sabina afronta también un reto emocional. Tras su primer noviazgo y un alejamiento de cinco años «reencontré a alguien totalmente distinto y no nos separamos hasta su muerte». «Sufrió mucho con las depresiones que lo sumían en unos silencios insondables que aprendí a respetar, pero no fue un ser torturado o amargado».