Ordenadores para vivir

JUAN VARELA

Somos datos. Siempre lo hemos sido, pero nunca ha sido tan fácil utilizar nuestros datos personales para tomar decisiones, controlar nuestro estado (físico, mental o emocional) y relacionarnos con otras personas con las que compartimos intereses, situación o estadísticas. Una nueva generación de ordenadores pensados para llevar puestos ('wearable computing') convierte la esforzada existencia humana en un proceso de datos conectados con sistemas y personas, y nos guía con la realidad aumentada. Las gafas de Google son el más comentado de estos aparatos, pero aplicaciones móviles, GPS inteligentes y mecanismos que mezclan el viejo podómetro con datos biométricos, alimenticios o la calidad del sueño se extienden en las zapatillas y los brazos de los deportistas, pero también en los bolsillos de gente que usa datos en su vida cotidiana para controlar su salud e intentar vivir mejor. La ciencia ficción y unos cuantos visionarios nos animaron a convertirnos en 'ciborgs', organismos mejorados por dispositivos cibernéticos. Pero las prótesis de silicio, metal y plástico no son para tímidos. Llegó el móvil inteligente y todo cambió. El 'smartphone' nos convierte en 'ciborgs' cotidianos sin el terrible aspecto de los híbridos entre humano y androide.

La hiperconectividad, el 'cloud computing' y las visualizaciones de datos que facilitan su interpretación a los profanos son el éxito de chismes como Fitbit, Jawbone Up o Nike+. Apple prepara ya un reloj inteligente que supere a los ya existentes como el iPhone hizo con el móvil.

Muchos definen a los ordenadores para llevar puestos como el nuevo estadio de la tecnología. Las viejas herramientas soñadas por los pioneros Charles Babbage o Alan Turing como máquinas para ayudar a la inteligencia son ahora aparatos para vivir más y mejor, el mayor objetivo de cualquier especie. Somos 'ciborg' sentimentales. Nada como las computadoras para vestir, para cuidarnos, estar siempre conectados y no perdernos nada de lo que pasa mientras hacemos otra cosa. ¿Pasaremos dentro de unos años el test que Turing diseñó para distinguir un humano de una máquina?