Cuando la competición es lo de menos

Un vecino de Trapagaran participará este sábado en el Bilbao Triathlon para proclamar que los afectados por el mal de Huntington no están solos

SILVIA OSORIOBARAKALDO.
Alberto Blánquez ha dedicado ocho meses a preparar la prueba. ::
                         PEDRO URRESTI/
Alberto Blánquez ha dedicado ocho meses a preparar la prueba. :: PEDRO URRESTI

No importa que no tenga experiencia en competiciones deportivas de primer nivel ni mucho menos qué puesto alcanzará en la clasificación final. Tampoco que hace apenas un año no sabía nadar. Su mejor marca será dar a conocer la enfermedad de Huntington -también conocida antiguamente como baile de San Vito- y proclamar que los afectados por esta dolencia no están solos. Alberto Blánquez, un vecino de Trapagaran, se atreverá este sábado a lanzarse a la ría de Bilbao y dar brazadas por una buena causa, además de calzarse las zapatillas para recorrer 21 kilómetros a pie y encarar una dura escalada a golpe de pedal como la del Vivero, con desniveles de un 12%.

Este vizcaíno, psicoterapeuta de profesión, sólo es un apasionado del deporte que quiere aportar su granito de arena aprovechando el tirón de una competición tan potente y que cada año cuenta con más repercusión como es la Bilbao Triathlon. El joven amateur participará por primera vez en esta prueba con la única meta de difundir la existencia de la Asociación Huntington Norte y apoyar a quienes sufren este síndrome genético hereditario que causa trastornos neuropsiquiátricos y una degeneración neuronal progresiva que se alarga hasta el final de la vida.

Su maillot de color negro, naranja y gris -«bien llamativo para que se vea»-, con el símbolo mundial de la enfermedad y el nombre del colectivo, se mezclará entre más de 700 atletas que participarán en la carrera. La solidaridad llamó a su puerta cuando a una de sus amigas de su círculo más íntimo le diagnosticaron la enfermedad, y su caso le enterneció tanto que no dudó en tratar de ayudar a mejorar la calidad de vida de los afectados y enrolarse en este reto solidario. «Lo que más me preocupó fue que mucha gente que padece la enfermedad no sabe que hay un lugar al que puede ir y compartir vivencias con otros afectados. Que sepan que no están desamparados», señala Blánquez.

«No sabía nadar»

La máxima de 'lo importante es participar' cobrará, por tanto, más relevancia que nunca. Su objetivo es ser 'finisher'. Este tipo de competiciones duran varias horas y son muchos los participantes que no aguantan el tipo hasta el final. Él se conforma con no rendirse y tocar meta. Cuantas más horas esté sobre la carretera, más tiempo tendrá para llevar el nombre de la asociación por todo 'El botxo'. «El último puesto sería magnífico. Aquí no valen los objetivos competitivos. Sólo quiero hacerla, disfrutarla y terminarla», afirma.

A sus 31 años, el joven afronta un reto que requiere una gran preparación. Lleva cerca de 8 meses entrenando a destajo en los momentos en los que sus quehaceres laborales le brindan un rato libre. Es decir, antes y después de trabajar. Sin embargo, el primer paso fue aprender a nadar. Mientras que en la bicicleta de montaña y la carrera a pie tiene experiencia y las domina, la natación nunca ha sido su fuerte. Por eso, tuvo que atreverse a tirarse al agua. «Ha sido un proceso largo y costoso. Al principio, hacía un largo y paraba. Con el paso de los meses y con práctica, mucho mejor», explica. Eso sí, por muchos largos que haya nadado en la piscina, de ahí a lanzarse ría abajo hay un buen trecho. «Es lo que más respeto me da y lo más novedoso. No es mar abierto pero impresiona igualmente», añade.

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