El saharaui de Las Llanas

Nacido en un campamento de refugiados hace 22 años, Sidahme Sidati 'Silas' es el jugador de mayor proyección del Sestao

JAVIER ORTIZ DE LAZCANO JORTIZDELAZCANO@ELCORREO.COMBILBAO.
Sidahme Sidati 'Silas', sentado sobre el banquillo local del campo de Las Llanas de Sestao. ::                         FERNANDO GÓMEZ/
Sidahme Sidati 'Silas', sentado sobre el banquillo local del campo de Las Llanas de Sestao. :: FERNANDO GÓMEZ

No hay nada mejor para resumir la tragedia del pueblo saharaui que escuchar a Sidahme Sidati, 'Silas', el jugador más prometedor del Sestao, narrar la forma en la que sus padres y abuelos abandonaron Dajla, la antigua Villa Cisneros, la segunda ciudad del país en 1976. «Huyeron miles de personas. Entre ellos, mis abuelos con mis padres, que eran niños. El Ejército marroquí les pisaba los talones y les atacaban con bombas de fosfato blanco». Les esperaban los campamentos de refugiados situados junto a la ciudad de Tinduf, en el sur de Argelia, en donde se agolpan varias decenas de miles de personas.

Esta huida ha marcado la vida de tres generaciones, la de sus abuelos, la de sus padres, que tenían 12 y 5 años entonces, y la de los cuatro hijos que nacieron en ese lugar que 'Silas' (el mayor) describe como «un sitio en mitad de la nada».

Ajeno a la tragedia que llevaba su pueblo a cuestas, evoca su infancia como un momento feliz. «Era un refugiado, pero el recuerdo que tengo de aquellos tiempos es magnífico. Los campos de fútbol los marcábamos con piedrecitas y jugábamos descalzos, pero éramos felices». De ese pasado le queda una ventaja sobre sus compañeros. Es el jugador del Sestao con menos problemas de callos.

A los diez años, la suerte le salió al paso. Una familia de Torrelavega le acogió en verano. La relación fue tan intensa que tomaron una decisión capital para su porvenir. Pedir a sus padres que le dejaran vivir con ellos en Cantabria para que pudiera estudiar. «Me llevé un disgusto enorme. Lo único que quería era volver a Tinduf».

Sin embargo, se quedó. A los dos años llegaron sus padres y sus tres hermanos, que se afincaron en Bilbao. Unos meses después aterrizó una de sus abuelas, que se fue a Llodio. 'Silas' vive con ella.

Su carrera como jugador comenzó en la Gimnástica de Torrelavega. Cuando sus padres llegaron a Bilbao firmó por el Indartsu. De ahí saltó al Laudio y, desde este equipo, al Sestao, con el que esta campaña se estrena y en el que se ha convertido en una de sus piezas básicas. De hecho, tal y como adelantó este periódico, equipos de Primera como el Athletic y el Zaragoza han comenzado a seguir con atención sus evoluciones.

'Silas' no tiene urgencia por ascender a la élite. «Está bien que hablen de uno. Anima y motiva, pero estoy concentrado en mi trabajo en el Sestao. ¿El Athletic? Desde luego que sería un sueño llegar hasta ahí porque desde niño he mamado el Athletic y el fútbol vasco. Tengo firmado un año con opción a otro y tengo claro lo que quiero: aprender lo más posible y salvar la categoría. Lo que tenga que pasar, pasará...»

El efecto negativo de su salto al Sestao ha sido que ha tenido que abandonar sus estudios de Farmacia, carrera en la que ha cursado dos años. «Los entrenamientos no me dejan tiempo», lamenta. Eso sí, no optó por una solución arriesgada como la de jugarse todo su porvenir al fútbol. Se ha matriculado en un ciclo superior de Administración y Finanzas.

El extremo mantiene una relación muy intensa con los campamentos de Tinduf. Va allí cada verano para disfrutar con su familia y los amigos. Es el futbolista de origen saharaui que juega en una división más alta del fútbol español. «Como no tenemos ni Liga ni selección reconocida, nuestros buenos jugadores, que los tenemos, no pueden desarrollarse».

El fútbol es el deporte rey entre los refugiados de Tinduf, pero 'Silas' está lejos de ser visto como una estrella. «Allí la gente es del Barcelona o del Madrid. Hay algunos del Athletic porque hay chicos que vienen aquí en verano. Una categoría como la Segunda B no la sigue nadie».

«Pensé en volver»

En su condición de figura visible del pueblo saharaui en Euskadi, 'Silas' defiende su causa. Lo hace con la vehemencia de quien no tiene dudas. Piensa que va por el camino correcto, que tiene el argumento bueno y que la historia les dará la razón. «Entre los saharauis nuestro gran deseo es recuperar nuestra tierra». Él nunca ha pisado la ciudad natal de sus padres y de sus abuelos, al sur del país. Allí tiene dos tías que no pudieron huir ante la invasión marroquí y a las que no conoce. Un desgarro muy doloroso para alguien que como él da gran importancia al núcleo familiar.

Desde hace veinte años, cuando se firmó el alto el fuego, el Frente Polisario entiende que el camino hacia la resolución del conflicto es el diálogo con Marruecos y la intervención de la comunidad internacional. Pero 'Silas' y los amigos que dejó en Tinduf son jóvenes y, por tanto, impacientes. «La gente de mi generación está harta y ve que la tregua no ha servido para nada. Son muchos los que entienden que hay que volver a las armas».

Dos años atrás, el conflicto se recrudeció cuando ciudadanos saharauis de El Aaiun se enfrentaron al Ejército marroquí. A 'Silas' aquel estallido le hizo hervir la sangre. «Estuve pensando en volver para ayudar en lo que pudiera».

Se quedó, sin embargo, en Bilbao. El brillo vuelve a sus ojos cuando habla de su aportación a la lucha de sus compatriotas. «Siempre que puedo participo en manifestaciones y conferencias. Es esencial que demos a conocer nuestra lucha».